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¡CRISIS DE APROBACIÓN! Orsi intentó maquillar su gestión en la Asamblea para tapar el fracaso. ¿VOS LE CREÉS?

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Yamandú Orsi dando su discurso de rendición de cuentas del Gobierno de Orsi ante la Asamblea General.
¿Realidad o ficción? El Gobierno de Orsi defendió su gestión en un clima de creciente descontento social.
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El Gobierno de Orsi y el arte de la puesta en escena: ¿Rendición de cuentas o publicidad?

El discurso del Gobierno de Orsi ante la Asamblea General fue, como se esperaba, una pieza de orfebrería retórica diseñada para calmar las aguas en un momento de crisis de aprobación. El presidente habló de un «faro del republicanismo» y de una «estabilidad estratégica», pero para el uruguayo que hace las compras en el súper o el que busca un turno con un especialista, ese faro parece tener la lamparita quemada. Se presentaron cifras de empleo y crecimiento como si estuviéramos en la cresta de la ola, ignorando el sentimiento de estancamiento que flota en el aire.

Es fácil hablar de «obligaciones asumidas» desde la comodidad del estrado, pero la realidad política uruguaya muestra grietas que ningún adjetivo rimbombante puede tapar. El oficialismo sacó pecho con la ley de presupuesto, pero se olvidó de mencionar que el ajuste sigue cayendo sobre los mismos de siempre. El tono fue conciliador, casi pastoral, pero detrás de la «vocación por el consenso» se esconde una administración que le cuesta horrores ejecutar lo que promete.

Los números «maquillados» y la realidad del laburo

En el discurso se mencionó con bombos y platillos la creación de 26 mil nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, lo que el Gobierno de Orsi no desglosa es la calidad de esos empleos. ¿Cuántos son zafrales? ¿Cuántos son subempleos que apenas alcanzan para cubrir la canasta básica? Hablar de un salario real que crece un 2,3% suena lindo en el papel, pero con una inflación que, aunque digan que está domada, se come el poder de compra en los artículos de primera necesidad, el optimismo oficialista parece una tomadura de pelo.

  • Empleo femenino: Se festejó un máximo histórico, pero se omitió la brecha salarial persistente.

  • Inversión en infraestructura: Se anunciaron obras para 2027 y 2029, pateando la pelota para adelante mientras los problemas son de hoy.

  • Transferencias a departamentos: Se jactaron de ayudar a los gobiernos locales, pero la asimetría entre Montevideo y el interior profundo sigue siendo vergonzosa.

Salud y seguridad: El relato vs. la ventanilla

El presidente aseguró que se regularizó el abastecimiento de medicamentos. Habría que preguntarle a los jubilados que van a la farmacia de su mutualista o de ASSE si sienten esa «regularización. El discurso de la gestión de Yamandú Orsi se centró en porcentajes de reducción de listas de espera que, en la práctica, siguen siendo meses de angustia para el paciente.

En seguridad, el cinismo alcanzó niveles récord. Hablar de un «sistema integral de lucha contra el crimen organizado» mientras los barrios siguen bajo el fuego cruzado del narcotráfico es, cuanto menos, audaz. Se prometieron más policías y más cámaras (la vieja receta de la videovigilancia como solución mágica), pero no hubo una sola autocrítica sobre el fracaso de las políticas de prevención que hoy tienen a Montevideo sitiada por la violencia.

La deuda social y el «faro» que se apaga

Quizás lo más crítico del mensaje del Gobierno de Orsi fue el tratamiento de la pobreza infantil y la situación de calle. Se habló de «decisiones claras» y de la «mayor asignación presupuestal de la historia», pero las cifras de niños bajo la línea de pobreza siguen siendo una herida abierta que no cierra con bonos de «Vuelta a Clases. Un país no es un faro de nada si tiene a miles de ciudadanos durmiendo en el umbral de las puertas de los ministerios.

Para concluir, la rendición de cuentas fue una larga lista de buenas intenciones y proyectos a futuro (muchos de ellos para después de que termine el mandato), pero con muy poco sustento en el presente. El Gobierno de Orsi eligió el camino de la autocomplacencia, refugiándose en una institucionalidad que, si bien es sólida, no come ni cura por sí sola. Al final del día, los uruguayos no necesitan un «faro» que los encandile con discursos, sino una gestión que baje a la tierra y resuelva los problemas que hoy, a pesar de tanta palabra, siguen ahí.

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