El mercado persa y la hipocresía política: la verdad oculta en la Junta
En Salto, la política dejó de ser un servicio público para convertirse en un asqueroso toma y daca donde los favores se pagan con la plata del contribuyente. La reciente y escandalosa aprobación del presupuesto de Carlos Albisu en la Junta Departamental es la prueba definitiva de que, cuando se trata de repartir la torta, las banderas ideológicas desaparecen mágicamente y la casta se abraza.
El oficialismo logró sacar adelante su plan de gobierno con 20 votos sobre 31 ediles presentes. Hasta ahí, la matemática básica. Lo que indigna y da náuseas a cualquier ciudadano de a pie es cómo se consiguieron esos números: 18 votos de la autodenominada Coalición Republicana y dos votos insólitos, entregados en bandeja de plata por ediles del Frente Amplio.
Hablamos de Nilda Díaz López y de Eduardo Varela Minutti, quien no es ningún recién llegado, sino un ex jerarca de la nefasta administración del exintendente Andrés Lima. ¿Desde cuándo la oposición le firma un cheque en blanco al oficialismo sin pedir nada a cambio? En la política uruguaya, y muy especialmente en la salteña, nadie da puntada sin hilo.
Los «rebeldes» del Frente Amplio y el blindaje a los acomodos
El comportamiento de Varela Minutti es la radiografía perfecta de la podredumbre del sistema. Votó a favor de la hoja de ruta económica de la derecha, sí, pero se negó rotundamente a votar la derogación del polémico artículo 38. ¿Por qué es tan importante este detalle técnico? Porque ese artículo es el que le da fuerza de ley departamental a los convenios colectivos firmados con el sindicato.
Acá es donde salta la pus de la hipocresía. Durante los últimos dos períodos, el gobierno de izquierda liderado por Andrés Lima se dedicó a firmar más de 20 acuerdos con el sindicato de ADEOMS. Esos documentos no fueron redactados para mejorar la eficiencia de la intendencia o para que te recojan la basura a tiempo, sino para asegurar la permanencia vitalicia de cientos de funcionarios militantes metidos por la ventana.
Básicamente, Lima llenó las oficinas públicas de acomodos antes de irse, y su ex jerarca se encargó de blindarlos en esta sesión clave. «Te voto tu planificación financiera, pero a mis ñoquis atornillados no me los tocás». Ese fue el mensaje mafioso que quedó flotando en el recinto, a la vista de todos y sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza.
El papelón oficialista y el poder intocable de ADEOMS
Pero no nos equivoquemos y no dejemos a nadie afuera de esta crítica feroz. El oficialismo también es cómplice necesario de este desastre institucional. Llegaron al poder prometiendo barrer con el amiguismo, terminar con el despilfarro estructural y poner la casa en orden de una vez por todas.
Sin embargo, en la primera de cambio, transan con la oposición para asegurarse los recursos quinquenales y mantener la maquinaria burocrática funcionando. El cuestionamiento a los manejos de Lima suena muy lindo, combativo y heroico para los micrófonos de la prensa, pero en los hechos, la administración sigue siendo rehén absoluto de la mafia sindical.
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Empleo público intocable: Los funcionarios que entraron a dedo siguen cobrando del bolsillo de todos nosotros.
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Gasto descontrolado: La nueva asignación de fondos asegura el dinero, pero no garantiza ninguna purga real de los sectores ineficientes.
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Complicidad total: La coalición consigue su financiamiento, la oposición protege a sus bases, y el gremio sigue cogobernando el departamento desde las sombras.
Mientras tanto, el ciudadano salteño (el comerciante al que lo asfixian a impuestos, el trabajador que rompe el tren delantero de su auto en los cráteres que hay por calles en la ciudad) tiene que mirar por televisión cómo se reparten el esfuerzo de su trabajo.
Un cheque en blanco pagado por el contribuyente
Ahora el gobierno departamental sale a festejar diciendo que cuenta con «el respaldo mayoritario» para empezar a ejecutar las políticas públicas ya definidas. La cruda realidad es que esta herramienta contable es, en esencia, la autorización legal para gastar la plata ajena. Y en nuestro departamento, esa plata parece destinada crónicamente a mantener un aparato obeso, inoperante y plagado de favores cruzados.
Uruguay, y mucho menos el interior del país, ya no resiste más este nivel de cinismo. Exigir transparencia, idoneidad y eficiencia no debería ser una utopía inalcanzable. Necesitamos gestores reales y comprometidos, no operadores políticos que juegan a las escondidas en los pasillos para ver quién saca la mejor tajada sin hacer ruido.
Todo este teatro lamentable, lleno de falsas rebeldías, discursos vacíos y pactos de silencio, tiene un solo perdedor: vos, el contribuyente. Mientras ellos descorchan y se abrazan en la Junta, el salteño laburante sigue financiando la joda y pagando, peso por peso, el presupuesto de Carlos Albisu.
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