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Desencanto generalizado: cae con fuerza el interés por la política en Uruguay

La encuesta de Equipos Consultores revela que el interés por la política en Uruguay cae drásticamente. Más del 60% declara poco o nulo compromiso.

por Federica ContiFederica Conti
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Poco interés por la política en Uruguay encuesta

El divorcio entre la calle y el despacho

El tradicional «Uruguay político», ese que se jactaba de tener una ciudadanía híper involucrada en los asuntos del Estado, parece estar pasando a los libros de historia. Según el último relevamiento de Equipos Consultores, el interés por la política en Uruguay atraviesa un momento de apatía profunda, con más del 60% de la población admitiendo que el tema le importa «poco» o directamente «nada». Esta cifra no es solo un dato estadístico; es un síntoma de un país que, pasada la efervescencia electoral de 2024, se ha llamado a silencio frente a los discursos de barricada.

La encuesta revela que el 34% de los uruguayos siente un desapego parcial, mientras que un 30% confiesa un desinterés absoluto. Solo un tercio de la población mantiene la llama encendida, repartiéndose entre un 22% al que le interesa «bastante» y un escaso 13% que se declara «muy interesado». El panorama del interés político Uruguay se vuelve aún más sombrío cuando se analizan las brechas generacionales y sociales, desnudando que la política se ha convertido, cada vez más, en un asunto de élites y de personas mayores.

La brecha de clase como motor del desinterés

Uno de los puntos más críticos del informe es el contraste según el nivel socioeconómico. En los sectores de ingresos altos y medio-altos, el debate político Uruguayllega al 50%, una cifra que duplica la atención que le prestan los sectores más vulnerables. En el estrato bajo, apenas un 18% manifiesta interés, mientras que casi la mitad de los encuestados (47%) asegura que la política le resulta totalmente indiferente. Esto sugiere que, para quienes luchan por llegar a fin de mes, el debate parlamentario es un ruido de fondo que no soluciona sus problemas inmediatos.

Esta desconexión plantea un desafío democrático mayúsculo. Si la actualidad política Uruguay queda reservado para quienes tienen sus necesidades básicas cubiertas, el sistema corre el riesgo de volverse endogámico y sordo a las urgencias de la periferia. La política, en lugar de ser una herramienta de cambio para los que menos tienen, es percibida por ellos como un juego de palabras ajeno y estéril. No se trata solo de falta de información, sino de un sentimiento de exclusión que se traduce en silencio y ausencia.

El factor edad y la herencia del desencanto

A medida que la edad avanza, el compromiso con la cosa pública parece fortalecerse, pero no por una renovación de esperanzas, sino quizás por la inercia de una generación que creció en un Uruguay diferente. Entre los mayores de 65 años, el interés alcanza el 39%, mientras que en los jóvenes de 18 a 29 años la cifra cae estrepitosamente al 27%. La juventud uruguaya parece no encontrar en las estructuras partidarias tradicionales un espacio que los represente, lo que debilita el interés por la política en Uruguay de cara al futuro.

Si miramos hacia atrás, el informe de Equipos recuerda que el desinterés tuvo picos históricos durante la crisis de 2002 y el segundo gobierno de Tabaré Vázquez, marcado por el escándalo de Raúl Sendic. La participación ciudadana Uruguay suele verse afectado por el «clima de desencanto» que generan las promesas incumplidas y los deslices éticos. Aunque hoy no estamos en un mínimo histórico como en 2017, la caída respecto al año pasado es evidente y refleja una «resaca electoral» que ha dejado a la ciudadanía exhausta.

¿Cambio de hábitos o desidia institucional?

Parte del análisis sugiere que la forma de relacionarse con la actividad pública está mutando. El bajo interés por la política en Uruguay captado por las encuestas telefónicas y presenciales podría esconder nuevas formas de participación digital o causas sociales específicas que no pasan por los partidos. Sin embargo, para el sistema institucional, esta distancia es una señal de alerta roja. La política nacional parece haber perdido su capacidad de seducción, quedando estancada en lógicas de confrontación que aburren a un electorado cada vez más pragmático.

El estudio, realizado a lo largo de 2025, confirma que la política ya no es el gran tema de conversación en el asado del domingo. El interés por la política en Uruguay se ha vuelto intermitente, dependiente de plebiscitos o crisis agudas para despertar de su letargo. Sin una renovación real en la agenda que toque la fibra de los sectores más jóvenes y de los más pobres, la tendencia hacia la apatía parece ser el camino inevitable de un sistema que habla mucho de sí mismo y poco de la gente.

¿Estamos ante una transformación natural de la participación ciudadana o frente al principio del fin del Uruguay como el país más politizado de América Latina?

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