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«Plata perdida»: Fratti se lava las manos por deuda de Venezuela con Uruguay

Una estafa millonaria: la deuda de Venezuela con Uruguay deja a los tamberos rehenes de un régimen que nunca pagó y una izquierda que los entregó.

por Helen CartwrightHelen Cartwright
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Tamberos afectados por la deuda de Venezuela con Uruguay
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El idilio ideológico entre el Frente Amplio y el chavismo terminó de la peor manera para los uruguayos: con un «clavo» multimillonario que hoy nadie quiere pagar. La deuda de Venezuela con Uruguay, que arrastra más de una década de promesas incumplidas y maniobras judiciales, volvió a la primera plana tras las polémicas declaraciones del ministro de Ganadería, Alfredo Fratti. Con una ligereza que indigna a los productores, el secretario de Estado dio por perdido el dinero, confirmando que el negocio de la «hermandad latinoamericana» fue, en realidad, una estafa a gran escala contra el sector lácteo nacional.

La historia de la deuda de Venezuela con Uruguay es el relato de un fracaso anunciado. En 2021, la Cooperativa Nacional de Productores de Leche (Conaprole) se cansó de esperar y elevó una demanda internacional contra el régimen de Nicolás Maduro por más de 60 millones de dólares. El reclamo no es solo por las exportaciones de leche en polvo que quedaron en el limbo desde 2015 (unos 31,8 millones), sino que suma otros 30 millones por daños y perjuicios. Los tamberos, que confiaron en la palabra de las autoridades de turno, terminaron financiando a un régimen quebrado que jamás tuvo la intención de honrar sus compromisos comerciales.

FRATTI 2

El ministro Alfredo Fratti durante la entrevista donde calificó como perdida la deuda que tiene Venezuela

El juicio eterno por la deuda de Venezuela con Uruguay

El camino en los tribunales ha sido un calvario para la cooperativa. Tras perder una primera instancia en 2023 por un supuesto vencimiento de plazos —una formalidad técnica que le daba aire a Caracas—, un tribunal de apelaciones reactivó el caso. Sin embargo, fuentes vinculadas al proceso aseguran que el camino recién empieza y que será «largo y tedioso». Mientras Conaprole debe entregar documentos y citar a exjerarcas para validar la deuda de Venezuela con Uruguay, el tiempo corre a favor de los deudores y en contra de los productores que necesitan el flujo de caja para sobrevivir.

Lo más irritante para el sector es el cambio de discurso oficial. Los deuda de Venezuela con Uruguay fue impulsada desde la Torre Ejecutiva con una impronta política innegable. Hoy, Fratti ensaya una defensa técnica alegando que se vendió a un «precio que no existía en el mundo», sugiriendo que el riesgo ya estaba cubierto por el sobreprecio. Pero la realidad es que ese «riesgo» lo terminaron pagando los tamberos con su patrimonio, mientras los jerarcas de la época se sacaban fotos con Maduro y celebraban acuerdos que resultaron ser papel mojado.

El vacío dejado por la deuda de Venezuela con Uruguay

Conaprole y la deuda de Venezuela con Uruguay.

El video de Tabaré Vázquez y la bronca de los tamberos

Los productores no olvidan. Justino Zavala, referente de la Agremiación de Tamberos de Canelones, salió al cruce de Fratti recordando el apoyo explícito del gobierno uruguayo a estos negocios. Va la leche, viene la plata», decía el expresidente Tabaré Vázquez en un video que hoy suena a burla cruel ante la magnitud de la deuda de Venezuela con Uruguay. No fue un acuerdo entre privados, fue una política de Estado que empujó a Conaprole a exportar a un país que ya mostraba señales de default moral y financiero.

La frustración del campo uruguayo es total. Se les pidió que tomaran el riesgo para sostener una alianza política que solo beneficiaba al relato del «Socialismo del Siglo XXI». Hoy, cuando la deuda de Venezuela con Uruguay es una herida abierta en la economía de la cooperativa, el ministro de turno se limita a decir que el dinero «está perdido». Es la confesión definitiva del fracaso de una izquierda que, en su afán de alinearse con regímenes empobrecedores, terminó entregando el esfuerzo de los trabajadores rurales a una dictadura que no paga sus cuentas.

Un negocio ideológico que fundió la confianza láctea

A pesar de que los abogados de la cooperativa mantienen una luz de esperanza en el arbitraje internacional, la sensación térmica en el campo es de abandono. La deuda de Venezuela con Uruguay es el símbolo de una época donde la afinidad política pesaba más que la seguridad jurídica. Venezuela, un país con todas las posibilidades de no pagar, fue elegido como socio estratégico por el simple hecho de compartir una bandera ideológica. Los resultados están a la vista: una mora de sesenta millones y un ministro que levanta los hombros como si se tratara de un vuelto menor.

Mientras el juicio internacional sigue su lento curso, los productores de leche siguen esperando que alguien se haga responsable del agujero financiero. La deuda de Venezuela con Uruguay no es solo una cifra en un balance; son camiones, tecnología y estabilidad familiar que se perdieron en el camino a Caracas. El sector lácteo, motor fundamental de la economía del interior, quedó atrapado en una red de mentiras diplomáticas y promesas de pago que se esfumaron junto con las reservas del Banco Central de Venezuela.

¿Se hará cargo algún dirigente político del Frente Amplio por haber impulsado este negocio ruinoso que hoy genera la millonaria deuda de Venezuela con Uruguay, o el campo uruguayo deberá resignarse a pagar el costo del fanatismo ideológico ajeno?

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