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El escenario geopolítico mundial sumó una voz de peso en las últimas horas tras el arresto de Nicolás Maduro. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, no escatimó en elogios hacia la administración de Donald Trump por la ejecución del operativo militar que terminó con el líder chavista en una prisión neoyorquina. Durante la apertura de una reunión de gabinete en Jerusalén, el mandatario israelí subrayó que América Latina está experimentando una transformación profunda, alejándose de los regímenes autoritarios para abrazar un eje de libertad y justicia que su país está más que dispuesto a respaldar.
Para Benjamin Netanyahu, la caída del régimen venezolano no es solo un asunto interno de Sudamérica, sino un movimiento estratégico que golpea directamente los intereses de Irán en la región. El premier felicitó públicamente a Trump por la planificación quirúrgica de la acción y reconoció el profesionalismo de las fuerzas militares estadounidenses. En el edificio gubernamental de Jerusalén, se respira un aire de optimismo; ven en este cambio de mando la oportunidad de oro para recuperar la influencia perdida en una zona que, durante casi dos décadas, les fue hostil.
Tabla de contenidos
El fin de la influencia iraní según Benjamin Netanyahu
La postura de Benjamin Netanyahu tiene raíces profundas en la seguridad nacional de Israel. Bajo el mando de Maduro, Venezuela se había convertido en el principal puerto de entrada para la influencia teocrática de Irán en el continente americano. Al apartar al dictador, Israel celebra que se haya desarticulado una red que, según sus servicios de inteligencia, vinculaba al narcotráfico con el terrorismo islámico. El ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Saar, reforzó la línea de Benjamin Netanyahu al señalar que el ex dictador encabezaba estructuras ilegales que ponían en riesgo la estabilidad global.
Con la designación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada por parte del TSJ, el panorama sigue siendo turbulento, pero para Benjamin Netanyahu, el proceso es irreversible. El gobierno israelí considera que el alineamiento de varios países latinoamericanos hacia Estados Unidos facilita una normalización de vínculos que permanecen rotos desde 2009. Fue en aquel año cuando Hugo Chávez decidió cortar relaciones tras una ofensiva israelí en Gaza, iniciando una era de retórica antisemita y alianzas con grupos radicales que Benjamin Netanyahu siempre denunció ante la comunidad internacional.
Una oportunidad para normalizar relaciones diplomáticas
El canciller Saar puntualizó que Israel acompaña al pueblo venezolano en su valoración por la libertad, un sentimiento que Benjamin Netanyahu ha intentado cultivar a través de contactos informales con la oposición venezolana durante años. Este momento representa, para la diplomacia israelí, la chance de abrir un futuro político más seguro y alejado de las estructuras de las redes internacionales de crimen organizado. La idea de reabrir embajadas y fomentar la cooperación técnica en agricultura y seguridad está sobre la mesa de trabajo de Benjamin Netanyahu como una prioridad para el 2026.
Desde Uruguay y el resto del Cono Sur, se observa con atención este acercamiento. El respaldo de Benjamin Netanyahu a la «firme decisión» estadounidense marca un hito en la política exterior del Estado judío hacia nuestra región. No se trata solo de diplomacia, sino de un cambio de paradigma; el eje que antes unía a Caracas con Teherán parece estarse desmoronando, y Benjamin Netanyahu está decidido a ser uno de los arquitectos del nuevo orden que surja de las cenizas del chavismo-madurismo.
El futuro de Venezuela en la agenda de Benjamin Netanyahu
Mientras el ex dictador y su esposa, Cilia Flores, enfrentan cargos por conspiración narcoterrorista en un tribunal federal de Manhattan, Israel ya proyecta su influencia. Benjamin Netanyahu confía en que la «transición juiciosa» que prometió Trump permita que Venezuela regrese al concierto de naciones democráticas. Para el premier, la seguridad de Sudamérica es vital para evitar que grupos como Hezbollah sigan operando con impunidad bajo el amparo de gobiernos corruptos. La «transformación» de la que habla Benjamin Netanyahu es, en el fondo, una purga de la presencia iraní en el hemisferio occidental.
La pregunta que queda en el aire entre los analistas de Montevideo y Buenos Aires es hasta qué punto este respaldo explícito facilitará la llegada de inversiones y cooperación tecnológica de Israel a una Venezuela en ruinas. El camino no será sencillo, dado que el chavismo residual aún controla piezas clave del Estado, pero el espaldarazo de Benjamin Netanyahu es una señal clara para los mercados y para los militares venezolanos que todavía dudan de qué lado estar. La justicia y la libertad, conceptos que el primer ministro destacó en su discurso, parecen estar hoy un poco más cerca de concretarse en la tierra de Bolívar.
