|
Getting your Trinity Audio player ready... |
El panorama político en Venezuela acaba de dar un giro que, aunque esperado por algunos, no deja de ser un manotazo de ahogado jurídico. Este sábado por la noche, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) —organismo que históricamente ha bailado al ritmo del Palacio de Miraflores— emitió una orden para que Delcy Rodríguez asuma de forma inmediata la presidencia interina del país. La decisión, según informó la agencia de noticias AFP, surge tras la captura y posterior traslado de Nicolás Maduro a una prisión federal en Nueva York, lo que dejó un hueco en el sillón presidencial que el chavismo se apuró a tapar con su figura más fiel.
La magistrada Tania D´Amelio, presidenta de la Sala Constitucional, leyó un comunicado en cadena nacional donde dejó claro que Rodríguez ejercerá todas las facultades inherentes al cargo de presidente. Lo que están buscando con este tecnicismo es evitar a toda costa la «falta absoluta», ya que eso obligaría a llamar a elecciones en un plazo de 30 días, un escenario donde el régimen sabe que tiene las de perder. Al declarar la ausencia de Maduro como «temporal» por 90 días, le dan a la funcionaria de alto rango del gobierno venezolano el tiempo necesario para intentar reordenar una tropa que quedó en shock tras los operativos estadounidenses.
Tabla de contenidos
La toma de mando de Delcy Rodríguez bajo estado de conmoción
Ni bien se confirmó su nuevo rol, la hasta hoy vicepresidenta ejecutiva puso primera. Delcy Rodríguez encabezó una reunión del Consejo de Defensa de la Nación para activar un decreto de «estado de conmoción exterior». Esta herramienta legal, que ahora espera el visto bueno final del TSJ para ser ejecutada, le otorga a Delcy Rodríguez poderes extraordinarios para movilizar a las Fuerzas Armadas y tomar el control directo de áreas estratégicas como la industria petrolera y los servicios públicos. Es, en esencia, un blindaje militar para su interinato.
Durante la transmisión oficial, se pudo ver a una Delcy Rodríguez con gesto adusto, rodeada de ministros y jefes militares que juraron lealtad al nuevo esquema. En un discurso que rozó lo surrealista, afirmó que el «único» presidente legítimo sigue siendo Maduro, a pesar de que ella misma estaba firmando decretos que solo el jefe de Estado puede emitir. Este relato de continuidad busca calmar las aguas internas y evitar que los mandos medios del ejército empiecen a mirar hacia afuera buscando una salida propia ahora que el líder histórico está bajo custodia de la DEA.
El control militar en el interinato de Delcy Rodríguez
La nueva presidenta interina no anduvo con vueltas al definir las prioridades de su gestión. la vicepresidente ordenó la movilización de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en todo el territorio para asegurar el funcionamiento de la infraestructura crítica. Según la información de AFP, este despliegue incluye el control militar de la industria de hidrocarburos, el Banco Central y los ministerios clave. Con esta movida, la jerarca intenta neutralizar cualquier intento de protesta civil o de sublevación interna que pudiera surgir ante el vacío de poder dejado por Maduro.
[Image showing Delcy Rodriguez and military high command]
Además de la seguridad física, la figura clave del gobierno de Maduro también puso el foco en la comunicación. El estado de conmoción le permite centralizar la información y limitar los movimientos ciudadanos bajo la excusa de la «defensa integral de la nación. Para muchos analistas uruguayos que siguen la crisis venezolana, esta etapa de Delcy Rodríguez al frente del Ejecutivo es una apuesta al todo o nada; si logra mantener la unidad militar, el régimen podría sobrevivir unos meses más en modo de resistencia. Si no, su interinato será apenas una anécdota en el colapso definitivo del chavismo.
Incertidumbre internacional ante la figura de Delcy Rodríguez
A nivel internacional, el reconocimiento al mandato de la segunda al mando en el Ejecutivo es nulo en las democracias occidentales, que ven en esta designación un fraude a la propia Constitución venezolana. Mientras tanto, en La Habana y Managua, se apresuraron a saludar a Rodríguez, viendo en ella la última garantía de que el bloque bolivariano no se termine de desintegrar. La agencia AFP destacó que la nueva presidenta interina tiene un margen de maniobra internacional muy acotado, especialmente con un Donald Trump que ya avisó que planea dirigir la transición desde Washington.
En las calles de Caracas, el anuncio del ascenso de la autoridad vicepresidencial de Caracas fue recibido con una mezcla de apatía y temor. Mientras los supermercados registran colas interminables y el caos se apodera del transporte, la retórica del TSJ parece transcurrir en una realidad paralela. El destino de Delcy Rodríguez está ahora atado al éxito o fracaso del decreto de conmoción y a su capacidad para manejar un país que ya no le responde a los decretos. La pregunta es si esta estructura de poder podrá sostenerse cuando la presión de la calle y la falta de recursos básicos empiecen a apretar más fuerte que los discursos de Miraflores.
¿Será capaz Delcy Rodríguez de mantener el control del país mientras el hombre que la puso ahí enfrenta un juicio histórico en Nueva York?