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Impuestos en Uruguay: un tema que parece ser el talón de Aquiles de la coalición de izquierda y que volvió a quedar en el centro de la tormenta tras la comparecencia del ministro de Economía, Gabriel Oddone, ante el Parlamento. Lo que debía ser una instancia de claridad técnica terminó destapando una grieta política profunda sobre quién debe pagar la cuenta del Estado. Mientras el ministro intentaba transmitir una imagen de estabilidad y ortodoxia descartando cambios inmediatos, la senadora Bettiana Díaz se encargó de recordarle al país que, para el Frente Amplio, la presión fiscal sobre los sectores más pudientes sigue siendo una cuenta pendiente que no piensan saldar con el silencio.
La postura de Oddone fue tajante al ser consultado por la oposición sobre la posible creación de nuevos tributos o ajustes en el Fonasa. El jerarca afirmó que, en un escenario de normalidad, no está previsto implementar ninguna modificación. Sin embargo, la credibilidad de estas declaraciones se ve empañada por la insistencia de los sectores más radicales del oficialismo, que ven en la creación de la carga impositiva en Uruguay una herramienta de «justicia distributiva» innegociable. Esta contradicción entre el mensaje del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y la bancada parlamentaria genera un clima de incertidumbre que el sector empresarial y la clase media miran con creciente desconfianza.
Tabla de contenidos
La desautorización a Oddone y los nuevos impuestos en Uruguay
Apenas el ministro abandonó la sala, la senadora Bettiana Díaz se encargó de enfriar el alivio de los contribuyentes. Al ser consultada sobre si la discusión para gravar al 1% de la población con mayores ingresos estaba terminada, su respuesta fue un balde de agua fría: «No es una discusión cerrada». Con esta frase, Díaz no solo desautorizó la pretendida «paz tributaria» de Oddone, sino que dejó claro que los sistemas de impuestos en uruguay son un botín ideológico que el movimiento social y la academia oficialista pretenden reclamar en el próximo congreso del Frente Amplio.
Esta dualidad en el discurso gubernamental es peligrosa. Por un lado, se busca seducir a la inversión extranjera con promesas de estabilidad, pero por el otro, se agita la bandera de la «readecuación tributaria» para calmar a las bases más radicalizadas. El debate sobre aplicar más impuestos en Uruguay parece ser una etapa latente, esperando el momento político oportuno para saltar de la academia al Diario de Sesiones. Para muchos analistas, lo de Oddone fue un intento de contención ante la prensa, mientras que lo de Díaz fue un aviso de lo que realmente se viene en el corto plazo.
Justicia tributaria o voracidad fiscal bajo la lupa
La insistencia en la «justicia tributaria» a menudo esconde una voracidad fiscal que no encuentra límites en el gasto público. La senadora Díaz ubicó la discusión sobre los impuestos en Uruguay en un proceso de etapas y tiempos, lo que sugiere que el alivio es meramente temporal. El argumento de las necesidades de financiamiento es el comodín eterno de la izquierda para justificar el asalto al bolsillo de quienes generan riqueza. Mientras Oddone se aferra a la «normalidad», su propio partido está cocinando un menú impositivo que poco tiene que ver con la moderación que el ministro intentó vender en el Parlamento.
Incluso el Fonasa entró en la bolsa de las dudas. La oposición ya habla de un «impuesto encubierto» detrás de los cambios metodológicos que el MEF intenta suavizar con lenguaje técnico. La realidad del régimen fiscal en Uruguay es que, cuando el relato empieza a hablar de justicia, el contribuyente termina pagando la cuenta. La falta de alineación entre el Ejecutivo y el Legislativo oficialista solo confirma que Oddone está solo en su trinchera técnica, mientras que el aparato político del Frente Amplio ya tiene la mira puesta en el patrimonio de los uruguayos para financiar sus promesas electorales.
El congreso del Frente Amplio y los futuros impuestos en Uruguay
La próxima instancia congresal del oficialismo será el verdadero campo de batalla donde se definirá la política económica real. Allí, las voces que piden más política tributaria de Uruguay para el gran capital tendrán el peso que Oddone hoy intenta ignorar. La advertencia de Díaz es un mensaje cifrado para el propio ministro: la política la hace el partido, no el técnico de turno. Si la academia y los movimientos sociales logran imponer su agenda, las promesas de no innovación tributaria quedarán en el olvido como tantas otras promesas de campaña.
Uruguay se enfrenta a un dilema de identidad económica. ¿Será el país que respeta las reglas de juego y la propiedad, o sucumbirá a la tentación de aplicar impuestos en Uruguay bajo el disfraz de la solidaridad forzada? El doble discurso de la administración actual no hace más que alimentar las dudas de quienes deben tomar decisiones de inversión a largo plazo. La certeza que intentó vender el ministro de Economía hoy tiene el valor de un cheque sin fondos si su propia fuerza política ya está anunciando que la discusión sigue abierta y dispuesta a ser profundizada.
¿Es Gabriel Oddone el verdadero piloto de la economía uruguaya o simplemente un escudo técnico colocado para disimular la voracidad impositiva que el Frente Amplio prepara para su próximo congreso?
