BASF en Uruguay: masiva reducción de personal y alarma en servicios
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El drástico recorte de personal en BASF en Uruguay sacude al WTC

Crisis en BASF en Uruguay: la firma recortará hasta un 40% de su plantilla por altos costos operativos. Un golpe duro al sector de servicios globales.

por Marília SoaresMarília Soares
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Oficinas de BASF en Uruguay en el WTC

Un golpe de realidad para el «hub» de servicios globales

BASF en Uruguay ha iniciado un proceso de reestructuración masiva que pone en jaque la estabilidad de cientos de familias uruguayas y sacude las oficinas del World Trade Center. La noticia, que circuló rápidamente por los pasillos de la torre corporativa, confirma que la compañía reducirá entre un 30% y un 40% de su actual plantilla de trabajadores. Estamos hablando del cese de aproximadamente 500 profesionales en una primera etapa que, según advierten fuentes cercanas a la operativa, podría ser solo el comienzo de un achique mayor si las condiciones locales no cambian.

La situación de BASF en Uruguay es el reflejo de un problema que el sector empresarial viene denunciando con timidez pero con firmeza: la pérdida de competitividad por los elevados costos operativos en territorio nacional. Este centro de servicios, que brinda soporte en finanzas, recursos humanos, logística y tecnología para toda la operativa del gigante químico en el continente, ya no encontraría en Montevideo la eficiencia de costos necesaria para sostener una estructura de 1.200 personas. La globalización, que alguna vez nos trajo estas inversiones, hoy nos muestra su cara más amarga al buscar localizaciones más baratas.

El dilema del costo país para BASF en Uruguay

El principal argumento que maneja la compañía para este tijeretazo es estrictamente económico. En un mercado global donde la eficiencia manda, BASF en Uruguay compite con otros centros de servicios en regiones donde la carga impositiva, los salarios en dólares y el costo de la infraestructura son significativamente menores. Uruguay, que supo venderse como una plaza de talento calificado y estabilidad, parece estar chocando contra el techo de su propia carestía. La dirección de la empresa ya habría informado internamente que otras localizaciones pueden ofrecer las mismas tareas de soporte a un precio final que Montevideo hoy no puede igualar.

Este escenario plantea una interrogante seria sobre la sostenibilidad del modelo de servicios globales que el país ha promovido con tanto énfasis en la última década. Si una empresa de la talla de BASF en Uruguay decide que ya no es negocio operar con el volumen actual de empleados, es posible que otras firmas instaladas en zonas francas o torres corporativas estén haciendo números similares en este preciso momento. La preocupación no es solo por los que se van esta semana, sino por el mensaje que esto envía a potenciales inversores extranjeros.

La Inteligencia Artificial como factor de desequilibrio

Otro componente que flota en el aire, aunque la empresa no lo ha puesto en el centro del comunicado oficial, es el impacto de la automatización. Fuentes cercanas a la operativa de BASF en Uruguay no descartan que la adopción exponencial de la Inteligencia Artificial esté permitiendo «adelgazar» áreas de procesos repetitivos en finanzas y tecnología. Tareas que antes requerían de una decena de analistas junior hoy pueden ser gestionadas por algoritmos supervisados por una sola persona. Esta transición tecnológica, sumada al alto costo país, crea la tormenta perfecta para el recorte de personal.

La reestructuración será paulatina, pero el clima en el WTC es de una calma tensa. Se espera que los despidos se comuniquen formalmente en el correr de esta semana, marcando el inicio de un proceso que dejará fuera a profesionales jóvenes y calificados que, hasta hace poco, veían en la compañía una carrera a largo plazo. La pregunta de fondo es si el mercado laboral local podrá absorber esta marea de desocupados calificados en un contexto donde el sector servicios parece estar enfriándose rápidamente.

Un futuro incierto para el sector servicios

Lo que sucede hoy con BASF en Uruguay debe ser visto como una señal de alerta naranja para las autoridades económicas y laborales. No se trata de una pequeña empresa que cierra por mala gestión, sino de una multinacional de primer orden que «ajusta» su estructura porque los números en Uruguay no cierran. La flexibilidad para relocalizar servicios es mucho mayor que en la industria manufacturera, y eso nos vuelve vulnerables ante cualquier cambio en la competitividad regional.

A medida que avance el 2026, la evolución de este proceso de despidos determinará si estamos ante un caso aislado o frente al inicio de una tendencia de retirada de grandes centros de servicios compartidos. Por ahora, los trabajadores de BASF en Uruguay enfrentan la amarga realidad de un mercado que les exige excelencia, pero que los descarta cuando la planilla de Excel muestra un rojo difícil de ignorar en la línea de costos locales.

¿Es posible que la apuesta de Uruguay por el talento calificado sea insuficiente frente a una realidad donde los costos operativos y la automatización mandan en la agenda global?

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