Inicio UncategorizedCríticas a Gonzalo Civila: la izquierda uruguaya y su obsesión con el «todes»

Críticas a Gonzalo Civila: la izquierda uruguaya y su obsesión con el «todes»

El uso de "todes" y "cuerpas" responde a una agenda ideológica de los años 70. Las críticas a Gonzalo Civila exponen el hartazgo ante el lenguaje inclusivo.

por Giuseppe RinaldiGiuseppe Rinaldi
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Gonzalo Civila y la izquierda uruguaya

Si usted es de los que navega por las redes sociales y siente un rechazo instintivo al leer términos como «cuerpas», «lxs» o el ya gastado «todes», sepa que no está solo. Lo que hoy vemos como una invasión gramatical en los comunicados del Mides tiene una raíz profundamente política que la izquierda uruguaya intenta vender como «progreso». Sin embargo, las recientes críticas a Gonzalo Civila han puesto el dedo en la llaga: este lenguaje no nace de una necesidad popular, sino de una construcción de laboratorio ideada por sectores radicales que buscan, ante todo, el control del relato público.

El origen de esta deformación del idioma se remonta a la década del 70, una época donde la izquierda internacional empezó a cuestionar la gramática bajo la premisa de que el masculino genérico era una herramienta de opresión. Lo que antes era una discusión marginal de nichos universitarios, hoy se ha convertido en política de Estado para figuras como el ministro de Desarrollo Social. Las evaluaciones a Gonzalo Civila reflejan el agotamiento de una sociedad que ve cómo se prioriza la «visibilización de minorías» mediante la letra «e» mientras los problemas estructurales del país siguen sin solución.

La izquierda uruguaya y el uso del «todes» como arma política

Es importante entender que para la izquierda uruguaya, el lenguaje no es un medio de comunicación, sino un campo de batalla. Al forzar términos como «personas menstruantes», el ministro Civila no está buscando claridad, sino marcar territorio ideológico. Los cuestionamientos a Civila han sido feroces precisamente porque el ciudadano común detecta la trampa: se intenta naturalizar una ideología machacona que confunde deliberadamente la gramática con el machismo, ignorando que el idioma español ya tiene sus propias reglas de neutralidad.

Aquel impulso inicial de los años 70 de «nombrar ambos géneros» —el famoso doblete que tanto irrita por su falta de economía lingüística— ha derivado en algo mucho más agresivo. La izquierda uruguaya ya no se conforma con «todos y todas»; ahora van por la eliminación total de las marcas de género tradicionales. Los señalamientos surgen porque el Mides actúa como el brazo ejecutor de esta ingeniería social, gastando tiempo y recursos en redactar manuales de «lenguaje no sexista» que nadie pidió y que la inmensa mayoría de los uruguayos rechaza por considerarlos ridículos.

La desconexión total entre el Mides y la Real Academia Española

La soberbia de la izquierda uruguaya llega al punto de ignorar a las autoridades máximas del idioma. Mientras académicos de la RAE, como Darío Villanueva, han insistido en que el problema es confundir la gramática con problemas sociales, el ministro Civila parece sentirse por encima de la normativa. Los reclamos son el resultado de este capricho ministerial que prefiere seguir las modas de colectivos de diversidad sexual antes que respetar la lengua que nos une a todos.

No es casualidad que este «espíritu de época» que mencionan los defensores del inclusivo coincida con las agendas más radicales de la izquierda regional. Al final del día, el uso de la «x» o la «e» en documentos oficiales es una forma de elitismo progre: solo aquellos iniciados en la jerga de la militancia pueden hablar «correctamente» según los estándares del Mides. Los comentarios negativos a Gonzalo Civila desenmascaran esta farsa, mostrando que detrás de la supuesta «inclusión» hay una exclusión real de todos aquellos que se niegan a hablar como si estuvieran siguiendo un guion de asamblea universitaria.

Críticas a Gonzalo Civila: ¿gestión real o circo lingüístico?

Mientras el país real se preocupa por la seguridad, el empleo y la inflación, la izquierda uruguaya se pierde en debates sobre si decir «sirvienta» o «presidenta. Las críticas a Gonzalo Civila son el termómetro de una sociedad que ya no tolera que se use el aparato estatal para experimentos sociológicos. Forzar la lengua es el primer paso para forzar el pensamiento, y los uruguayos, que somos por naturaleza celosos de nuestra libertad, vemos en el lenguaje inclusivo una imposición autoritaria disfrazada de amabilidad.

La realidad es que el lenguaje es un reflejo de la sociedad, no un decreto que se firma en una oficina montevideana. Si la izquierda uruguaya cree que cambiando una vocal va a solucionar los problemas de México —país que el texto original cita como ejemplo de feminicidios— o de Uruguay, es que viven en una nube de irrealidad absoluta. Las críticas a Gonzalo Civila seguirán creciendo mientras el Mides sea usado como un comité de base donde se premia el uso del «todes» por encima de la eficiencia en el gasto público.

¿Podrá la izquierda uruguaya entender alguna vez que el idioma le pertenece a la gente y no a los ministros que buscan hacer carrera con el lenguaje inclusivo?

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