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Mario Bergara endeuda a Montevideo por los próximos 20 años

Endeudar el futuro para no ajustar el presente: la jugada maestra de un intendente que gasta hoy y deja la cuenta para el 2030

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Primera baja en el equipo de Mario Bergara en la Intendencia de Montevideo
Gestión a crédito: Mario Bergara hipoteca Montevideo para no enfrentar el gasto desmedido de la Intendencia.
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Mario Bergara y el arte de gastar la plata que no tenemos

La noticia cayó como un balde de agua fría en la Junta Departamental: el intendente Mario Bergara acaba de formalizar el pedido de un préstamo por la friolera de 318 millones de dólares. Lo que se presenta como un «impulso necesario» para la capital es, si lo miramos sin los lentes del comité, un disparate administrativo que hipoteca el futuro de los montevideanos. En una ciudad que ya cruje por el peso de una burocracia infinita, la solución del economista al frente de la comuna no es gestionar mejor, sino pasar la tarjeta de crédito internacional.

El planteo de la Intendencia de Montevideo es, siendo generosos, una falta de respeto al contribuyente. Mientras todavía se discuten proyectos faraónicos de mil millones para túneles bajo 18 de Julio, Bergara aparece con esta nueva deuda. La pregunta que se hace cualquier vecino que paga la contribución y la tasa general es bien simple: ¿Para qué quiere tanta plata prestada una intendencia que maneja un presupuesto que ya es una montaña de dinero? La respuesta duele: casi la mitad de lo que entra se quema en sueldos y retribuciones.

El modelo de gestión: no tocar nada y pedir prestado

La gestión departamental actual dejó un mensaje clarísimo con este movimiento: acá no se toca nada. En lugar de encarar una reforma profunda, de sentarse a discutir el tamaño del aparato municipal o de enfrentar el poder sindical que tiene de rehén a la ciudad, Mario Bergara elige el camino fácil del endeudamiento. Es la receta perfecta para no ajustar el gasto, no reformar nada y mantener intacta una estructura que se devora el 48 % de los ingresos solo en personal.

[Image Alt: Gráfico del presupuesto de la Intendencia de Montevideo mostrando el peso del gasto en sueldos frente a la inversión.]

Lo más preocupante es la letra chica del acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El préstamo es a tasa variable, lo que significa que, si el mundo se complica financieramente —cosa que pasa un martes cualquiera—, el costo de la deuda puede explotar. El BID hace su negocio, cobra siempre y se asegura auditorías y burocracia internacional. Pero el riesgo, el riesgo total, se lo fuman los montevideanos que hoy ni siquiera tienen las veredas en condiciones.

La herencia maldita: pagar en el 2030 lo que se gasta hoy

Uno de los puntos más indignantes de la propuesta de Mario Bergara es el período de gracia. El préstamo tiene cuatro años de gracia; es decir, la plata se gasta ahora, se inauguran obras con bombos y platillos, pero la cuota la empieza a pagar el próximo gobierno en el 2030. Estamos hablando de una deuda a 20 años. Generaciones que hoy están en la escuela van a seguir pagando los contenedores de basura que Bergara compre este año. Eso no es visión de futuro, es irresponsabilidad fiscal pura y dura.

¿En qué se van a gastar estos 318 millones? Según el documento oficial:

  • Saneamiento: Solo un 32 %. Es lo único realmente estructural.

  • Veredas: 20 %.

  • Limpieza: 19 %.

  • Calles: 16 %.

  • Ciudad Vieja: 13 %.

Es decir, más de dos tercios de la deuda se van en «gasto corriente» disfrazado de inversión. Veredas, barrido y camiones de basura. Cosas que la Intendencia de Montevideo debería pagar con los impuestos que ya nos cobra. Cuando terminemos de pagar la deuda en dos décadas, esos camiones van a ser chatarra y los contenedores van a estar fundidos, pero el agujero en las cuentas públicas va a seguir ahí.

Montevideo necesita orden, no más deuda

Es paradójico que un economista experimentado como Mario Bergara ignore las reglas básicas del sentido común financiero. Endeudarse para gasto de mantenimiento es el primer paso hacia el colapso. Si el presupuesto municipal sigue siendo una máquina de pagar salarios y mantener estructuras gigantescas, nunca habrá plata para obras de verdad sin pedir permiso afuera. Es el círculo vicioso del fracaso montevideano: no se ajusta, se pide plata, se inaugura algo y que pague el que venga atrás.

Montevideo no aguanta más este modelo de «tapar agujeros con dólares prestados». La capital necesita prioridades claras y una administración que se anime a mirar hacia adentro antes de extender la mano al BID. Si seguimos por este camino de irresponsabilidad fiscal liderado por Mario Bergara, el agujero que nos van a dejar va a ser tan profundo que ni con un túnel bajo la avenida principal vamos a poder salir. Los montevideanos merecen respeto, no una deuda que les pese por los próximos 20 años.

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