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El caos en Caracas se puede oler en el aire denso de las estaciones de servicio y en el silencio sepulcral de las zonas que antes eran un hervidero. Tras la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, la capital venezolana entró en una fase de supervivencia pura. Según los reportes que llegan desde el lugar, como los registrados por la señal TN, miles de ciudadanos se volcaron a las calles apenas cayó el sol para intentar abastecerse de lo más básico: comida, agua y combustible. La incertidumbre sobre quién manda realmente en los despachos oficiales ha empujado a la gente a un estado de alerta roja permanente.
Las imágenes que recorren el mundo muestran filas que parecen no tener fin en los pocos locales que todavía mantienen sus puertas abiertas. Este caos en Caracas no es nuevo, pero la velocidad con la que se degradó la seguridad tras el operativo militar de Estados Unidos no tiene precedentes. La periodista Carolina Amoroso, quien se encuentra en la zona, explicó que el temor a un desplazamiento forzado o a enfrentamientos armados en las zonas céntricas ha provocado que las familias busquen suministros para aguantar varios días encerrados o, en el peor de los casos, para huir hacia el interior del país.
Tabla de contenidos
La intervención de Washington ante el caos en Caracas
Mientras las estaciones de servicio colapsan, desde la Casa Blanca llegó un mensaje que terminó de sacudir el tablero. El presidente Donald Trump confirmó que su administración tomará las riendas del país caribeño hasta que se logre una «transición ordenada. Esta decisión busca, en teoría, frenar el caos en Caracas, pero para muchos analistas internacionales representa el inicio de un gobierno tutelado por Washington. Trump aseguró que no permitirá que «personas malas» sigan liderando y que el ejército de EE. UU. ya tiene presencia en el territorio para asegurar que la ayuda llegue a destino.
«Estamos listos para volver, si es necesario», sentenció Trump, dejando claro que no le va a temblar el pulso para desplegar más tropas si el caos en Caracas se sale de control. El mandatario norteamericano reconoció que la reconstrucción de la infraestructura venezolana será una tarea «muy compleja» y que el proceso no será de un día para el otro. Para los caraqueños que hoy duermen en sus autos haciendo fila para cargar un poco de nafta, las promesas de estabilidad futura suenan lejanas frente a la urgencia de una heladera que se queda vacía en medio de la noche.
El desabastecimiento agrava el caos en Caracas
En los supermercados y almacenes, la situación es crítica. El caos en Caracas se traduce en góndolas peladas y precios que cambian en cuestión de minutos, mientras la gente intenta llevarse todo lo que pueda cargar. Los videos registrados este sábado muestran un clima de tensión donde el miedo a los saqueos convive con la necesidad imperiosa de comprar harina, arroz y enlatados. El gobierno de Estados Unidos ha prometido que se asegurará de que el pueblo esté «cuidado», pero la logística para alimentar a una ciudad de millones de habitantes en medio de una intervención militar es un desafío que todavía no tiene respuestas claras.

El desabastecimiento se profundiza por el caos en Caracas.
Otros sectores de la ciudad, sin embargo, presentan una cara distinta: calles completamente vacías donde el silencio solo es interrumpido por el paso de algún vehículo militar. Este caos en Caracas tiene matices; es un desorden organizado por el pánico. La presencia de efectivos estadounidenses en puntos estratégicos ha disuadido, por ahora, los grandes estallidos de violencia civil, pero el sentimiento de que «algo gordo» está por pasar mantiene a la población en un vilo constante. Las zonas aledañas a la capital también han empezado a sentir el impacto del desabastecimiento, a medida que los camiones de suministros dejan de llegar por temor a las represalias del ejército o de lo que queda de los colectivos chavistas.
Reconstrucción e infraestructura tras el caos en Caracas
Trump ha subrayado que su objetivo es lograr una región «más segura y sin enemigos. Sin embargo, para frenar el caos en Caracas se necesita algo más que retórica política; se requiere una inversión masiva en servicios públicos que el chavismo dejó en ruinas. El sistema eléctrico y el suministro de agua potable están pendiendo de un hilo, y cualquier falla mayor en estos servicios podría convertir las protestas por alimentos en un estallido social inmanejable. La administración Trump ya está armando el esquema para gobernar la nación, pero el tiempo corre en contra de la paciencia de un pueblo que ya sufrió demasiado.
El camino hacia una Venezuela estable parece hoy más largo que nunca. El caos en Caracas es el síntoma de una enfermedad profunda que la captura de un solo hombre no va a curar de inmediato. Mientras Maduro espera su juicio en una celda de Brooklyn, los venezolanos en la capital se preparan para lo que podría ser la semana más difícil de sus vidas. La pregunta que flota en el aire, entre el ruido de los generadores eléctricos y el murmullo de las colas, es si este desorden es el costo necesario para alcanzar la libertad o si la cura terminará siendo tan compleja como la enfermedad misma.
