En la noche del viernes, 'Coyote vs ACME' se estrenó tras años en un cajón y sin esperanza de verla, logrando un éxito tanto en Estados Unidos como en España. A pesar de haber sido clasificada por Warner como una eterna perdedora, la película ha demostrado que los Looney Tunes aún tienen vida. Su trama, desde el inicio, se construyó en torno a una confrontación entre el Coyote y ACME, generando un diálogo entre ficción y realidad que, sin embargo, no concluye de forma satisfactoria para todos.
El final de la película deja claro que el Coyote pierde el juicio contra ACME. Pero mientras tanto, descubre que el Correcaminos lo ve como amigo y que en el mundo hay alguien que le preocupa. Así, su vida sigue siendo una búsqueda constante por las carreteras del desierto. Además, los demás personajes de Looney Tunes rescatan al bufete de abogados y el abogado de ACME cae por falta de pruebas.
Por qué el Coyote pierde el juicio y aún así gana la emoción del público
No obstante, muchos críticos se quejan de que Wile E. Coyote no gane el juicio. Dave Green, director de la película, explica que el enfoque central es lo que quiere el Coyote: pillar al Correcaminos. Su motivación es clara y constante, y en ese sentido, hay una belleza simple y poderosa en su pasión. 'Verle pasar por todo lo que pasa, te hace querer volver y ver algunos cortos clásicos, si no ver la película el día siguiente en cines', dice Green.
Lana Condor, co-protagonista, también destaca un momento clave: 'Cerca del final, hay una cita donde dice 'O quizá mañana'. Algo que adoro de esta película es que inspira a la gente a levantarse e intentarlo de nuevo. Incluso si sigues perdiendo, si tienes el sistema de apoyo que tiene Wile E., crees en ti mismo y sigues levantándote cada día y seguir intentándolo, es la esperanza la que te mueve. Potencialmente, quizá mañana, triunfarás.'
El final no es una victoria, sino un elogio al perdedor. Es un abrazo al Coyote, al eterno receptor de sopapos, porrazos y explosiones, diciéndole al oído: 'Quizá mañana'. Porque sí, para el Coyote —y para nosotros en nuestros peores momentos— siempre hay un mañana. Aunque nos caiga una roca, un yunque y un cartucho de dinamita encima.






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