Urgencia nacional: Sebastián Da Silva exige que se blinde la frontera uruguaya
El tablero del crimen organizado en el Cono Sur se sacudió con la captura de Sebastián Marset, y las réplicas amenazan con cruzar nuestros límites. Con la contundencia que lo caracteriza, el senador nacionalista Sebastián Da Silva reclamó que el gobierno blinde la frontera uruguaya de forma inmediata. Para el legislador, la caída del narco en Bolivia no es el fin del problema, sino el comienzo de una etapa peligrosa donde Uruguay podría convertirse en el «aguantadero» de una organización acorralada.
Da Silva no anduvo con vueltas: los movimientos de estas mafias «no son casualidad» y el Estado debe estar un paso adelante. Su pedido de activar una alerta naranja fronteriza busca detectar ingresos sospechosos en un territorio que, históricamente, ha sido demasiado permeable. La preocupación es clara: cuando el capo cae, los mandos medios huyen, y el destino más obvio por cercanía logística es, lamentablemente, nuestro país.
El planteo surge de un conocimiento profundo de los pasos fronterizos, donde la vigilancia suele ser insuficiente ante el poder económico del narcotráfico en Uruguay. Según sus palabras, no se puede permitir que el descalabro de la organización de Marset termine empujando a delincuentes hacia nuestras ciudades o establecimientos rurales, buscando la paz que la justicia internacional les quitó en otros lados.
El fantasma de la «estampida narco» y la vulnerabilidad de los límites
Lo que el legislador denomina una «estampida narco» es una posibilidad real. La caída de un líder de esa magnitud genera un vacío de poder y una persecución que obliga a los eslabones inferiores a buscar zonas menos calientes. Si el gobierno no toma medidas para blindar el territorio con recursos militares y tecnología de vigilancia en la franja con Brasil y Argentina, corremos el riesgo de recibir lo peor del crimen regional.
«El que conoce la frontera se puede imaginar lo fácil que es», sentenció Da Silva, poniendo el dedo en la llaga sobre la fragilidad de nuestra seguridad fronteriza. Para el senador, es imperativo que Interior y Defensa coordinen acciones para que los filtros sean reales y no meramente burocráticos. La cercanía geográfica con Paraguay hace que la amenaza sea inminente y no un mero supuesto teórico.
Alerta Naranja: Monitoreo exhaustivo de rutas y caminos vecinales usados para el contrabando.
Represalias: Da Silva advierte que hay que estar preparados para reacciones violentas de la mafia.
Blindaje total: Patrullaje efectivo en el campo profundo del litoral y el norte.
Vigilancia extrema ante el «Día Después»
La detención en Santa Cruz de la Sierra dejó a la estructura de Marset en un «despatarre» total. El pedido para que se blinde la frontera uruguaya busca evitar que los fugitivos traigan consigo la violencia y el dinero sucio que tanto daño ha hecho afuera. Uruguay no puede ser el premio consuelo para los delincuentes que hoy corren por sus vidas.
La advertencia de Da Silva no es una exageración, sino un reclamo de sentido común. La estabilidad institucional se pone a prueba cuando las fronteras son de papel frente a los millones del crimen organizado. El momento de actuar es ahora, antes de que esa «estampida» toque nuestra puerta. Si no se blinda la frontera uruguaya, el costo podría ser altísimo para todos los orientales.
Esperamos que el Poder Ejecutivo no solo escuche, sino que actúe con la celeridad que el momento exige. No hay espacio para diagnósticos lentos ni para subestimar a organizaciones que ya demostraron ser capaces de infiltrarse en los niveles más altos del Estado. Si no se actúa ahora con una política de puño de hierro para que se blinde la frontera uruguaya, el costo social y delictivo de esta «estampida» lo terminaremos pagando todos los orientales. El momento de blindar Uruguay es este preciso instante, antes de que el primer sicario cruce el río y sea demasiado tarde para lamentarse.
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