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Montevideo bajo la lupa por una deuda millonaria
La gestión de los residuos sólidos urbanos se ha convertido en el principal dolor de cabeza para el intendente Mario Bergara, quien ahora intenta una maniobra que su antecesora, Carolina Cosse, no logró concretar con éxito. El jerarca comunal ha decidido enviar a la Junta Departamental un pedido para obtener unos US$ 60 millones por vía extrapresupuestal, ya sea mediante un préstamo directo o la creación de un fideicomiso. Esta inyección de capital se sumaría a los ya abultados US$ 560 millones que la Intendencia de Montevideo (IMM) tiene previsto gastar en el área de limpieza durante el quinquenio, lo que evidencia que los recursos actuales son insuficientes para tapar el agujero de la ineficiencia.
Para que esta iniciativa prospere, el Jefe comunal se enfrenta a un desafío político mayúsculo: obtener una mayoría especial de 21 votos. Actualmente, el Frente Amplio cuenta con 17 ediles, por lo que necesita captar el apoyo de al menos cuatro legisladores de la oposición. La mirada está puesta sobre tres ediles blancos de la Lista 22 y el colorado Federico Paganini, quienes ya han mostrado cierta apertura en votaciones anteriores, pero que en este caso enfrentan una presión social enorme para no «firmar un cheque en blanco» a una administración que todavía no ha mostrado resultados tangibles en las calles.
El ambicioso y cuestionado plan de contenedores intradomiciliarios
La piedra angular de la estrategia que impulsa el intendente Mario Bergara, junto al director de Desarrollo Ambiental, Leonardo Herou, es la eliminación progresiva de los contenedores de la vía pública. La meta es que para el año 2030 se haya retirado la mitad de los recipientes que hoy vemos en las veredas, sustituyéndolos por contenedores individuales dentro de cada hogar. Según las autoridades, esto evitaría el vandalismo y que la basura quede desparramada afuera por hurgadores, pero los vecinos de barrios como Bella Italia ya han manifestado sus dudas sobre la viabilidad de tener los residuos dentro de sus predios.
Este cambio de paradigma requiere una logística que la IMM hoy no posee. Con los US$ 60 millones adicionales, la autoridad departamental pretende modernizar la flota de recolección y garantizar la vida útil del Relleno Sanitario Felipe Cardoso, que se encuentra al límite de su capacidad. Además, se busca fortalecer el sistema de «ecocultores» y compostaje doméstico, apuntando a que 50 mil hogares cuenten con composteras para 2027. Es un plan que suena bien en los papeles, pero que en la práctica diaria de un Montevideo que amanece cada día con basura acumulada, parece una utopía costosa.
La herencia de la suciedad y la falta de acuerdos
Es imposible no recordar que el intendente Mario Bergara hereda un sistema que colapsó en reiteradas oportunidades. La apuesta a los préstamos internacionales parece ser la única salida que encuentra la comuna para no admitir que el presupuesto ordinario se diluye en salarios y contratos directos de asesores, puntos que la oposición no ha dejado de criticar. El destino de los fondos extras también incluiría la extensión del programa de motocarros y la instalación de papeleras en todas las avenidas, medidas que muchos consideran «parches» ante un problema estructural de falta de fiscalización y mala gestión de rutas de recolección.
Para el ciudadano que paga la Tasa General Departamental, la pregunta es por qué se necesita más dinero si ya se destinan cifras astronómicas anualmente. El intendente Mario Bergara argumenta que la transformación hacia un modelo «puerta a puerta» es la única forma de tener una ciudad limpia de manera sostenible. Sin embargo, si no se logra el acuerdo en la Junta, el plan quedará reducido a una mínima expresión, limitándose a unas pocas cooperativas y complejos de vivienda, lo que dejaría a la mayoría de los montevideanos conviviendo con el mismo sistema obsoleto de siempre.
El riesgo de un nuevo fracaso político y ambiental
Si el intendente Mario Bergara no consigue los votos, el costo político será altísimo. No solo quedaría expuesto ante una capital que no deja de quejarse por el olor y la mugre, sino que también vería limitada su capacidad de maniobra para el resto del período. La oposición, por su parte, juega sus cartas sabiendo que aprobar una deuda que trasciende este gobierno es hipotecar las administraciones futuras. El diálogo está abierto, pero las exigencias de mayor transparencia en el gasto de los asesores y una mejora inmediata en el barrido manual son condiciones que el oficialismo deberá digerir si quiere ver los dólares en la caja.
Mientras tanto, los barrios periféricos siguen esperando soluciones que no lleguen solo en época de campaña o cuando el descontento vecinal explota en reuniones comunitarias. El intendente Mario Bergara tiene sobre sus hombros la responsabilidad de convencer a propios y ajenos de que esta vez el dinero no se irá «en saco roto». La limpieza de Montevideo no es solo una cuestión de contenedores más lindos o camiones nuevos; es un tema de salud pública y dignidad urbana que parece haberle quedado grande a la clase política durante décadas.
¿Es ético seguir pidiendo préstamos millonarios para la basura cuando los contribuyentes ya pagan uno de los presupuestos municipales más altos de la región sin ver mejoras reales?
