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La metamorfosis de una loba que no sabe de techos
Este 2 de febrero no es una fecha más para el pop internacional. Shakira Isabel Mebarak Ripoll cumple 49 años y lo hace ostentando una vigencia que asombra a propios y ajenos. Lejos de quedar anclada en la nostalgia de los noventa, la carrera de Shakira ha demostrado ser un organismo vivo, capaz de mutar de la balada rockera al reggaetón más picante sin perder la esencia que la hizo única. Desde aquellas primeras letras que escribía a los ocho años en su Barranquilla natal, la colombiana dejó en claro que su ambición no tenía fronteras geográficas ni géneros prohibidos.
El primer gran quiebre Shakira: de Barranquilla al mundo llegó en 1995 con Pies Descalzos. Después de dos intentos juveniles que pasaron casi desapercibidos, este álbum fue el que le permitió golpear la mesa en toda América Latina. Temas como «Estoy aquí» o «Antología» se convirtieron en la banda sonora de una generación que buscaba una voz femenina con carácter y letras que salieran de lo convencional. Con el pelo negro y una guitarra al hombro, la artista se diferenciaba del resto de las divas pop de la época, apostando a una propuesta más orgánica y cruda.

El despliegue escénico que define la carrera de Shakira. (crédito @nicolasgerardin/ Instagram)
El salto al inglés y la conquista del mercado anglo
Si el éxito en español ya era masivo, el año 2001 marcó un antes y un después definitivo en el camino de la estrella colombiana. Con el lanzamiento de Laundry Service, la cantante asumió el riesgo de traducir sus sentimientos al inglés, logrando un impacto inmediato en las listas de Billboard. «Whenever, Wherever» no solo fue un hit radial; fue la carta de presentación de una artista que dominaba el movimiento de caderas y la producción de primer nivel. Este paso consolidó su estatus de estrella global, abriéndole las puertas de estadios en rincones del planeta donde el español apenas se conocía.
A pesar de las críticas iniciales de los sectores más conservadores del rock, la artista que conquistó escenarios globales se mantuvo firme bajo su propia visión. Álbumes como Fijación Oral Vol. 1 y Oral Fixation Vol. 2 demostraron que podía colaborar con Alejandro Sanz en una bachata pop como «La Tortura» y, al mismo tiempo, romper récords de descargas con «Hips Don’t Lie. La versatilidad se volvió su marca registrada, permitiéndole experimentar con sonidos electrónicos en She Wolf y volver a sus raíces latinas en Sale el Sol, siempre con un ojo puesto en la innovación sonora.

El compromiso social dentro de la carrera de Shakira. (OCESA: César Vicuña)
La era de las colaboraciones y el fenómeno Bizarrap
En la última década, la carrera de Shakira ha sabido leer mejor que nadie el cambio de paradigma en la industria musical. Su acercamiento a los ritmos urbanos no fue un manotazo de ahogado, sino una integración natural con las nuevas tendencias. Colaboraciones con Maluma, Rauw Alejandro y Karol G la mantuvieron en el podio de las plataformas de streaming. Sin embargo, fue su participación en la Bzrp Music Sessions #53 lo que rompió internet, demostrando que su capacidad para convertir el dolor personal en un fenómeno de masas sigue intacta.
Esta etapa reciente de la evolución de Shakira en la música ha sido especialmente movida. Tras su separación mediática, la artista eligió la música como catarsis, logrando que canciones como «Te felicito» o «TQG» se volvieran himnos de empoderamiento. Su paso por el Super Bowl en 2020 ya había dejado claro que, como performer, está en una liga propia, pero su reciente seguidilla de éxitos confirma que el público no solo la respeta por su pasado, sino que consume con avidez su presente. No hay boliche en Uruguay donde, al sonar su voz, la pista no se llene de inmediato.
Un legado que va mucho más allá de los escenarios
Sería un error analizar la carrera de Shakira quedándose solo en los números de ventas o los premios Grammy. Su impacto social a través de la Fundación Pies Descalzos ha permitido que miles de niños en Colombia tengan acceso a una educación digna y escuelas de primer nivel. Este compromiso, que sostiene desde sus inicios, humaniza a la estrella y le da un propósito que trasciende los aplausos. Como embajadora de buena voluntad de UNICEF, ha llevado su voz a foros internacionales, defendiendo los derechos de la infancia con la misma pasión con la que defiende sus canciones.
Hoy, a los 49 años, la cantante se encuentra grabando nuevo material y preparando giras que prometen volver a revolucionar el mercado. La carrera de Shakira es el ejemplo perfecto de que el talento, cuando se combina con una disciplina de hierro y una curiosidad inagotable, no tiene fecha de vencimiento. Barranquilla le dio la cuna, pero el mundo se convirtió en su escenario, y todo indica que todavía nos quedan muchos capítulos por escribir en esta historia de éxito y resiliencia.
¿Es posible imaginar el pop latino de las últimas tres décadas sin la influencia y el camino que trazó Shakira para las nuevas generaciones?
