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La escena política nacional volvió a verse sacudida por la verba flamígera de la senadora del Partido Nacional. Los recientes dichos de Graciela Bianchi tras la captura de Nicolás Maduro por parte de las fuerzas especiales de Estados Unidos han generado un fuerte cimbronazo en el Parlamento y en el Ministerio de Relaciones Exteriores. La legisladora nacionalista no ocultó su indignación ante la postura adoptada por el presidente de la República, Yamandú Orsi, quien el pasado domingo suscribió un comunicado conjunto con los gobiernos de Brasil, Colombia, Chile, México y España.
Para la senadora, la decisión de Orsi de alinearse con mandatarios como Gustavo Petro, Luiz Inácio Lula da Silva y Gabriel Boric es un error estratégico que compromete la imagen internacional del país. Los dichos de Graciela Bianchi fueron tajantes al afirmar que, con este movimiento diplomático, Uruguay terminó «pegado a los peores países de América Latina». Según su visión, este bloque regional representa una defensa de regímenes que han sido aliados históricos del chavismo, lo cual colocaría a la administración de Orsi en una posición éticamente cuestionable.
Tabla de contenidos
El rechazo al bloque regional en los dichos de Graciela Bianchi
La senadora insistió en que estar del lado de los actuales gobiernos de Colombia y Brasil es una señal de retroceso para la diplomacia uruguaya. En los dichos de Graciela Bianchi se trasluce una preocupación profunda por el «presente y el futuro» de las relaciones exteriores del país, sugiriendo que estos regímenes han sido financiados o influenciados por la billetera petrolera de Venezuela durante años. Para la legisladora, el hecho de que Uruguay comparta una posición común con Pedro Sánchez en España también es motivo de alarma, considerando al mandatario español como otro de los sostenes internacionales del madurismo.
«Sinceramente estamos del lado equivocado de la historia», disparó la nacionalista, reforzando una idea que ha sido constante en su discurso sobre la situación venezolana. Los dichos de Graciela Bianchi apuntan a que Uruguay debería haber tomado una distancia prudencial o, en su defecto, haber mostrado un apoyo más explícito a la acción que terminó con la detención del dictador en Caracas. La crítica se centra en que la postura del Frente Amplio, ahora desde el Gobierno, parece priorizar las afinidades ideológicas por sobre la condena a una dictadura que desangró al pueblo venezolano.
Repercusiones parlamentarias tras los dichos de Graciela Bianchi
Como era de esperar, las declaraciones de la senadora no pasaron desapercibidas para la bancada oficialista. Mientras que desde el Partido Nacional varios legisladores respaldaron, al menos en contenido, la preocupación por el alineamiento regional, en el Frente Amplio los dichos de Graciela Bianchi fueron recibidos como una «provocación innecesaria» en un momento de extrema sensibilidad diplomática. El presidente Orsi, por su parte, ha mantenido que la posición de Uruguay busca una transición en paz y el respeto por los derechos humanos, sin entrar en confrontaciones directas con los colegas del bloque.
Sin embargo, los dichos de Graciela Bianchi calaron hondo en la opinión pública, especialmente entre los votantes de la coalición que esperaban un cambio más radical en la narrativa oficial sobre Venezuela. La senadora recordó que Boric dejará la presidencia en marzo, lo que a su juicio hace aún más incomprensible que Uruguay se pegue a un mandatario que ya está de salida. La idea de que Uruguay está perdiendo su histórico rol de «faro democrático» para mimetizarse con el eje bolivariano es el eje central de sus ataques mediáticos.
El futuro de la política exterior y los dichos de Graciela Bianchi
El debate sobre si Uruguay debe o no integrar este bloque de países que cuestionan la intervención militar de Estados Unidos está lejos de cerrarse. Los dichos de Graciela Bianchi actúan como un recordatorio de la fractura interna que existe en el país respecto a cómo tratar con regímenes autoritarios en la región. Mientras la oposición nacionalista presiona por un alineamiento más claro con la Casa Blanca y la administración Trump, el Gobierno de Orsi intenta navegar aguas turbulentas buscando un equilibrio que evite el aislamiento en el Mercosur.
En definitiva, la contundencia de los dichos de Graciela Bianchi pone de manifiesto que la cuestión venezolana seguirá siendo el principal factor de división en la política doméstica uruguaya durante 2026. La senadora ya adelantó que seguirá denunciando lo que considera una «entrega de la soberanía moral» del país ante los intereses de los aliados de Maduro. Con un escenario regional volátil, cada palabra emitida desde el Palacio Legislativo tendrá un peso específico en la construcción de la imagen país que Uruguay proyecta al mundo.
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