La preocupación por el complejo de achaparramiento del maíz y la fuerte presencia de la chicharrita comenzaron a modificar de manera drástica las decisiones de siembra en la provincia de Santiago del Estero y en diversos puntos productivos de la República Argentina de cara a la campaña 2026/27. De acuerdo con el último informe elaborado por la Bolsa de Cereales de Córdoba, la primera estimación de superficie estival proyecta incrementos interanuales para la soja, el girasol y el sorgo, mientras que el cereal estrella recortará de forma notable su área de implantación. El sorgo se perfila como el cultivo con mayor tasa de crecimiento en el territorio argentino, seguido de cerca por la soja y el girasol, en tanto que el maní lograría mantener una superficie estable.
Entre los principales factores que impulsan a los productores a reconfigurar sus esquemas productivos, se destacan la rotación, el precio y la rentabilidad en el caso de la soja; la disponibilidad inicial de humedad en el perfil y los pronósticos climáticos para el girasol; y fundamentalmente los márgenes económicos para el maní. En la vereda de enfrente, aunque la rotación continúa siendo el motivo principal para sembrar maíz, en esta oportunidad ganaron un peso determinante la profunda preocupación por el achaparramiento, la elevada densidad poblacional de la chicharrita y los discretos rindes obtenidos en ciclos previos. Esta compleja coyuntura fitosanitaria favorece un trasvase masivo de superficie hacia alternativas agrícolas más resistentes dentro del suelo argentino.

Evolución productiva y rindes dispares
Pese a las adversidades climáticas y sanitarias, el maíz correspondiente a la campaña 2025/26 se encamina a cerrar con una producción estimada en 4,7 millones de toneladas a nivel provincial, casi triplicando el magro volumen obtenido en el ciclo anterior. Si bien el rendimiento medio superará al de la temporada pasada, quedará levemente por debajo del promedio histórico, evidenciando una marcada heterogeneidad entre regiones del norte argentino. Mientras en zonas como Bandera se alcanzaron máximos de hasta 90 quintales por hectárea, los menores rindes rondaron los 42 quintales en localidades como Weisburd, Tomás Young y Quimilí, golpeados tanto por el estrés hídrico como por el avance de la plaga.
En paralelo, el informe puso la lupa sobre el manejo del maíz voluntario o guacho, cuya mayor concentración se detectó en el sudeste provincial. Su control oportuno resulta vital para evitar que actúe como hospedante del vector Dalbulus maidis entre campañas. Aunque la Red Nacional de Monitoreo registró una leve retracción poblacional a comienzos de agosto, las regiones del NOA, NEA y el Centro-Norte de Argentina continúan exhibiendo una abundancia del insecto muy superior a la del mismo período del año anterior, encendiendo luces de alerta en todo el sector agropecuario.





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