Colas puente Salto Concordia fue la imagen dominante durante gran parte de este viernes en uno de los principales pasos fronterizos del litoral uruguayo. Desde temprano, el tránsito comenzó a incrementarse de forma sostenida, con largas filas de vehículos que avanzaban lentamente hacia la ciudad argentina de Concordia, generando demoras visibles y una circulación muy por encima de lo habitual.
El movimiento no respondió a un evento puntual ni a un pico turístico extraordinario. Quienes aguardaban para cruzar coincidieron en una motivación concreta y reiterada: cargar combustible del lado argentino. Una práctica que, lejos de ser novedosa, vuelve a instalarse con fuerza cada vez que la diferencia de precios entre ambos países se hace más notoria.
Durante la jornada, Uruguay Al Día pudo conversar con varios conductores que permanecían en la fila. En sus testimonios se repitió una sensación común: llenar el tanque en Uruguay se ha transformado en un gasto difícil de sostener, incluso para quienes utilizan el vehículo como herramienta de trabajo o para desplazamientos cotidianos básicos.
“Cruzo porque no me da el bolsillo”, resumió uno de los entrevistados. Otros explicaron que, aun con las dificultades económicas que atraviesa Argentina, el precio del combustible continúa siendo sensiblemente más bajo que en Uruguay, lo que termina empujando a cientos de personas a realizar el cruce, asumir la espera y enfrentar las demoras fronterizas.
El tránsito intenso se hizo notar especialmente en las horas centrales del día. Las filas avanzaban con lentitud, mientras el flujo constante de autos dejaba en evidencia que no se trataba de casos aislados. La postal se repite: familias, trabajadores, pequeños comerciantes y transportistas livianos cruzando el río en busca de una diferencia que, en muchos casos, resulta determinante para llegar a fin de mes.
Más allá del dato puntual del cruce, la situación expone una problemática más profunda. El precio del combustible en Uruguay se ha convertido en un factor de presión constante sobre el costo de vida. No solo impacta en quienes cargan nafta o gasoil, sino que se traslada al transporte, a los alimentos y a los servicios, generando un efecto en cadena que termina golpeando a toda la economía doméstica.
En ese contexto, el cruce a Concordia aparece como una válvula de escape, aunque no exenta de costos. Tiempo perdido, desgaste del vehículo y la incertidumbre de encontrarse con filas más largas de lo previsto forman parte del escenario. Sin embargo, para muchos, la alternativa de cargar en Uruguay directamente no es viable.
El malestar se percibe en los relatos. No hay entusiasmo ni espíritu de paseo en quienes esperan en la fila. Predomina, en cambio, una mezcla de resignación y enojo. Resignación por tener que cruzar la frontera para un gasto básico. Enojo por la sensación de que el precio interno del combustible se ha vuelto desproporcionado frente a los ingresos.
La situación registrada este viernes en el puente Salto–Concordia no es un hecho aislado. En los primeros días de enero, otros pasos fronterizos del país también mostraron demoras y colas asociadas al cruce hacia Argentina, ya sea para cargar combustible o realizar compras. En el litoral, esta dinámica se siente con particular fuerza por la cercanía y la facilidad relativa del cruce.
Para la ciudad de Salto, el impacto es visible. El tránsito hacia el puente se intensifica, se generan cuellos de botella y se altera la circulación habitual. A su vez, el fenómeno deja en evidencia una dependencia cada vez mayor de la diferencia de precios con el país vecino para resolver gastos esenciales.
Mientras tanto, el debate de fondo sigue abierto. El costo del combustible en Uruguay continúa siendo señalado como uno de los más altos de la región, y cada episodio de colas en los puentes fronterizos vuelve a poner el tema sobre la mesa. No se trata solo de números, sino de una realidad cotidiana que empuja a cientos de personas a cruzar la frontera para algo tan básico como llenar el tanque.
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