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El final del camino judicial para los líderes del Chaco profundo
La Justicia de la provincia de Chaco puso punto final, al menos en su instancia de primera condena, a uno de los episodios más tenebrosos de la crónica policial argentina de los últimos años. El denominado Clan Sena, integrado por el dirigente social Emerenciano Sena, su esposa Marcela Acuña y su hijo César, recibió este martes la pena de prisión perpetua por el femicidio de Cecilia Strzyzowski. La joven, que desapareció en junio de 2023 tras ingresar a la casa de la familia en la ciudad de Resistencia, fue víctima de un plan orquestado que conmocionó a la opinión pública por la vinculación de los acusados con el poder político regional de aquel entonces.
La jueza técnica Dolly Fernández fue la encargada de leer las penas impuestas, luego de que un jurado popular declarara la culpabilidad unánime de los tres integrantes de la familia. El núcleo familiar Sena siguió la audiencia de manera virtual desde sus respectivos centros de reclusión, escuchando cómo la magistrada ratificaba la sentencia máxima prevista por el Código Penal argentino para este tipo de delitos. Para el tribunal, quedó probado que César Sena fue el autor material del homicidio doblemente agravado, mientras que sus padres actuaron como partícipes primarios necesarios para ejecutar el crimen y asegurar su impunidad posterior.
El rol del Clan Sena en la planificación del crimen
Durante el proceso judicial, tanto la fiscalía como las querellas que representan a la familia de la víctima hicieron hincapié en la estructura jerárquica que regía dentro del domicilio de la calle Santa María de Oro. Para los investigadores, la estructura Sena no actuó de manera impulsiva, sino que existió un diseño previo para eliminar a Cecilia del entorno familiar. Se destacó la importancia de Marcela Acuña y Emerenciano Sena no solo en el encubrimiento, sino en la facilitación de los medios y el espacio físico para que se consumara el femicidio, aprovechando el control absoluto que ejercían sobre sus seguidores y su territorio.

Los integrantes del Clan Sena recibieron prisión perpetua.
La condena de la organización Sena se basó en una serie de pruebas indiciarias y tecnológicas que suplieron la ausencia del cuerpo de la joven, cuyos restos nunca fueron hallados de forma íntegra tras meses de rastrillajes en campos pertenecientes a la familia. Los peritajes demostraron que el día de la desaparición, Cecilia ingresó a la vivienda pero nunca salió por sus propios medios. Este vacío probatorio respecto al paradero final de la víctima fue, paradójicamente, uno de los argumentos que terminó de hundir al Clan Sena, al evidenciar un despliegue logístico de encubrimiento que solo una estructura organizada podía llevar adelante.
Encubridores y penas menores para los colaboradores
Además de los tres líderes del Clan Sena, la justicia argentina también dictó sentencia para los colaboradores más cercanos que ayudaron a borrar rastros en los días posteriores al asesinato. Gustavo Obregón, mano derecha de la familia, fue condenado a 5 años y 10 meses de prisión, mientras que Fabiana González recibió una pena de 5 años. Por último, Gustavo Melgarejo, casero del campo donde se sospecha que se eliminaron los restos, recibió una condena de 2 años y 10 meses en suspenso. Estas figuras de encubrimiento fueron vitales para armar el rompecabezas de lo sucedido dentro del núcleo íntimo del Colectivo Sena.
La sentencia impacta no solo en lo judicial, sino en el tejido social de una provincia que vio cómo un grupo con pretensiones de liderazgo social se transformaba en una estructura criminal capaz de desaparecer a una persona en plena democracia. La figura del Clan Sena representaba, para muchos, un modelo de gestión barrial mediante planes estatales que ahora queda definitivamente desmantelado ante la mirada de la justicia. Los abogados defensores ya anunciaron que apelarán la medida, pero el peso del veredicto del jurado popular deja poco margen de maniobra para evitar que los condenados pasen el resto de su vida en prisión.
La repercusión internacional y el legado del caso
El femicidio de Cecilia y la caída del Clan Sena cruzaron fronteras, llegando a los medios de Uruguay y toda la región como un ejemplo de los peligros de la mezcla entre punteros políticos y violencia de género impune. La condena a perpetua llega casi tres años después del crimen, en un proceso que tuvo que sortear presiones y dilaciones de todo tipo. Para la familia de Cecilia Strzyzowski, este veredicto es un bálsamo de justicia, aunque el dolor persiste ante la incertidumbre de no saber con exactitud qué hicieron con los restos de la joven tras el asesinato cometido por el Clan Sena.
La caída de este imperio de influencia en Chaco marca un precedente en la lucha contra la violencia machista y el abuso de poder en las provincias del norte argentino. La sentencia deja claro que ninguna vinculación política puede servir de escudo ante crímenes de esta magnitud. El Clan Sena enfrentará ahora el largo camino de la cárcel, lejos de los privilegios y el temor que supieron infundir durante décadas en su comunidad. Es, en definitiva, el cierre de un ciclo de violencia que tuvo su punto más oscuro en aquel mediodía de junio donde la vida de Cecilia fue arrebatada por quienes se creían dueños de la ley.
¿Será esta condena ejemplar el inicio de un cambio real en la fiscalización de los grupos de poder territoriales que operan bajo la sombra de la política en las provincias argentinas?
