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La hora de la verdad para el pibe que sacudió el tablero
A pocas semanas de que los motores vuelvan a rugir, el nombre de Franco Colapinto en la Fórmula 1 sigue siendo el epicentro de una efervescencia que no conoce fronteras, pero que su círculo íntimo intenta gestionar con prudencia. Aníbal Colapinto, padre del piloto que devolvió a la región el orgullo de tener un representante en la «Máxima», alzó la voz para bajar un poco las revoluciones. En una charla distendida con la prensa española, Aníbal dejó claro que, si bien el talento está, el 2026 es un año de quiebre técnico donde nadie tiene la vaca atada y la adaptación será la clave del éxito.
La relación con su nuevo compañero de equipo, el francés Pierre Gasly, es uno de los puntos que más curiosidad despierta en el paddock. Según Aníbal, la sintonía entre ambos es excelente, pero no ignora las leyes no escritas del automovilismo de elite. La llegada de el argentino que pisa fuerte en la F1 a la estructura de Alpine supone un desafío de convivencia donde el primer rival es siempre el que está del otro lado del box. Por ahora, el clima es de sinergia y construcción, pero el «viejo» Colapinto sabe que la verdadera cara de la competencia asoma cuando se apagan los semáforos.
El factor Gasly y la sombra de Briatore
Aníbal no escatimó en elogios para el compañero de su hijo, calificándolo como un «clasificador de la hostia» y un piloto con un recorrido probado. Esta comparación sirve para marcar dónde está parado hoy Colapinto, la nueva cara del automovilismo: un piloto con un ritmo de carrera envidiable que todavía debe pulir esos sábados de clasificación para largar más arriba. La sociedad técnica busca sacar a Alpine del pozo, pero la frase de Flavio Briatore sobre que la amistad se termina en la tercera carrera sobrevuela el ambiente como una advertencia necesaria.

Gasly será el compañero de Franco Colapinto en la Fórmula 1.
El trabajo interno en Enstone ha sido intenso, intentando que el A526 sea un auto digno de pelear por los puntos de forma constante. Para el piloto que divide opiniones dentro y fuera de la pista, contar con un ladero experimentado como Gasly puede ser una ventaja pedagógica, siempre y cuando el equipo logre canalizar esa energía en mejorar el rendimiento del monoplaza. El objetivo es claro: que ambos autos sumen y que la escudería francesa recupere el prestigio perdido en las últimas temporadas ante el avance de equipos como Aston Martin o McLaren.
Un reglamento histórico que baraja y da de nuevo
Si algo pidió Aníbal fue realismo ante el cambio normativo que enfrenta la categoría este año. La presencia de Franco Colapinto: talento y polémica en la F1 coincide con una de las transformaciones técnicas más profundas de la historia, lo que significa que los datos de años anteriores sirven para poco y nada. «Todavía no se demostró nada», sentenció el padre del piloto, apelando a esa filosofía del «paso a paso» que tan bien conocemos por estas latitudes para no generar una presión desmedida sobre los hombros del joven pilarense.
Las pruebas en Barcelona dejaron sensaciones encontradas, típicas de una pretemporada donde todos esconden sus cartas. Para Franco Colapinto, el verdadero termómetro será Bahréin, donde la configuración del auto deberá ser definitiva. El cambio en las unidades de potencia y la aerodinámica obliga a los pilotos a un reseteo mental. Aníbal insiste en que no hay que desesperarse si los resultados no caen del cielo en las primeras vueltas, ya que la curva de aprendizaje será pronunciada para toda la parrilla.
El misticismo detrás del número 43
Más allá de las tuercas y la telemetría, el componente emocional siempre juega su partido en la carrera de un deportista. Aníbal reveló finalmente el origen del número 43 que acompaña a Franco Colapinto en la Fórmula 1. No fue una elección al azar ni un capricho de marketing, sino un homenaje a la historia familiar en las pistas. El número 7, el favorito de Aníbal en sus épocas de corredor, estaba ocupado, y la solución matemática (4+3=7) dio origen a un emblema que hoy es marca registrada en el mundo del motor.
El momento en que Franco le comunicó a su padre que llevaría el 43 en la máxima categoría fue, según sus palabras, un golpe al corazón. Representa la continuidad de un sueño que empezó en los zonales y que hoy se codea con la aristocracia del deporte mundial. Con la humildad de quien sabe de dónde viene, pero con la garra necesaria para lo que se viene, Franco Colapinto en la Fórmula 1 se prepara para un 2026 donde, como dice su padre, habrá que «poner más huevos que nunca» para mantenerse en la elite.
¿Será capaz la sinergia entre Gasly y Colapinto de devolver a Alpine a los primeros planos, o la competencia interna terminará por dinamitar el box francés?