Tabla de contenidos
El primer festejo del año se tiñó de amarillo y negro
El Estadio Centenario fue testigo este domingo de un encuentro que tuvo todos los condimentos típicos de nuestro fútbol: pierna fuerte, polémicas en la tribuna y un desenlace agónico. El Clásico de la Supercopa terminó en manos de Peñarol, que supo mantener la calma en una definición por penales para llevarse el primer trofeo de la temporada 2026. Tras un 0 a 0 que se estiró durante los 90 minutos reglamentarios y los 30 del alargue, el equipo dirigido por Diego Aguirre se impuso 4 a 2 desde los doce pasos, dejando a su tradicional rival con las manos vacías en el debut oficial de ambos.
La paridad fue la nota dominante durante gran parte de la tarde. En el primer tiempo, tanto los carboneros como los dirigidos por Jadson Viera se dedicaron más a anular las virtudes del rival que a proponer un juego fluido. Esta final que paraliza al país mostró a un Peñarol ordenado defensivamente con Britos y Gularte, frente a un Nacional que intentó lastimar con la jerarquía de Coates y el ímpetu del «Diente» López, aunque sin la profundidad necesaria para romper el cero antes del descanso.
Un segundo tiempo marcado por las tarjetas rojas
La temperatura del partido subió considerablemente apenas arrancado el complemento. A los 7 minutos de la segunda mitad, el árbitro Esteban Ostojich no dudó en mostrarle la roja a Leandro Umpiérrez tras una dura entrada sobre Sebastián Coates. Sin embargo, la ventaja numérica para el tricolor duró apenas un suspiro. Dos minutos más tarde, Gonzalo Carneiro vio la tarjeta roja por una infracción que emparejó las cargas, dejando a ambos equipos con diez hombres en este accidentado choque por la Supercopa.
A partir de allí, el encuentro se volvió una batalla táctica donde el miedo a perder pesó más que la ambición de ganar. El desgaste físico empezó a pasar factura en un Centenario que ardía bajo el sol de febrero. Peñarol, con el ingreso de piernas frescas, intentó aprovechar las bandas, pero la zaga de Nacional, liderada por Millán y Patiño, se mostró sólida. El Clásico de la Supercopa entraba en una zona de riesgo donde cualquier error podía costar el título, pero las defensas terminaron imponiéndose a los ataques.
El folklore que casi empaña la fiesta deportiva
Hacia el final de los 90 minutos, el clima en las tribunas obligó a detener el juego. El uso de bengalas y el despliegue de banderas con contenido político generaron una pausa que puso en duda la continuidad del espectáculo. Una bengala cayó al campo de juego y el árbitro Ostojich aplicó el protocolo de seguridad, advirtiendo a los capitanes que, de repetirse el incidente, el partido que define todo sería suspendido. Afortunadamente, la cordura regresó a las gradas y el fútbol pudo seguir su curso hacia el tiempo suplementario.
Durante el alargue, la tónica no cambió demasiado. Ambos equipos acusaron el cansancio y las chances de gol fueron escasas. La figura de los arqueros empezó a agigantarse pensando en lo que todos sabían inevitable: la definición por penales. Fue una prueba de fuego para los sistemas de streaming y televisión, que bajo las nuevas normativas de la AUF, debieron hacer equilibrio para mostrar el fervor de Supercopa: el clásico esperado sin enfocar los incidentes que casi arruinan la jornada.
Los penales y la consagración del carbonero
En la tanda definitiva, Peñarol fue implacable. Los pateadores del aurinegro mostraron una efectividad del 100%, convirtiendo los cuatro disparos que ejecutaron. Por el lado de Nacional, la puntería falló en dos oportunidades, lo que terminó sentenciando la historia a favor del equipo de Aguirre. Este título en el Clásico de la Supercopa significa un espaldarazo enorme para el cuerpo técnico y el plantel, que arranca el año con la tranquilidad de haberle ganado el primer duelo directo al tradicional rival.
Las repercusiones de este triunfo se sentirán durante toda la semana en Los Aromos, mientras que en Los Céspedes habrá que hacer una autocrítica profunda sobre la falta de eficacia ofensiva. El Clásico de la Supercopa dejó en claro que la paridad en el fútbol uruguayo sigue siendo extrema y que los detalles, o la frialdad desde el punto penal, son los que terminan definiendo quién levanta la copa. Peñarol festeja, se queda con la gloria del verano y ya pone la mira en el campeonato uruguayo que asoma en el horizonte.
¿Será este triunfo por penales el presagio de un año de dominio aurinegro o Nacional logrará cobrarse revancha cuando empiecen a jugarse los puntos por el Apertura?
