
La luna de miel entre el Poder Ejecutivo y el movimiento sindical uruguayo ha saltado por los aires de la manera más estrepitosa posible. En una declaración que destila veneno político, el Pit-Cnt contra Orsi lanzó una ofensiva sin precedentes, calificando de «violenta» la decisión del mandatario de abordar un portaaviones de la Armada de los Estados Unidos en aguas próximas a la costa nacional. El malestar no es solo un roce administrativo; es una acusación formal de traición a los principios históricos de la izquierda y de sumisión a los intereses del Pentágono.
El detonante fue la visita, mantenida bajo un sugestivo hermetismo oficial, de Yamandú Orsi al portaaviones nuclear USS Nimitz el pasado sábado. Lo que para el Gobierno fue un gesto diplomático junto al embajador Lou Rinaldi, para la central obrera constituye una afrenta directa a la soberanía y una violación flagrante del orden jurídico uruguayo.
El Pit-Cnt contra Orsi y la «herida» a la Constitución
La central de trabajadores no se guardó nada al señalar que el presidente «violentó nuestra propia Constitución» al autorizar el ingreso de una aeronave militar extranjera en territorio nacional sin haber solicitado el permiso obligatorio del Parlamento. Esta omisión legal, denunciada también por sectores de la oposición, sitúa a Orsi en una posición de vulnerabilidad jurídica extrema. Para el sindicalismo, este acto no solo es una desprolijidad técnica, sino una validación política de la maquinaria de guerra «yanqui», comparando el accionar del mandatario uruguayo con el de Gobiernos de ultraderecha de la región.
El timing de la visita fue, a ojos del Pit-Cnt, una provocación deliberada. Mientras desde Washington se lanzaban nuevas amenazas y restricciones contra Cuba, Orsi se fotografiaba en una de las mayores plataformas de combate del mundo. Este contraste fue leído por la central como un desprecio absoluto hacia la solidaridad con el pueblo cubano y un alineamiento vergonzoso con las políticas de presión económica y militar impuestas desde el norte.
Un quiebre en el corazón de la izquierda
La virulencia del ataque del Pit-Cnt resulta especialmente llamativa dado que, apenas horas antes de la crisis, Orsi compartía asados y actos públicos con referentes como José Lorenzo López. El comunicado de este domingo rompe ese puente de manera traumática, recordando que Uruguay firmó en 2014, bajo el marco de la Celac, una declaración que establece a América Latina como una «zona de paz libre de armas nucleares. Al saludar a un portaaviones de propulsión nuclear que operó activamente en conflictos como el del Golfo Pérsico e Irak, Orsi habría dinamitado esa tradición pacifista de un solo golpe.
Entre la «Narnia diplomática» y la realidad política
Desde la oposición, las voces de rechazo también se hicieron sentir, calificando el episodio de «vergüenza» y remarcando la falta de solvencia institucional para manejar este tipo de acercamientos militares. El hecho de que el presidente haya partido en un avión norteamericano sin la venia legislativa abre un flanco de interpelación que el Gobierno difícilmente pueda esquivar con su habitual «sanata» comunicativa.
Este choque deja al presidente en una encrucijada peligrosa: o ratifica su giro hacia una diplomacia de alineamiento con Washington, profundizando la grieta con sus bases sociales, o intenta una rectificación que lo hará lucir pusilánime ante los ojos de la comunidad internacional. Lo cierto es que, por ahora, el Pit-Cnt contra Orsi ha marcado una línea roja que la central obrera no está dispuesta a perdonar, dejando al Gobierno en un estado de aislamiento político que no se veía desde la redemocratización de 1985.





