La infancia en Sotogrande y Gibraltar de Florence Pugh
Aunque Florence Pugh nació en Oxford, en Inglaterra, pronto se trasladó a España, motivada por problemas respiratorios. Durante su infancia, la actriz sufrió de traqueomalacia, una condición en la que los anillos de cartílago de la tráquea se vuelven excesivamente débiles, dificultando la respiración y la exhalación. Con la esperanza de mejorar su salud, toda su familia se trasladó, cuando ella tenía tres años, a una localidad cercana a Manilva, en la provincia de Málaga.
Recuerdos de una niñez olfativa en España
Florence recuerda con cariño aquellos años en españa, específicamente en Sotogrande, un lugar que desborda aromas característicos: el jazmín, la madreselva, la sal del mar y el olor del puerto parecen estar imbuidos en su memoria. Según ella misma relata, estos olores la trasladan directamente a esa etapa de su vida. La vida en Cádiz, que disfrutó durante su infancia, tuvo un impacto positivo en su salud, en parte gracias a un estilo de vida distinto y a la influencia del clima cálido.
Olores y experiencias en Gibraltar
Durante los inviernos en España, cuando enfermaba, la madre de Florence la llevaba a Gibraltar. Allí, en un recuerdo que conserva con especial cariño, mencionaba que tomaban zumo de naranja con azúcar, ya que las naranjas aún estaban verdes en esa época y les añadían dulzura. «Tengo una gran memoria olfativa», dice la actriz. A los seis años, la familia regresó a Oxford, donde Florence continuó su formación en interpretación y debutó en el cine a los 18 años con la película The Falling.
De Sotogrande a la élite del cine internacional
Desde entonces, su carrera ha dado un giro de 180 grados. Actualmente es una figura esencial en el universo cinematográfico de Marvel y ha participado en filmes destacados como Oppenheimer, la serie Dune y la controversial No te preocupes querida. Pese al éxito y los recuerdos positivos de su infancia en España, no parece tener intención de regresar a residir en nuestro país de manera permanente para trabajar, aunque conserva con afecto esas raíces y momentos de su niñez.





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