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Dos décadas de convivencia entre Richard Read y un espía militar en el sindicato

El agente Luis Becerra Aldama filtró información de la FOEB al Ministerio de Defensa entre 1985 y 2004 mientras era la mano derecha de Richard Read.

por Federica ContiFederica Conti
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Documentos del espía militar en el sindicato

El agente infiltrado que Richard Read no detectó

Espía militar en el sindicato. La historia del sindicalismo uruguayo tiene páginas que parecen sacadas de una novela de espionaje de la Guerra Fría, pero con el sabor amargo de la realidad local. Richard Read, una de las figuras más emblemáticas y mediáticas del gremialismo nacional, cerró recientemente su etapa de 48 años de actividad sin haber despejado las dudas sobre la presencia de un infiltrado militar en el sindicato de la bebida (FOEB). Se trata de Luis Becerra Aldama, un hombre que no solo fue un militante más, sino que se convirtió en la mano derecha del dirigente durante casi dos décadas.

El caso salió a la luz gracias a los denominados «rollos de Berrutti», una serie de 1.444 microfilmes encontrados en 2006 en una dependencia de inteligencia militar por la entonces ministra de Defensa, Azucena Berrutti. Entre esos documentos, se detallaba la actividad del «agente 03-E», quien bajo el alias de «Leandro», reportaba meticulosamente cada asamblea, discusión interna y estrategia de la FOEB a sus superiores militares. La convivencia con este agente militar dentro del gremio se extendió desde 1985 hasta el año 2004, abarcando tanto el final de la dictadura como gran parte de la era democrática.

La trayectoria política del espía militar en el sindicato

Lo que hace que este caso sea aún más inverosímil para los analistas políticos es la profundidad de la inserción de Becerra en las estructuras de izquierda. El militar encubierto en el sindicato no se limitó a la labor gremial; en 1983, se vinculó al Partido Socialista de la mano de Eduardo «Lalo» Fernández, un referente del sindicato bancario (AEBU). Fernández admitió años después que mantenía una amistad estrecha con Becerra y que jamás sospechó de su doble vida, un testimonio que deja en evidencia la pericia del infiltrado para mimetizarse con su entorno.

Becerra Aldama logró escalar posiciones de poder gracias a su rol como mano derecha de Read. Su influencia fue tal que llegó a integrar la mesa directiva del PIT-CNT, codeándose con figuras de la talla de Juan Castillo y Fernando Pereira. Mientras participaba en las decisiones más sensibles de la central obrera, el operativo de inteligencia en el gremio mantenía su estatus de funcionario en el Ministerio de Defensa. Según los registros, se jubiló en 2005 tras 41 años de servicio, curiosamente el mismo año en que la socialista Berrutti asumió la cartera de Defensa.

El silencio persistente sobre el espía militar en el sindicato

Cuando la información se hizo pública en 2017, la reacción de Richard Read fue de una sorpresa absoluta. El dirigente aseguró haberse enterado «por la prensa» de que su compañero de ruta era en realidad un informante del Estado. Sin embargo, para muchos resulta difícil de digerir que un dirigente con el «olfato» y la experiencia de Read no haya notado ninguna irregularidad en veinte años de compartir asambleas, cenas familiares y estrategias de huelga con la presencia militar en ámbitos sindicales.

Desde aquel descargo inicial, Read ha evitado sistemáticamente volver a tocar el tema. En las múltiples entrevistas concedidas hasta este enero de 2026, el asunto parece haber caído en un cono de sombra. La falta de una autocrítica profunda o de una investigación interna transparente en la FOEB sobre cómo un espía militar en el sindicato pudo operar durante tanto tiempo sigue siendo una deuda pendiente con los trabajadores que fueron vigilados sin saberlo. Becerra, tras su retiro, se radicó en Minas, donde incluso llegó a presidir el Club de Leones y seguir militando en el Frente Amplio, manteniendo su camuflaje hasta el final.

Una herencia de desconfianza en la central obrera

El paso de este espía militar en el sindicato deja una lección inquietante sobre la vulnerabilidad de las organizaciones sociales frente a la inteligencia estatal. No se trató de una infiltración fugaz, sino de una carrera de fondo donde el agente «Leandro» logró ganarse la confianza absoluta de los líderes más críticos del sistema. El hecho de que un informante militar haya tenido acceso a la dirección nacional del PIT-CNT a través de la FOEB de Read es un dato que todavía genera suspicacias en las bases más radicales del movimiento obrero uruguayo.

Hoy, con Richard Read ya fuera de la actividad oficial, el «misterio Becerra» permanece como un recordatorio de que los archivos del pasado siempre tienen algo más para contar. La pregunta que queda latente en el ámbito gremial es inevitable: ¿fue Becerra el único caso exitoso de infiltración de larga duración o todavía existen agentes cuya identidad permanece oculta en los armarios de inteligencia?

¿Es creíble que la dirigencia sindical uruguaya, con su vasta experiencia en la clandestinidad y la lucha social, haya sido engañada de forma tan burda durante dos décadas por un solo hombre?

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