La administración departamental de la capital uruguaya se encuentra en el centro de un intenso debate estadístico que refleja dos realidades aparentemente incompatibles. La gestión de Mario Bergara al frente de la Intendencia de Montevideo (IM) atraviesa un momento de particular sensibilidad en la opinión pública, con mediciones que varían drásticamente según el prisma con que se miren. Mientras que las consultoras de plaza nacional advierten un desgaste acelerado en el apoyo ciudadano, estudios de alcance continental lo sitúan como uno de los líderes municipales con mejor imagen de la región, lo que plantea un desafío de comunicación para el Palacio Municipal.
Los datos más recientes del Monitor de Opinión Pública de Equipos Consultores, correspondientes a enero de 2026, muestran que la gestión de Mario Bergara cuenta con un 31% de aprobación entre los montevideanos. Esta cifra representa un retroceso significativo frente al 49% de respaldo que ostentaba apenas tres meses después de asumir el cargo. El estudio indica que un 33% de los encuestados desaprueba abiertamente su labor, mientras que un importante 36% se mantiene en una franja de neutralidad o indecisión, lo que sugiere un terreno volátil para el futuro político de la coalición de izquierda en la capital.
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El impacto de los servicios urbanos en la gestión de Mario Bergara
Al desglosar los motivos de este descenso, el informe de Equipos es contundente: el humor social respecto a la gestión de Mario Bergara está directamente atado a la eficiencia en los servicios básicos. La limpieza urbana, la recolección de residuos y la fluidez del tránsito aparecen como los puntos más críticos y con peor percepción por parte del contribuyente. Estos temas, históricos talones de Aquiles de la IM, parecen estar pasando factura a una administración que, si bien ha intentado innovar en sus procesos, no ha logrado convencer a la mayoría de que se ha producido un cambio de paradigma en la higiene de la ciudad.
Sin embargo, no todo es terreno negativo para la gestión de Mario Bergara. Los encuestados valoran positivamente áreas como el mantenimiento de los espacios públicos, la variada oferta cultural de la Intendencia y el sistema de saneamiento. Asimismo, el transporte colectivo, pese a las quejas por el tránsito, mantiene un saldo de percepción positivo. Esta dicotomía entre la valoración de la «ciudad disfrutable» y la «ciudad operativa» es lo que mantiene el balance de aprobación en una situación de paridad frente a la desaprobación, evitando una caída más pronunciada.
La mirada regional: el éxito de la gestión de Mario Bergara en el exterior
Curiosamente, el relato nacional se da de bruces con las mediciones internacionales. Según el último ranking de la consultora CB, que evalúa a los principales alcaldes de Sudamérica, la gestión de Mario Bergara brilla con luz propia fuera de fronteras. El informe posiciona al jerarca uruguayo en el segundo puesto del ranking regional con una aprobación del 50,3%, situándose apenas por detrás de Pabel Muñoz, alcalde de Quito. Este dato resulta llamativo, ya que Bergara supera en imagen positiva a figuras de gran peso político como Jorge Macri en Buenos Aires.
Esta diferencia de casi 20 puntos entre la medición local y la internacional puede explicarse por las metodologías de comparación regional, donde la estabilidad institucional de Montevideo y su calidad de vida relativa juegan a favor de la gestión de Mario Bergara. En el contexto sudamericano, las capitales suelen enfrentar crisis de gobernabilidad mucho más profundas, lo que hace que los indicadores de Montevideo se perciban como exitosos desde afuera, incluso cuando el vecino local se muestra disconforme con la frecuencia de vaciado de un contenedor de basura.
Desafíos políticos y la brecha del electorado
La interna política también juega un papel fundamental en la evaluación de la gestión de Mario Bergara. El apoyo dentro de las filas del Frente Amplio ha mostrado fisuras, pasando de un 53% a un 43% de aprobación en el último período. No obstante, el mayor golpe proviene de los votantes de la Coalición Republicana, donde la desaprobación se disparó hasta el 71%. Este fenómeno sugiere una polarización creciente, donde la gestión municipal se evalúa no solo por los resultados en la calle, sino por la afinidad partidaria en un año que asoma como clave para las definiciones electorales nacionales.
Para la Intendencia, el reto será acortar la brecha entre la percepción regional —donde se destaca el orden y el superávit presupuestal presentado recientemente— y la vivencia diaria del ciudadano. La gestión de Mario Bergara ha adelantado que se realizarán correcciones en temas de multas y patentes a través del Congreso de Intendentes, buscando aliviar la presión sobre el contribuyente. Resta ver si estas medidas técnicas logran revertir la tendencia a la baja o si el desgaste administrativo terminará pesando más que el reconocimiento internacional obtenido por el jefe comunal.
¿Es posible que el reconocimiento continental de la gestión de Mario Bergara logre eventualmente permear en el ánimo de los montevideanos, o el problema de la limpieza seguirá siendo el techo infranqueable de su popularidad?