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«Mi vida, mi final»: el grito de Beatriz Gelós tras la media sanción de la eutanasia en Uruguay

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La Cámara de Diputados uruguaya dio un paso gigante en el debate por la muerte digna al darle media sanción a un proyecto de ley que habilita la eutanasia. Con 64 votos a favor y 29 en contra, la iniciativa ahora pasa al Senado, generando una expectativa enorme en una sociedad que discute el tema hace años. El hito legislativo es particularmente emotivo para personas como Beatriz Gelós, una profesora de español retirada de 65 años que padece Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Para ella, la noticia es un «alivio enorme» y la posibilidad de poder decidir sobre su propio final.

A Gelós le diagnosticaron ELA en 2008 y desde entonces su vida, que era puro deporte y energía, se fue desmoronando de a poco. Con un deterioro progresivo que le quitó la movilidad, la posibilidad de higienizarse por sí sola o siquiera rascarse, sus noches se volvieron un infierno. «Me quema la sábana», contó con dificultad. A pesar de los pronósticos fatales que le dieron en 2010, ella sigue acá, pero con una calidad de vida cada vez más empobrecida. El avance de la ley es la luz al final del túnel que tanto esperó.

El proyecto de ley, que podría convertir a Uruguay en el segundo país de América Latina seguido de Colombia en legalizar la eutanasia, establece que cualquier persona mayor de edad con plenas facultades mentales podrá solicitarla si sufre una enfermedad incurable e irreversible, en etapa terminal, o padece «sufrimientos insoportables con un grave deterioro de su calidad de vida». La voluntad del paciente puede ser revocada en cualquier momento.

Durante las 14 horas que duró el debate, la discusión fue bien caliente. El diputado Federico Preve, del oficialista Frente Amplio, que volvió al poder en 2025, sostuvo que la ley se trata de «amor, de humanidad y de empatía». También dijo que una aprobación final pondría a Uruguay como un «referente en derechos» en la región.

Por otro lado, hubo voces que se opusieron con mucho énfasis. El diputado del Partido Nacional, Luis Satdijan, se preguntó si la sociedad debe ofrecer «la muerte como respuesta al sufrimiento». En la misma línea, Andrés Grezzi planteó que cuando el Estado valida la idea de que hay vidas menos valiosas, «deja de ser garante incondicional del cuidado».

Gelós, que se define como católica pero que a veces «no cree en Dios», tiene una respuesta sin vueltas para quienes proponen cuidados paliativos como la única opción. «No saben nada, no entienden nada», afirmó. Para ella, los opositores no tienen idea de lo que es vivir el día a día con un dolor tan insoportable. En medio del laburo legislativo y las diferencias de opinión, su carta, leída en la Cámara por un diputado, sirvió para ponerle cara a la realidad de quienes anhelan esta ley: «Sería más digna mi vida si pudiera higienizarme sola, escribir a mano, hablar por teléfono, rascarme».

La cosa ahora está en el Senado. Mientras la vida de Beatriz Gelós sigue avanzando «muy lentamente», su esperanza y la de otros pacientes está puesta en que la ley finalmente se apruebe. Para ella, a sus 65 años, la chance de poder decidir es una tranquilidad que vale oro.

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