En el edificio de la calle Jackson, donde las paredes suelen retumbar con consignas de solidaridad y lucha, esta vez solo hay un silencio que aturde. Cuando un policía cae en funciones —y esta vez fue un ataque cobarde y brutal—, el PIT-CNT mira hacia otro lado. No es una sorpresa, pero sí es una herida abierta que vuelve a sangrar. Para quienes han dedicado años a la defensa del trabajador uniformado, esta actitud no es omisión; es una declaración de principios.
Un exdirigente del sindicato policial salió al cruce esta semana con la firmeza de quien está cansado de pedir explicaciones a oídos sordos. Su mensaje fue directo: el silencio de la central sindical ante la agresión contra un agente no es un descuido, es una elección política.
Cuando la solidaridad tiene nombre y apellido
El tema no es menor. El movimiento sindical se ha erigido históricamente como el defensor de “todos los trabajadores”. Sin embargo, en el catálogo de víctimas del PIT-CNT, el policía parece no figurar. Es como si el uniforme fuera un filtro que, automáticamente, excluyera al funcionario de cualquier estatus de vulnerabilidad.
El exdirigente no se anduvo con vueltas: “Parece que hay trabajadores de primera y de segunda, y los policías, para ellos, siempre son los de segunda”. La escena es clara: mientras el país se conmociona por la violencia desmedida que recibe el efectivo en la calle, en la sede sindical prefieren discutir otras agendas, como si la integridad física de quien porta el uniforme no fuera una causa digna de un comunicado, al menos.
La complicidad del silencio
Lo que más irrita es el contraste. Ante cualquier incidente donde esté involucrada la policía, el despliegue mediático y el repudio desde la central suele ser inmediato, vibrante y constante. Pero cuando el efectivo es la víctima, el PIT-CNT entra en un modo avión que resulta incomprensible.
Esta actitud, que muchos consideran hipócrita, no hace más que profundizar la grieta. La gente lo ve, el policía de a pie lo siente y el mensaje que se envía a la sociedad es peligroso: hay agresiones que se justifican o que, directamente, no merecen la atención del brazo social más grande del Uruguay. Es, en esencia, una forma de complicidad por omisión.
Un mensaje para la galería
La pregunta que queda flotando es: ¿a quién le habla el PIT-CNT cuando guarda silencio? La respuesta parece ser que se habla a sí mismo, encerrado en un relato donde la policía siempre ocupa el lugar del adversario, nunca el del trabajador que, como cualquier otro, sale a la calle para ganarse el pan y volver a su casa.
El ataque al agente no fue solo contra una persona; fue contra la autoridad que sostiene el orden básico en cualquier democracia. Que la central sindical no sea capaz de articular un “basta” rotundo ante este tipo de atrocidades es una muestra de una madurez política que, evidentemente, todavía les queda lejos.
¿Hasta cuándo la indiferencia?
La indignación del exdirigente policial es la indignación de muchos uruguayos que ven cómo se intenta torcer la realidad según el color del uniforme. El respeto a la vida y a la función policial debería ser un piso mínimo, no una opción sujeta a conveniencias ideológicas.
El PIT-CNT tiene hoy una oportunidad, aunque ya tarde, de demostrar que su “solidaridad” no es un privilegio de pocos. Pero, hasta que eso pase, el silencio seguirá resonando más fuerte que cualquier pancarta en la plaza. La indiferencia, en estos casos, es una marca que no se borra con el tiempo.
Suscribite a Uruguay Al Día
Recibí las noticias más importantes directamente en tu correo. Información clara, independiente y actualizada todos los días.
Seguinos en WhatsApp
Unite a nuestro canal oficial y recibí alertas, noticias y contenido exclusivo de Uruguay Al Día.
🔔 Unirme al canal de WhatsApp