La influencia rusa Uruguay acaba de encontrar un aliado inesperado en los sillones de la Torre de las Telecomunicaciones. En un giro que solo puede calificarse como un suicidio político y moral, la directora de Antel por el Partido Nacional, Laura Raffo, votó a favor de reincorporar la señal de RT (Russia Today) a la grilla de Antel TV. Lo hizo en sintonía con el Frente Amplio, sellando una unanimidad que suena a bofetada para quienes defendieron la libertad frente a la bota invasora de Vladimir Putin en 2022.
Lo más irritante de este episodio no es solo el retorno del canal de propaganda, sino la justificación esgrimida por la economista. Raffo, designada para un cargo de altísima responsabilidad política, intentó lavar su decisión asegurando que “no lo evaluó como algo político”. Ese cinismo técnico es, en realidad, una confesión de incompetencia o, peor aún, de indiferencia ante la guerra híbrida que el Kremlin libra contra Occidente. No evaluar como «política» la presencia de un órgano de desinformación estatal ruso en la empresa pública uruguaya es, simplemente, no entender el siglo XXI.
Fuentes políticas confirmaron a Uruguay al Día que el movimiento dentro del Directorio se dio en un clima de absoluta complacencia, donde la dirección oficialista prefirió evitar el conflicto con la oposición interna a cambio de ceder un espacio estratégico a una potencia extranjera agresora. Este pacto de silencio administrativo ha dejado a la Coalición Multicolor en una posición de vulnerabilidad ética insostenible: ¿Cómo se le explica ahora a la comunidad internacional que Uruguay vuelve a ser el megáfono de un régimen que bombardea civiles en Ucrania?
El peligro de la influencia rusa Uruguay en las telecomunicaciones
Es necesario llamar a las cosas por su nombre: RT no es una señal de noticias; es una herramienta de guerra. Financiado directamente por el presupuesto de defensa y comunicación de Rusia, este medio ha sido prohibido en la Unión Europea, Estados Unidos y el Reino Unido por ser un vector de mentiras sistemáticas. Desde sus pantallas se justifica la masacre de Bucha, se niega la soberanía ucraniana y se glorifica el autoritarismo más rancio. Al permitir que esta señal llegue a los hogares uruguayos a través de la infraestructura estatal, Antel se convierte en cómplice necesario de la narrativa de Putin.
La influencia rusa Uruguay a través de RT busca sembrar duda, polarización y justificar crímenes de guerra bajo el disfraz de «pluralismo informativo». En 2022, el gobierno de Luis Lacalle Pou tuvo el coraje de retirar la señal, entendiendo que Vera TV no podía ser plataforma de un invasor. Hoy, en 2026, esa coherencia ha sido sacrificada en el altar del relativismo. Raffo, que llegó con la promesa de una gestión moderna y alineada a los valores de la libertad, ha terminado por validar el mismo discurso que el Frente Amplio ha impulsado por años para complacer a sus socios autoritarios en el exterior.
Uruguay es un país pequeño, cuya única defensa es su prestigio internacional y su apego a los principios democráticos. Ceder espacio a RT es debilitar esa defensa. Rusia no envía canales de TV para promover la cultura; los envía para erosionar la confianza en las instituciones democráticas y normalizar la violencia estatal. Permitir que la propaganda comunista pro-rusa se transmita desde Antel es invitar a un caballo de Troya a sentarse en la mesa de los uruguayos.
Este «olvido» de Raffo sobre la naturaleza política de su cargo es una afrenta a los votantes de la Coalición. No se la puso en Antel para que fuera una técnica neutral en un laboratorio, sino para que defendiera una visión de país. Verla votar de la mano con quienes históricamente han defendido a cuanto dictador pase por Moscú es una imagen que debería dolerle a cualquiera que crea en la ética del Partido Nacional.
La decisión de Antel no es un hecho aislado, es un síntoma de una pérdida de rumbo. Si el Estado uruguayo no es capaz de distinguir entre libertad de expresión y propaganda de guerra de un régimen invasor, entonces hemos perdido la brújula moral. Es imperativo que esta medida sea revocada de inmediato. Uruguay no puede ser el puerto seguro de la desinformación rusa en el Cono Sur mientras el mundo libre sigue combatiendo la expansión de la tiranía.
Rectificar es lo mínimo que se espera. Laura Raffo y el Directorio deben una explicación seria, no excusas administrativas, sobre por qué decidieron que la voz de Putin merece un lugar privilegiado en nuestra red de telecomunicaciones. La libertad no es un concepto abstracto que se pueda ignorar para facilitar una votación en el Directorio; es el valor supremo que se defiende con cada voto, especialmente cuando se tiene la responsabilidad de conducir los activos del Estado.
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