Inquietante confesión de un uruguayo: «Los odiaba», dijo el asesino de familia en Canelones
El pequeño pueblo de 18 de Mayo, en Canelones, no sale del asombro tras la conclusión judicial del triple homicidio familiar: el hombre de 27 años responsable de los crímenes fue declarado inimputable. La reveladora confesión ante un psiquiatra fue clave para esta determinación. El joven relató que sentía que era acosado por «hombres de negro» que también atacaban a su familia, a la que, en un momento de frialdad absoluta, dijo odiar.
Este relato delirante es el eje de la decisión judicial, que exonera al asesino de ir a la cárcel, a pesar de haber sido hallado responsable de un delito de homicidio muy especialmente agravado por el concurso, desmembramiento y parentesco. La inquietante confesión de un uruguayo revela la tragedia que se esconde detrás de una «enfermedad mental alienante», que le impidió controlar sus impulsos.

La inimputabilidad y el delirio psicótico
El informe del psiquiatra concluyó que el homicida no tenía la capacidad de «determinarse libremente» cuando cometió los crímenes. Su enfermedad comprometió el juicio crítico y el autocuidado, provocando una descompensación que lo llevó a un estado de delirio. La inquietante confesión de un uruguayo contenía varias versiones contradictorias, pero todas apuntaban a un mismo lugar: una desconexión total con la realidad.
Contó, por un lado, que «hombres de negro con gorro» atacaron a su familia, pero en otros fragmentos de la inquietante confesión de un uruguayo se ponía a sí mismo como el agresor. Dijo que oía voces que le ordenaban agredir a sus familiares y que veía «mucho 666», atribuyendo el acoso a «entidades del mal. Este cuadro clínico fue el que blindó la inimputabilidad.
El horror de la escena: maceta, motosierra y desmembramiento
Más allá de la patología mental, la evidencia material hallada por la Policía fue espeluznante. El asesino, según la reconstrucción judicial, utilizó una «maceta o marrón de mango de madera» para cometer los homicidios. Cuando los agentes llegaron a la escena, el objeto estaba cubierto de sangre. Además, el joven recurrió a una motosierra y una cuchilla para desmembrar los cuerpos de sus padres.
El crimen fue descubierto por los jefes del padre, un capataz de obra de 62 años que extrañamente faltó a su trabajo. La policía encontró primero el cuerpo del hermano cerca de la puerta de la cocina. Luego, el propio homicida guió a los agentes hasta el dormitorio donde estaban desmembrados los cuerpos de los padres. Las pericias indicaron que los padres murieron entre tres y cinco días antes del hallazgo, mientras que al hermano lo mató unas 48 horas antes.

«Hacer una película de terror»
Las motivaciones del asesino fluctuaron entre el delirio y la maldad pura. La primera versión que dio, y que se repitió en varias oportunidades, fue que actuó porque quería hacer una «película de terror», una idea macabra que buscaba trascendencia en el horror. Sin embargo, también existió la versión más visceral: que los asesinó porque «odiaba» a sus familiares. La frase más escalofriante de la inquietante confesión de un uruguayo fue cuando dijo a los efectivos: «Debí haberlo hecho antes».
La fiscal del caso, Mariana Rodríguez, ante la certeza de la inimputabilidad, solicitó que el hombre sea internado en un centro de asistencia psiquiátrica para continuar con su monitoreo y tratamiento. La ley establece que, aunque no haya pena de prisión, el Estado debe tomar medidas para que la persona no se autolesione ni ponga en riesgo a terceros.
El dilema judicial y la salud mental en Uruguay
La resolución judicial, basada en la patología mental del homicida, plantea un dilema ético y social muy complejo en Uruguay. La inquietante confesión de un uruguayo confirma la brutalidad del acto, pero la inimputabilidad implica que el enfoque de la justicia pasa de la sanción al tratamiento médico.
Este caso pone un foco incómodo sobre los mecanismos de detección y contención de enfermedades mentales graves. Ante la dantesca escena ocurrida en 18 de Mayo y la decisión de no encarcelar al responsable, ¿la inquietante confesión de un uruguayo debería haber sido considerada un agravante, o la inimputabilidad, aunque dolorosa para las víctimas, es la única vía justa cuando el delito es producto de una enfermedad psíquica?











