Salud y bienestar

Ciencia revela por qué el dolor crónico afecta más a mujeres

Un estudio publicado en Science derriba viejos prejuicios y confirma que factores hormonales, inmunitarios y neuronales hacen que el cuerpo femenino perciba el dolor de forma distinta.

Ilustración sobre la percepción científica del dolor en mujeres
Bases biológicas del dolor crónico según una revisión publicada en Science.

Por años, la medicina convivió con la idea preconcebida de que el dolor crónico en las mujeres respondería a una menor tolerancia física o a factores estrictamente emocionales. Sin embargo, la ciencia ha comenzado a desmantelar de forma tajante esa mirada. Una revisión científica publicada en la prestigiosa revista Science por investigadoras de la Universidad de California en San Francisco demuestra que la mayor prevalencia de patologías como la endometriosis, la fibromialgia, las migrañas y el síndrome del intestino irritable responde a mecanismos biológicos concretos. La combinación entre el sistema hormonal, la respuesta inmunitaria, la estructura cerebral y la microbiota intestinal modifica de manera directa el modo en que el organismo femenino capta, procesa y reacciona ante las señales de malestar.

Las autoras de la investigación señalaron explícitamente que la evidencia busca dar respuestas precisas a las pacientes que llevan décadas esperando que la medicina supere el enfoque simplista de que sus dolencias están «en su cabeza». Las diferencias no son una cuestión de percepción subjetiva ni de susceptibilidad psicológica, sino de un complejo entramado fisiológico que altera el procesamiento neuronal del dolor.

Imagen conceptual sobre la investigación médica del dolor crónico.
Imagen conceptual sobre la investigación médica del dolor crónico.

La influencia de los estrógenos y la sensibilización del sistema nervioso

El estudio detalla que los cambios hormonales que se desencadenan a partir de la pubertad cumplen un rol determinante. Hormonas como los estrógenos y la progesterona trascienden las funciones vinculadas al ciclo reproductor, ejerciendo un impacto directo sobre la estructura del sistema nervioso, la cavidad intestinal y la respuesta inmunológica.

Específicamente, los estrógenos pueden reducir el umbral de dolor, haciendo que el cuerpo reaccione con mayor intensidad ante un estímulo físico determinado. Esta modulación afecta tanto a la médula espinal como al cerebro, órganos encargados de procesar y catalogar las molestias. A través de un fenómeno conocido como sensibilización central, el sistema nervioso queda en un estado de reactividad permanente, respondiendo de manera desproporcionada o prolongada ante estímulos que en condiciones previas habrían generado apenas una molestia menor. Este mecanismo resulta central para comprender la evolución sostenida de condiciones como la fibromialgia o las cefaleas crónicas.

Representación gráfica de la sensibilidad nerviosa e inmunitaria.
Representación gráfica de la sensibilidad nerviosa e inmunitaria.

Conexión neuroinmune y el papel de la microbiota intestinal

El reporte señala asimismo que el sistema inmunitario actúa de forma diferenciada según el sexo biológico ante una inflamación o lesión. Las células de defensa liberan sustancias químicas que interactúan directamente con los nervios en un proceso denominado interacción neuroinmune. Cuando esta vía de comunicación se desregula, las señales dolientes pueden persistir de forma continua en el tiempo, aun cuando la herida o el tejido afectado originalmente ya hayan cicatrizado.

Por otra parte, la investigación aborda la relevancia del eje intestino-cerebro. La microbiota digestiva, compuesta por billones de bacterias, interactúa con los niveles estrogénicos. Las variaciones en las hormonas sexuales pueden alterar la composición bacteriana y promover la liberación de sustancias proinflamatorias, un factor fuertemente asociado a patologías digestivas como el síndrome del intestino irritable. Holly A. Ingraham, una de las autoras del informe, subrayó que la comunidad científica ha dejado de considerar a las hormonas sexuales como una causa aislada, entendiéndolas como parte de una red donde interactúan genes, nervios y defensas inmunitarias.

El reto de la medicina respecto a la brecha de género en ensayos

A pesar de los avances en el campo de la investigación básica, la traslación de estos descubrimientos a la práctica clínica cotidiana enfrenta retrasos considerables. Históricamente, la investigación médica adoptó el cuerpo masculino como modelo estándar de estudio, omitiendo el análisis diferenciado de los datos por sexo en las fases de ensayo.

Sobre esta brecha, Carlos Goicoechea García, catedrático de Farmacología de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, observó que existen discrepancias sustanciales en la respuesta al dolor entre hombres y mujeres, afectando tanto la dimensión sensorial como la emocional. No obstante, advirtió que la medicina no ha logrado dar un salto consistente en el plano terapéutico, ya que en muchos ensayos clínicos no se analiza de manera sistemática si un mismo fármaco actúa con idéntica eficacia o efectos secundarios en ambos sexos.

Perspectivas para el abordaje del dolor en el futuro

El estudio plantea que los futuros desarrollos médicos deben abandonar los tratamientos estandarizados e incorporar activamente el perfil hormonal, el estado del sistema inmunitario y la dinámica de los circuitos nerviosos de cada paciente. El abordaje integral del dolor crónico requiere diferenciar las causas biológicas específicas para ofrecer alternativas terapéuticas precisas y efectivas.

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