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La autopercepción frente a la realidad científica
El avance de la ideología de género en las últimas décadas ha redefinido los conceptos de hombre y mujer, alejándolos de la base biológica y anclándolos en la autopercepción subjetiva. Según diversos analistas, este fenómeno plantea una paradoja: mientras la sociedad reconoce trastornos de la imagen como la anorexia —donde se busca corregir la percepción de la persona—, en el terreno de la sexualidad se opta por intervenir el cuerpo. La lógica que impera hoy es que si un individuo no se siente conforme con su sexo biológico, el error está en el organismo y no en la mente.
Esta postura ha generado un clima donde cuestionar públicamente que la biología determina el sexo se ha vuelto motivo de censura en redes sociales y medios de comunicación. Los defensores de la ideología de género sostienen que el género es un «fantasmita cultural» del que uno puede liberarse a través de la voluntad propia. Sin embargo, esta desconexión de la realidad física ignora que cada célula del cuerpo humano posee una carga genética (XX o XY) que no puede ser alterada por decretos ni percepciones personales.
El impacto de la ideología de género en la infancia
Uno de los puntos más críticos y dolorosos de este debate es la intervención en menores de edad. Bajo el paraguas de la teoría de género se ha normalizado el uso de bloqueadores hormonales en niños que manifiestan disconformidad con su sexo. Estos fármacos frenan el desarrollo natural de la pubertad, un proceso biológico esencial para la maduración física y psicológica. Lo preocupante es que estos tratamientos suelen ser el paso previo a cirugías irreversibles de reasignación de sexo, realizadas en adolescentes que aún no tienen la madurez para comprender las consecuencias de por vida.
Las cirugías, a menudo descritas con eufemismos médicos, implican procedimientos sumamente invasivos como la creación de neopenes o neovaginas a partir de tejido extraído de otras partes del cuerpo, como el antebrazo. Estas intervenciones no solo tienen riesgos quirúrgicos altísimos, sino que condenan a los jóvenes a una dependencia eterna de la industria farmacéutica. La perspectiva de género parece ignorar que un niño puede cambiar de opinión múltiples veces durante su crecimiento, y que someter su cuerpo a cambios permanentes es una decisión de una gravedad extrema.
La mujer como víctima del propio feminismo
Resulta contradictorio observar cómo el feminismo, que durante décadas luchó por los derechos de las mujeres, hoy parece ser devorado por la concepción de género. Al sostener que «mujer» es cualquiera que se autoperciba como tal, se desdibuja la categoría misma de mujer biológica. Esto tiene consecuencias prácticas inmediatas, como se ha visto en certámenes de belleza, campañas de maquillaje y, de forma más alarmante, en las competencias deportivas femeninas de alto rendimiento.
La inclusión de varones biológicos que se identifican como mujeres en ligas deportivas femeninas genera una injusticia evidente. La ventaja física —masa muscular, capacidad pulmonar y estructura ósea— que otorga la biología masculina no se elimina con tratamientos hormonales. Esta realidad de el enfoque de género está desplazando a las mujeres de sus propios espacios de reconocimiento y competencia, creando un conflicto donde las supuestas minorías oprimidas terminan vulnerando los derechos de la mayoría femenina silenciosa.
Una mayoría que empieza a romper el silencio
Existe una percepción creciente de que la sociedad vive bajo una suerte de dictadura ideológica financiada por grandes grupos de poder y organismos internacionales. A pesar de que la mayoría de la población entiende que la autopercepción no cambia la naturaleza humana, el miedo al escarnio público ha mantenido a muchos en silencio. Casos extremos, como el de presos varones trasladados a celdas de mujeres solo por su autodeclaración de género, han empezado a despertar una reacción ciudadana contra los excesos de la ideología de género.
La verdadera empatía no debería consistir en validar una percepción errónea que conduce a la mutilación o al tratamiento químico crónico, sino en ayudar a las personas que sufren disforia a aceptarse y encontrar la paz con su realidad biológica. La ideología de género instrumentaliza el sufrimiento real de una comunidad para imponer una agenda política que beneficia a las farmacéuticas y a sectores que buscan deconstruir la estructura básica de la sociedad uruguaya: la familia y la identidad objetiva.
¿Es posible construir una sociedad justa y sana cuando obligamos a la ciencia y a la verdad biológica a rendirse ante la subjetividad de la doctrina de género?