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Dictadura en Venezuela: la advertencia de Mujica que la izquierda actual ignora

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La realidad política regional suele ser un bumerán que golpea con más fuerza a quienes intentan ignorarla. Hoy, con la dictadura en Venezuela instalada como una verdad incómoda en el centro del debate latinoamericano, las viejas palabras de José «Pepe» Mujica adquieren una relevancia que muchos en la izquierda uruguaya preferirían enterrar bajo el asfalto de la 18 de Julio. Mientras algunos dirigentes actuales hacen malabares semánticos para no llamar a las cosas por su nombre, el fallecido expresidente ya había marcado la cancha con una lucidez que hoy suena a cachetazo.

Mujica no andaba con vueltas ni se dejaba encandilar por el colorado de las banderas. Cuando el régimen de Nicolás Maduro empezó a mostrar los dientes, el viejo líder del Movimiento de Participación Popular (MPP) soltó aquella frase que quedó grabada: «Se le fue la moto. Fue una forma muy nuestra, muy rioplatense, de decir que el gobierno venezolano había cruzado el Rubicón del autoritarismo, alejándose de cualquier proyecto democrático razonable para hundirse en el fango de la dictadura en Venezuela.

Las causas del autoritarismo y la dictadura en Venezuela

Para entender por qué se llegó a este punto, hay que mirar más allá de la retórica encendida de las marchas. Mujica sostenía que la gran desgracia del país caribeño era, paradójicamente, su mayor riqueza: el petróleo. Según su visión, el chorro de crudo permitió una concentración de poder tal que terminó asfixiando las instituciones. En ese contexto, la dictadura en Venezuela no surgió de un día para el otro, sino que fue el resultado de un sistema que se cerró sobre sí mismo ante la presión interna y externa.

El análisis histórico que hacía el Pepe era implacable y casi antropológico. Recordaba que el concepto de dictador viene de la Roma antigua, donde se le daba todo el poder a uno solo para salvar la ropa en momentos de crisis. El problema es que en el Caribe el «peligro extremo» se volvió una excusa permanente para anular al que piensa distinto. Bajo esa lógica de plaza sitiada, la dictadura en Venezuela se transformó en un mecanismo de supervivencia para una cúpula que ya no sabe cómo bajarse del tigre sin ser devorada.

La coherencia de Mujica frente a la dictadura en Venezuela

Lo que realmente pica en la interna política actual es la comparación. Mientras Mujica llamaba a las cosas por su nombre, hoy vemos a sectores del Frente Amplio y otros movimientos regionales que balbucean. El exmandatario fue claro al decir que, si el Estado concentra todo y no permite el disenso, estamos ante una dictadura. Esa coherencia es la que hoy falta en muchos discursos que, por «solidaridad ideológica», terminan siendo cómplices silenciosos de la dictadura en Venezuela.

Resulta curioso, por no decir tragicómico, que los que más se llenan la boca hablando de derechos humanos en el pasado local, miren para otro lado cuando se trata de las torturas y persecuciones de la dictadura en Venezuela. Mujica, que sabía bien lo que era estar preso y perseguido, no compraba ese doble discurso. Para él, la democracia no era un traje que se usa según la conveniencia del sastre de turno, sino un valor que se defiende incluso cuando el que manda dice ser «de los tuyos».

Reflexiones sobre el aislamiento y la dictadura en Venezuela

El aislamiento internacional, lejos de moderar al régimen, lo terminó de radicalizar. Mujica advertía que cuando un país se siente cercado, el que discrepa deja de ser un opositor para pasar a ser un traidor a la patria. Esta mentalidad de trinchera es la que terminó de consolidar la dictadura en Venezuela, destruyendo el tejido social y provocando el éxodo masivo que todos conocemos. Uruguay, como país que siempre levantó la bandera de la no intervención pero también del respeto democrático, tiene en las palabras de Mujica una guía que hoy parece extraviada.

La pregunta que queda flotando en el aire de Montevideo es por qué la advertencia de Mujica fue tan solitaria en su momento. ¿Es que el peso del petróleo también nubló la vista de algunos dirigentes locales? ¿O es que la nostalgia de las revoluciones románticas impide ver la podredumbre de los regímenes actuales? La dictadura en Venezuela es hoy un espejo donde muchos no quieren mirarse por miedo a descubrir que sus principios tienen fecha de vencimiento según el mapa geográfico.

¿Será que la izquierda regional tiene el coraje de retomar la honestidad intelectual de Mujica, o seguiremos asistiendo al triste espectáculo de quienes defienden lo indefendible en nombre de una utopía que hace rato se volvió pesadilla?

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