|
Getting your Trinity Audio player ready... |
El aire en la Ciudad Vieja se podía cortar con un cuchillo este sábado. Lo que debería haber sido una jornada de observación periodística se transformó en un escenario de violencia militante cuando grupos afines al régimen de Nicolás Maduro decidieron que la mejor forma de defender su «relato» era a través de la agresión física. El epicentro del conflicto fue la embajada de Venezuela en Uruguay, ubicada en la esquina de Rincón y Ciudadela, donde se cruzaron ciudadanos uruguayos que celebraban la caída del dictador con sectores de la izquierda radical local que, una vez más, demostraron su dificultad para convivir con la libertad ajena.
Los incidentes escalaron rápidamente cuando los manifestantes pro-Maduro comenzaron a hostigar a los transeúntes y a los equipos de prensa que cubrían la noticia. En un acto de cobardía profesional, un camarógrafo de Canal 5 fue agredido mientras realizaba su trabajo, resultando en la caída de su equipo al piso tras un golpe artero. La embajada de Venezuela en Uruguay se convirtió por unas horas en un reducto de intolerancia, donde los cánticos sobre el «antiimperialismo» sirvieron de banda sonora para una violencia que poco tiene que ver con los valores democráticos que históricamente han caracterizado a nuestro país.
Tabla de contenidos
El insólito reclamo de inmunidad en la embajada de Venezuela en Uruguay
Uno de los momentos más bizarros de la tarde se vivió cuando una ciudadana, apostada en la puerta de la sede diplomática, intentó dar lecciones de derecho internacional a la policía uruguaya. Con una soberbia típica de quien se siente por encima de las leyes locales, reclamó que la misión oficial venezolana en Montevideo gozaba de una «zona de inmunidad» que, según ella, debía impedir cualquier tipo de manifestación opositora en las cercanías. «Aunque le parezca es de lunes a viernes, es siempre», soltó la mujer, confundiendo los privilegios diplomáticos con una patente de corso para silenciar a quienes celebraban la captura del líder chavista.
Mientras tanto, del otro lado de la calle, la respuesta era clara. Soy uruguayo y defiendo la libertad», gritó un hombre que se plantó frente a las provocaciones de los militantes de izquierda. La tensión en la sede diplomática de Venezuela en Uruguay dejó en evidencia la grieta profunda que existe entre quienes entienden que el narcoterrorismo no tiene lugar en el siglo XXI y aquellos «zurdos» que, anclados en una nostalgia ideológica peligrosa, prefieren avalar a un dictador imputado en Nueva York antes que reconocer el fracaso de su modelo.
Este sábado se presentaron incidentes frente a la embajada de Venezuela en Uruguay entre opositores y seguidores de Nicolás Maduro.
Hubo agresiones hacia las cámaras de Noticias 5. pic.twitter.com/iiEb2d8eNZ
— Noticias 5 (@5noticiasuy) January 3, 2026
De la Plaza de la Bandera a la embajada de Venezuela en Uruguay
La jornada había comenzado con una nota muy distinta en la Plaza de la Bandera. Allí, la organización Venezolanos en Uruguay convocó a una vigilia que fue mayoritariamente pacífica, marcada por la emoción de quienes han tenido que huir de su tierra por culpa del hambre y la represión. Sin embargo, incluso allí, el espíritu pendenciero de algunos defensores del régimen se hizo notar, obligando a la intervención policial para evitar que una discusión pasara a las manos. Es notable cómo los sectores que más hablan de «pueblo» son los primeros en atacar al verdadero pueblo venezolano que hoy vive en nuestro suelo.
Wilfran Marcano, coordinador del Comando Organización con Venezuela, fue contundente al afirmar que el operativo de Estados Unidos es el cumplimiento de una promesa de justicia. Pero esa justicia parece no sentarle bien a la militancia uruguaya que se agolpó en la oficina consular venezolana en Montevideo. Mientras Marcano hablaba de libertad y derechos humanos, a pocas cuadras de distancia se escuchaba el clásico grito de «alerta que camina», una consigna que hoy suena más a amenaza que a proclama política, especialmente cuando termina con cámaras de televisión en el suelo y periodistas amenazados.
La complicidad de la izquierda local frente a la embajada de Venezuela en Uruguay
Lo ocurrido este sábado en la delegación oficial de Venezuela en Uruguay no es un hecho aislado, sino la consecuencia de años de complacencia de ciertos sectores políticos uruguayos con la dictadura venezolana. Al negarse a llamar a las cosas por su nombre, han alimentado a estos grupos de choque que hoy se sienten con el derecho de agredir a un trabajador de Canal 5 en plena Ciudad Vieja. La «defensa de la soberanía» que esgrimen no es más que una excusa barata para proteger a una cúpula que ha sido acusada de inundar el mundo con estupefacientes y violar sistemáticamente los derechos de sus ciudadanos.
La policía uruguaya, actuando con la paciencia que la situación ameritaba, logró contener los desbordes, pero la mancha queda. La embajada de Venezuela en Uruguay fue hoy el escenario de una derrota cultural para la izquierda radical uruguaya. En lugar de abrazar la posibilidad de una transición democrática, eligieron el camino de la provocación y el insulto, quedando en evidencia ante una sociedad uruguaya que, en su gran mayoría, mira con asco el apoyo a tiranos caídos.
¿Hasta qué punto el sistema político uruguayo seguirá permitiendo que estos grupos violentos utilicen las sedes diplomáticas como escudo para agredir a la prensa y a los ciudadanos que defienden la libertad?
