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Misión Guita: Sartori, Dastugue y el negocio político detrás de los hogares Beraca

Denuncias de ex internos exponen un sistema de trabajo forzado financiado por campañas políticas y protegido por legisladores.

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El legislador ha defendido públicamente el método de Beraca.
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Basado en el informe “Misión Vida o Misión Guita” emitido por el programa Todo Se Sabe, con testimonios de ex internos de los hogares Beraca y fuentes que pidieron reserva de identidad.

El escenario: Beraca como plataforma

Para entender lo que hicieron Juan Sartori y Álvaro Dastugue, es necesario saber dónde ocurrió. Misión Vida para las Naciones es una organización evangélica fundada en Uruguay en 1991 por el pastor Jorge Márquez, hoy autoproclamado apóstol. Su red de hogares, conocida como Beraca, aloja bajo el paraguas de una ONG sin fines de lucro a personas en situación de calle, con problemas de salud mental y, principalmente, a quienes buscan rehabilitarse de adicciones.

Lo que múltiples testimonios han denunciado durante más de una década es que esas personas vulnerables, una vez dentro, son sometidas a largas jornadas de trabajo sin remuneración alguna, en condiciones de vida precarias y con comunicación familiar severamente restringida. Es en ese contexto, con ese ejército de personas dependientes, disciplinadas y sin poder de negociación, que la política uruguaya encontró una oportunidad.

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Pastor Márquez

Álvaro Dastugue: el yerno que lo administraba todo

Álvaro Dastugue no es un personaje periférico en esta historia. Es el yerno del pastor Jorge Márquez, casado con su hija, y hoy diputado del Partido Nacional. Su posición en el cruce entre la familia Márquez, la estructura de Beraca y la política partidaria lo convierte en la figura central de las denuncias más graves que involucran el uso político de los internos de los hogares.

Según numerosos testimonios recabados por el programa Todo Se Sabe, Dastugue era quien gestionaba el dinero que los partidos políticos pagaban a Beraca a cambio de militancia. El mecanismo, según quienes lo vivieron desde adentro, era el siguiente: una campaña política acordaba un pago por persona para actividades de reparto de listas o trabajo en búnkers. Ese dinero llegaba a Dastugue, quien retenía una parte significativa y distribuía una fracción menor a los encargados de los hogares. Los internos que realizaban el trabajo no veían un solo peso.

Un testimonio es particularmente ilustrativo: “Si Sartori pagaba 3.000 pesos por repartidor, Dastugue les pagaba 1.200 o 1.500 a los encargados de los hogares. Así fue robando toda la plata en todos los aspectos de la campaña.”

Otro testimonio señala directamente: “El dinero de la campaña que yo vi salió desde el ministerio Misión Vida para bancar la campaña política de Álvaro Dastugue. Así fue.”

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Cuando fue consultado públicamente sobre el uso de internos en campañas, Dastugue fue categórico: negó que las instituciones hubieran financiado a ningún partido y afirmó que quienes participaron lo hicieron a título personal y recibieron remuneración. Sin embargo, esa versión colisiona frontalmente con lo declarado por múltiples personas que estuvieron dentro de los hogares en esa época, quienes coinciden en que nunca recibieron pago alguno.

La contradicción es aún más llamativa porque en una versión taquigráfica parlamentaria, el propio Dastugue habría admitido haber contratado a un hogar Beraca para el reparto de listas y haber remunerado a los jóvenes participantes. Si eso es así, la pregunta que surge es inevitable: ¿por qué ninguno de los internos que realizaron ese trabajo recuerda haber cobrado?

Deudas, cheques rebotados y préstamos impagos

Las denuncias contra Dastugue no se limitan al manejo del dinero de campaña. Según una fuente consultada por el programa, Dastugue recibió un préstamo que incluía 50.000 dólares en efectivo, tres vehículos y el pago de sueldos para personas que trabajaban con él, todo bajo la promesa de devolución. Cuando llegó el momento de cobrar, los cheques rebotaron. La plata nunca volvió.

“Tuvo una discusión en el medio. Plata que nunca se supo qué pasó, pero nunca volvió”, relató la fuente, que pidió reserva de identidad por temor a represalias.

El castigo para quienes desafiaban su autoridad

Dastugue también aparece en testimonios que describen una práctica particularmente cruel: cuando ex internos que habían abandonado Beraca se arrepentían y querían reingresar, él los obligaba a dormir a la intemperie por un tiempo indeterminado como castigo por haber desafiado los métodos de la organización. Esta práctica resulta especialmente llamativa en el contexto de una organización que se presenta públicamente como una comunidad de ayuda cristiana basada en el perdón y la misericordia.

Juan Sartori: el millonario que puso la plata

La campaña de Juan Sartori para las elecciones internas del Partido Nacional en 2019 fue, por su despliegue económico, una de las más costosas de la historia política reciente del Uruguay. Sartori trajo empresas de Alemania, de Estados Unidos, de Europa y de Argentina para armar su infraestructura de campaña. Tenía, según testimonios, mucha plata, demasiada plata.

Parte de ese dinero llegó a Beraca.

Según múltiples fuentes, Sartori financió a la organización de Márquez no solo para que los internos salieran a repartir listas, sino también para que los canales de comunicación y medios de la iglesia realizaran promoción de su candidatura. El monto habría sido considerable, aunque las fuentes no precisan una cifra total exacta.

El vínculo era claro: a Sartori le convenía la militancia barata y masiva que Beraca podía proveer. Al pastor Márquez y a su yerno Dastugue les convenía el dinero y la influencia política. Y los internos de los hogares, personas en situación de adicción o vulnerabilidad extrema, eran el eslabón sin voz ni voto de toda esa cadena.

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Lo que vivieron los internos durante la campaña Sartori

Los testimonios sobre ese período son unánimes y concretos. Internos de distintos hogares Beraca describen haber sido enviados a trabajar para la campaña sin que se les explicara claramente qué estaban haciendo ni por qué, y sin recibir compensación alguna.

“Los internos de Beraca eran los que repartían listas, los que manejaban los autos, los que hacían el semáforo, los que salían para el voto a trabajar dentro de las oficinas de Sartori. No estábamos dos horas, estábamos hasta la madrugada doblando listas, cortando listas en los búnkers.”

Otro testimonio: “Nos comimos dos meses repartiendo lista para Sartori y había que ir, había que ir. Las pibas estaban en el Palacio doblando listas, cortando con la guillotina, manejando computadoras adentro de las oficinas. Desde las 10 de la mañana hasta la tarde.”

Y la paradoja que varios señalan: mientras Sartori ponía dinero esperando que llegara a quienes trabajaban para él, ese dinero se filtraba en la cadena de Dastugue y Beraca antes de llegar a los internos. “Si Sartori pagaba 2.000 para su campaña, Dastugue era el que lo gestionaba, se guardaba 1.000 en el bolsillo y usaba los otros 1.000 para pagar menos de lo que Sartori había dicho que correspondía.”

El discurso público versus la realidad interna

Un detalle que varios testimonios destacan con indignación es la hipocresía del discurso del pastor Márquez frente a sus fieles. En los cultos dominicales, Márquez decía públicamente que Beraca no apoyaba a Sartori. Pero en la práctica, todos los internos eran enviados a trabajar para su campaña. “El apóstol cuando íbamos a la iglesia los domingos decía que no estaba en apoyo a Sartori, pero en realidad lo sabía todo, y todo para que su yerno llegara a un lugar en el Senado.”

El objetivo era claro: que Dastugue llegara al Parlamento. “Hasta el día de hoy, todo gira alrededor de su yerno. El partido político que fuera lo pagaba a ellos. Nosotros íbamos nada más.”

El contexto político más amplio: Verónica Alonso y el año 2014

Las vinculaciones entre Misión Vida y el Partido Nacional no comenzaron con Sartori. Ya en 2014, el pastor Márquez habría mantenido contactos con la dirigente nacionalista Verónica Alonso para impulsar la participación política de sus yernos Dastugue y Gustavo Silveira.

Testimonios recabados por el programa señalan que durante la campaña Sartori se llegó a llevar a Alonso al ministerio con el objetivo de obtener financiamiento adicional, porque, según una fuente, “ellos están para eso, para sacar un beneficio de todos lados.”

Esta dimensión del vínculo sugiere que la relación entre Beraca y el Partido Nacional no fue un episodio aislado sino una estrategia sostenida en el tiempo, en la que la organización religiosa ofrecía militancia y estructura a cambio de financiamiento y protección política.

La impunidad como sistema

Lo que más llama la atención en esta historia no es solo lo que se denuncia, sino lo que no ha pasado como consecuencia. Las denuncias sobre el uso de internos en campañas políticas llevan años circulando. El programa Santos y Seña las publicó en 2016. Casi una década después, los mismos protagonistas siguen en los mismos lugares: Dastugue sigue siendo diputado, el pastor Márquez sigue al frente de una organización con decenas de hogares en Uruguay y el exterior, y los internos siguen trabajando sin remuneración en jornadas de doce horas.

Cuando periodistas consultaron al Ministerio de Trabajo sobre las inspecciones realizadas a los hogares Beraca, la respuesta fue que esa información era reservada y no podía divulgarse.

Cuando se consultaron los registros catastrales de los padrones rurales donde se encuentra el Monte Beraca en Villa García, donde Dastugue tiene vinculación directa, se encontró que las edificaciones declaradas equivalen a cero metros cuadrados, pese a que imágenes satelitales muestran un mega templo, un auditorio central y múltiples construcciones. Lo único declarado es una vivienda container. La presunta evasión de la contribución inmobiliaria rural está documentada y a la vista de cualquiera que consulte Geocatastro.

Dentro de ese mismo predio funciona la empresa de carrocería Ití, donde también trabajan internos de los hogares sin remuneración, según testimonios. El círculo se cierra sobre sí mismo: personas vulnerables construyen instalaciones que no están declaradas, producen para empresas que no tributan correctamente, y hacen campaña política por candidatos que los ignoran.

El silencio como herramienta de control

Una constante en todos los testimonios es el miedo. Nadie quiere que lo nombren. Cuando el programa anunció en redes sociales que investigaría nuevamente al pastor Márquez, el posteo se llenó de comentarios de personas identificadas como miembros de Beraca ejerciendo presión. La organización tiene, según quienes la conocen desde adentro, un verdadero ejército de fieles dispuestos a actuar en defensa del pastor y su estructura ante cualquier cuestionamiento público.

Ese mecanismo de presión alcanza incluso a víctimas de abuso sexual. La madre de la menor de 14 años abusada por el concejal Cristian Mancilla llamó al programa antes de la emisión para pedir que no difundieran el testimonio porque su hija estaba recibiendo amenazas desde cuentas anónimas de Facebook y había vuelto a expresar deseos de hacerse daño. Es el mismo patrón de siempre: silenciar a las víctimas, proteger a los perpetradores, y seguir operando como si nada hubiera ocurrido.

Conclusión: una deuda política pendiente

La historia de Sartori, Dastugue y Beraca es, en el fondo, una historia sobre cómo el dinero y el poder político pueden volverse cómplices de la explotación de los más vulnerables cuando nadie los obliga a rendir cuentas.

Sartori puso dinero para una campaña. Ese dinero pasó por manos de Dastugue. Dastugue lo filtró. Y los internos de Beraca, personas que habían llegado pidiendo ayuda para salir de la droga o de la calle, terminaron repartiendo listas hasta la madrugada, sin cobrar un peso, para que el yerno del pastor llegara al Parlamento.

Como dijo uno de los ex internos con una claridad que no necesita adornos: “El día que te vas, no te vas ni con un trabajo estable, ni con un estudio, con nada. Nadie viene a decirte: tomá, por tanto tiempo de servicio. Nadie.”

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