El fracaso del Estado: la inseguridad en Malvín Norte no da tregua
Vivir en la capital uruguaya se ha convertido en una ruleta rusa, y la inseguridad en Malvín Norte es el ejemplo más crudo de un Estado que decidió rendirse ante la delincuencia. Los vecinos de esta zona ya no saben lo que es caminar tranquilos; su rutina está dictada por el toque de queda no oficial que imponen los narcos al caer el sol.
Esta semana, la indignación rebasó el vaso. Hartos de convivir con las balaceras diarias, los robos violentos y el descaro de los criminales armados hasta los dientes, los residentes se plantaron frente a las autoridades. Lo que piden no es un favor, es su derecho básico: poder salir a la calle sin que les metan un tiro por un celular.
La reunión del pasado 5 de marzo con Víctor Abal, el director de Convivencia y Seguridad Ciudadana, pareció una tomada de pelo. Mientras los burócratas hablan de «convivencia» desde sus despachos climatizados, la gente en los barrios tiene que esquivar balas. “Todos los días hay armas, todos los días hay tiroteos”, le gritaron en la cara al funcionario.
Un barrio en guerra y un sistema de emergencias colapsado
El relato de quienes habitan el lugar pone los pelos de punta. Persecuciones en moto a plena luz del día, vehículos robados que terminan en choques brutales y un servicio 911 que, cuando se lo necesita de urgencia, responde con demoras escandalosas por «falta de móviles.
Los datos recientes son de terror. El 1° de marzo, un grupo de delincuentes atacó a pedradas a una patrulla de la Guardia Republicana, dejando a dos efectivos lesionados. ¿En qué país serio los criminales corren a las fuerzas de choque? El 3 de marzo, la locura subió de nivel: 16 vainas de una pistola calibre 9 milímetros terminaron incrustadas en la fachada de una vivienda tras un enfrentamiento.
Esta violencia armada sostenida ha obligado a la policía a utilizar munición no letal para intentar contener una situación que hace rato se les fue de las manos.
La herencia de la derecha y la inoperancia de la izquierda
Acá es donde hay que sacarse las caretas y repartir las culpas a todo el espectro político, porque nadie se salva. El actual jerarca del Ministerio del Interior, Carlos Negro, asumió en marzo de 2025 prometiendo bajar los índices delictivos. Un año después, su gestión hace agua por todos lados. Las declaraciones oficiales celebrando «mejores resultados» son una falta de respeto para el trabajador que llega a su casa temblando.
Pero ojo, no nos comamos el cuento de que esto empezó ayer. La coalición que gobernó antes (con Lacalle Pou a la cabeza) se llenó la boca gritando que «se había acabado el recreo. Ganaron las elecciones prometiendo barrer a los narcos y se fueron dejando un país donde los tiroteos en Montevideo se volvieron moneda corriente.
La inoperancia progresista actual, que sigue viendo al delincuente como una «víctima de la sociedad», es tan culpable como la ineficiencia del gobierno liberal anterior que no supo (o no quiso) desmantelar el poder territorial de las bandas. Mientras los políticos de ambos bandos se tiran las cifras por la cabeza en el Parlamento, el ciudadano común pone los muertos.
Lo que exige la gente: mano dura y menos discursos
Ante este panorama desolador, la paciencia se esfumó. Los vecinos exigen mano dura. No quieren más mesas de diálogo, ni talleres de integración, ni «monitoreos adicionales» que no sirven para nada.
Están pidiendo a gritos una saturación policial permanente, un patrullaje nocturno agresivo que recupere el territorio y tecnología de vigilancia que funcione en serio. Quieren penas ejemplares, que el delincuente que porta un arma de fuego ilegal se pudra en la cárcel y no salga a los dos meses por buena conducta.
El límite de la paciencia ante la inseguridad en Malvín Norte
El Estado tiene la obligación indelegable de usar la fuerza legítima para aplastar a las mafias. No se trata de parches temporales para calmar a los noticieros; se trata de una ofensiva total contra el crimen organizado que hoy domina las calles de nuestra ciudad.
La casta política tiene que entender que el tiempo de las excusas baratas se terminó. O toman la decisión política de limpiar los barrios, o se hacen cargo de la sangre derramada. Los uruguayos merecemos vivir en paz, y erradicar de raíz la inseguridad en Malvín Norte debe ser el primer paso innegociable para demostrar que en este país todavía manda la ley, y no los narcos.
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