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Mirá los videos del fuerte Escándalo en el Senado argentino que impacta

Tensión extrema y gritos de "mamarracho". El Escándalo en el Senado argentino incluyó denuncias de tocamientos y el bloqueo de despachos oficiales.

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Barricadas y «mamarrachos»: la trastienda del Escándalo en el Senado argentino

El clima político en Buenos Aires alcanzó un punto de ebullición este jueves, transformando lo que debía ser una sesión técnica en un bochornoso escándalo en el Senado argentino. Lo que estaba en juego no era menor: el Presupuesto 2026, una herramienta clave para el gobierno de Javier Milei. Sin embargo, las discusiones sobre partidas presupuestarias quedaron sepultadas bajo una avalancha de insultos, denuncias de agresiones físicas y acusaciones de censura que dejaron a la cámara alta en una situación de parálisis institucional y desorden absoluto.

La protagonista de la jornada fue la senadora fueguina Cristina López, quien denunció en pleno recinto haber sido víctima de un operativo de desalojo violento en su propia oficina. Este escándalo cobró un cariz dramático cuando López relató que, al intentar ingresar a su despacho en el cuarto piso, se encontró con fajas de clausura y una barricada de sillones. Según la legisladora de Fuerza Patria, el personal de seguridad no solo le impidió el paso, sino que incurrió en «agresiones físicas y tocamientos impúdicos», señalando a la vicepresidenta Victoria Villarruel como la responsable política de estas «represalias.

Micrófonos silenciados y la sombra de la censura

La tensión escaló cuando López intentó hacer uso de la palabra para plantear una cuestión de privilegio. En ese instante, el micrófono de su banca dejó de funcionar, lo que fue interpretado inmediatamente como un acto de censura por parte de la oposición. Este nuevo capítulo de insultos en el Senado argentino obligó a la senadora a gritar para ser escuchada, mientras Villarruel intentaba imponer orden apelando al reglamento que impide leer las intervenciones. «Pensé que me iban a censurar como cuando vino el exministro Franco», disparó la fueguina, cargando contra el autoritarismo que, según ella, reina en la casa.

La respuesta del oficialismo y sus aliados no tardó en llegar, profundizando el Escándalo en el Senado argentino. La senadora Victoria Huala (PRO) tomó la palabra para recriminarle a López su actitud, acusándola de tener una «doble vara» y de maltratar a los trabajadores del Palacio Legislativo. La respuesta de López fue corta y lapidaria, convirtiéndose rápidamente en el momento más viral de la sesión: «¡Callate, mamarracho!», le espetó a su colega, sellando una imagen de degradación parlamentaria que pocas veces se ha visto con tanta crudeza en el recinto nacional.

El presupuesto como telón de fondo del conflicto

Detrás de los gritos y los insultos, este Escándalo en el Senado argentino pone en jaque metas fiscales y leyes sensibles para el mercado. El oficialismo busca desesperadamente dar señales de gobernabilidad, pero el artículo 30 del proyecto de presupuesto —que elimina pisos de financiamiento para educación y ciencia— es un polvorín que ha unido a varios sectores de la oposición. La incapacidad de mantener un debate civilizado en torno a estos temas sugiere que el gobierno enfrenta dificultades no solo para conseguir los votos, sino para gestionar el día a día de un Congreso fragmentado y hostil.

Villarruel, por su parte, se hizo cargo de la situación de los despachos, alegando que debe mantener el orden frente a lo que calificó como una «usurpación» de oficinas por parte de legisladores cuyo mandato o asignación había cambiado. Sin embargo, la magnitud del Escándalo en el Senado argentino y la gravedad de las denuncias de abuso físico por parte de la seguridad plantean un escenario judicial que podría complicar a la presidencia del cuerpo en el corto plazo. Lo que comenzó como un movimiento administrativo de oficinas terminó en una crisis de derechos y respeto institucional.

Un desenlace incierto entre gritos y expedientes

El período de sesiones extraordinarias, convocado por el presidente Milei, parece destinado a ser recordado más por estos episodios de violencia verbal que por la productividad legislativa. Este Escándalo en el Senado argentino refleja una fractura social y política que se traslada directamente a las bancas. Mientras los senadores se disputan placas de bronce y sillones en los pasillos, el país observa con estupor cómo sus representantes son incapaces de mantener el decoro mínimo necesario para tratar la ley de leyes, dejando el futuro económico en un segundo plano.

Las esquirlas de los insultos prometen seguir volando. Cristina López no parece dispuesta a retirar sus denuncias, y la tensión entre los bloques de Unión por la Patria y el oficialismo está en su punto más alto. El Escándalo en el Senado argentino de este jueves es apenas el síntoma de una enfermedad más profunda: la pérdida de la palabra como herramienta de consenso. En un recinto donde la respuesta a la discrepancia es el bloqueo de puertas y el insulto soez, la política parece haber cedido su lugar al espectáculo de la confrontación pura y dura.

¿Será este el preludio de un 2026 marcado por la parálisis total del Poder Legislativo frente a un gobierno que no admite matices en su gestión?

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