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Benjamin Slade: un nombre que evoca castillos, linaje real y, últimamente, una dosis de excentricidad que roza lo cinematográfico. A sus 79 años, este aristócrata británico, descendiente directo del rey Carlos II de Inglaterra, se ha convertido en el protagonista de una búsqueda que mezcla la tradición más rancia con la modernidad de las aplicaciones de citas. Su objetivo no es simplemente encontrar compañía para sus años dorados; Slade busca una mujer joven, de entre 30 y 40 años, capaz de darle un hijo varón que pueda heredar su vasto patrimonio y, sobre todo, perpetuar un apellido que se remonta a siglos de historia europea.

El multimillonario Benjamin Slade genera debate por sus métodos de búsqueda de pareja.
La figura de Benjamin Slade representa una de las ramas más históricas de la nobleza en Somerset, donde posee una finca de 520 hectáreas. Sin embargo, su vida no ha estado exenta de polémicas. A pesar de tener una hija, el multimillonario sostiene con una firmeza casi anacrónica que el honor de su casa solo puede ser custodiado por un descendiente varón. Esta determinación lo ha llevado a establecer una serie de requisitos que parecen extraídos de una prueba de selección para una película de espías: la candidata no solo debe ser joven y fértil, sino que debe saber pilotar un helicóptero y poseer licencia para portar armas de fuego.
Tabla de contenidos
La incursión de Benjamin Slade en el mundo de Tinder
Ante la dificultad de encontrar a su «ideal» en los círculos sociales habituales, Benjamin Slade decidió, por consejo de sus empleados, bajar al barro de la tecnología digital. En octubre de 2025, el aristócrata creó un perfil en la red social Tinder, pero con un detalle no menor: modificó su edad, declarando tener 56 años en lugar de sus reales 79. Según Slade, esta pequeña «mentira blanca» es necesaria para no ser filtrado automáticamente por las mujeres jóvenes que busca, a quienes considera las únicas aptas para cumplir su sueño biológico de paternidad tardía.

Benjamin Slade redujo su edad en Tinder para atraer mujeres de 30 años
Su paso por la televisión británica, específicamente en el programa Millionaire Age Gap Love, dejó en claro que el millonario no tiene filtros a la hora de evaluar a sus pretendientes. Con un léxico directo y muchas veces hiriente, el multimillonario descarta perfiles basándose en la estética o la procedencia geográfica, llegando a declarar que no aceptaría mujeres de países cuyos nombres comiencen con la letra «I. Esta actitud, sumada a su afirmación de tener «reserva en un banco de esperma», lo mantiene como un personaje sumamente divisivo en la opinión pública internacional.
Exigencias y lujos: el contrato de Benjamin Slade
Para tentar a la candidata perfecta, El magnate ofrece un paquete de beneficios que pocos podrían igualar. La elegida recibiría un salario anual de un millón de euros, vacaciones en destinos exóticos y el acceso total a un estilo de vida rodeado de castillos y cacerías de faisanes. Sin embargo, el «empleo» de esposa de Slade conlleva una carga pesada: la obligación de integrarse a un protocolo aristocrático estricto y la presión de dar a luz a un heredero varón bajo las condiciones de un hombre que ya ha fallado en varios matrimonios previos.
La obsesión de Benjamin Slade por el linaje no es nueva. Su matrimonio de 21 años terminó, según sus propias palabras, por la presencia de 17 gatos en su hogar. Luego, dejó a una pareja de larga data, Bridget Convey, simplemente porque a sus 50 años ya no podía concebir. Incluso canceló un compromiso con una poeta estadounidense mucho más joven en el último minuto. Estas historias pintan el retrato de un hombre que prioriza la genética y la herencia por sobre cualquier vínculo afectivo, convirtiendo su búsqueda en una transacción comercial de alto vuelo.
Problemas legales y la sombra de Benjamin Slade
No todo es brillo y títulos nobiliarios en la vida de este hombre. En los últimos años, Slade ha tenido que enfrentar a la justicia británica, perdiendo juicios por discriminación y manutención tras despedir a empleadas que quedaron embarazadas mientras trabajaban para él. Estas derrotas judiciales le costaron casi 180.000 euros, obligándolo a vender parte de sus tierras para saldar las deudas con la ley. Estos antecedentes plantean una duda razonable sobre cómo sería el trato hacia una futura pareja que, precisamente, entraría a su vida con el único fin de quedar encinta.

Benjamin Slade busca una pareja para asegurar su linaje en el Reino Unido.
A pesar de los traspiés y la mirada crítica de la sociedad, el aristócrata no se rinde. Su presencia en apps de citas sigue activa, y su discurso no ha cambiado un ápice: el patrimonio de Somerset debe quedar en manos de un Slade directo. Para él, la edad es un número que se puede negociar en un perfil de redes sociales, pero la sangre azul es un activo que no se puede perder. Mientras el reloj biológico y cronológico avanza, la pregunta queda flotando en el aire de la campiña inglesa.
¿Hasta qué punto es ético que Benjamin Slade convierta la paternidad y el matrimonio en un contrato de servicios con cláusulas de habilidades tácticas y exclusión geográfica?
