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En un clima de máxima tensión regional tras la captura ejecutada por fuerzas estadounidenses, el expresidente uruguayo Luis Lacalle Pou rompió el silencio para reafirmar una postura que ha mantenido como un estandarte durante toda su carrera política. A través de un mensaje cargado de firmeza en la red social X, Lacalle Pou apeló a la «coherencia» para definir la situación del dictador Maduro, subrayando que la caída del régimen es la consecuencia de años de opresión y persecución contra el pueblo venezolano. Su discurso, que rápidamente se viralizó, fue un tiro por elevación hacia aquellos sectores que, tanto en Uruguay como en el exterior, mantuvieron una ambigüedad cómplice con Caracas.
«Coherencia ayer, hoy y mañana. Maduro es un dictador», sentenció el exmandatario, recordando los episodios donde no dudó en enfrentar al líder chavista cara a cara en foros internacionales. Lacalle Pou trajo a colación las críticas que recibió en 2020 por no invitar a mandatarios autoritarios a su toma de mando, reafirmando que su visión sobre el dictador Maduro no ha cambiado ni un ápice. Para el líder del Partido Nacional, el desenlace actual es el resultado de una comunidad internacional que falló sistemáticamente en proteger los derechos humanos más elementales.
Tabla de contenidos
La crítica de Lacalle Pou al silencio internacional sobre el dictador Maduro
El núcleo del mensaje de Lacalle Pou no se quedó solo en la etiqueta, sino que profundizó en la inacción de los organismos multilaterales. Según el expresidente, la captura del dictador Maduro deja al descubierto la ineficacia de los resortes diplomáticos para frenar a una tiranía que se desangraba en el poder. «¿Hasta cuándo un pueblo oprimido, perseguido, encarcelado?», se preguntó, lanzando una crítica mordaz a quienes prefirieron «mirar para el costado» mientras el régimen consolidaba su control a través del miedo y la violencia institucionalizada.
Aunque fue cuidadoso al aclarar que no justifica la intervención armada per se, Lacalle Pou planteó un dilema ético que sacudió la modorra de la diplomacia uruguaya. Al poner el foco en la longevidad del régimen, sugirió que la inacción externa fue lo que terminó validando un escenario donde la única salida posible terminó siendo la fuerza. El fin del dictador Maduro abre, a su juicio, una ventana de oportunidad para que «amanezca la libertad», una posibilidad que estuvo clausurada durante años por la terquedad de un sistema que se negó a abandonar el poder a pesar de las derrotas electorales evidentes.
El legado de la postura uruguaya frente al dictador Maduro
Durante su mandato, Lacalle Pou fue una de las voces más críticas del continente, liderando una corriente que buscaba aislar diplomáticamente a Caracas. Hoy, con el dictador Maduro bajo custodia federal, sus palabras resuenan como una validación de aquella política exterior que muchos tildaron de «ideologizada. El expresidente insistió en que los derechos humanos no tienen fronteras ni color político, y que el trato hacia el líder venezolano siempre debió ser el de un criminal de Estado y no el de un par democrático.
[Image showing Lacalle Pou speaking at a regional summit]
La reacción de Lacalle Pou contrasta fuertemente con la cautela del actual gobierno de Yamandú Orsi, que ha optado por un tono más administrativo y centrado en el rechazo a la intervención militar. Para el exmandatario, el foco no debe estar únicamente en el método de captura, sino en la urgencia de terminar con el sufrimiento de millones de venezolanos. La caída del dictador Maduro representa, desde su óptica, el fracaso de una diplomacia de café que permitió que una dictadura narco-militar se enquistara en el corazón de Sudamérica durante tanto tiempo.
Expectativas de libertad tras la caída del dictador Maduro
El mensaje concluye con una esperanza cautelosa sobre el futuro de Venezuela. Lacalle Pou sabe que la salida del dictador Maduro es solo el primer paso de una transición que será sumamente compleja y dolorosa. Sin embargo, su insistencia en que «puede amanecer la libertad» refleja el deseo de una dirigencia uruguaya que siempre vio en la crisis venezolana un espejo de lo que no debe ocurrir en una democracia sana. La coherencia, ese valor que Lacalle Pou reclama para sí mismo, se convierte ahora en la vara con la que se medirá a todos los actores políticos del Uruguay ante el nuevo escenario.
Mientras el gabinete de Orsi se reúne para analizar los pasos a seguir, las palabras de Lacalle Pou ya marcaron la cancha de la opinión pública. La captura del dictador Maduro no es solo un hecho policial o militar en el Caribe; es un terremoto político que obliga a cada dirigente uruguayo a definir de qué lado de la historia quiere estar. Con Maduro camino a un tribunal en Nueva York, la pregunta de Lacalle Pou sigue flotando en el aire montevideano: ¿cuántos más habrían muerto o terminado presos si la comunidad internacional seguía esperando un gesto de voluntad de quien nunca la tuvo?
¿Hasta qué punto la insistencia en la soberanía estatal puede ser utilizada como una excusa válida para ignorar el grito de auxilio de un pueblo que vive bajo la bota de una tiranía?
