Bloqueo a Cuba: el show de un Senado desconectado que prefiere mirar al Caribe antes que al Interior
El Parlamento uruguayo volvió a transformarse en un escenario de teatro de revista, pero de los malos. Mientras el país real mastica bronca por la inseguridad, la sequía que no da tregua en el interior y un INAU que se cae a pedazos, nuestros senadores decidieron que lo más «grave y urgente» era trenzarse en una discusión infinita sobre el bloqueo a Cuba. La bancada del Frente Amplio, en un rapto de nostalgia sesentista, forzó una declaración de condena a las medidas de Estados Unidos, logrando lo que mejor sabe hacer la política criolla: dividir las aguas, perder el tiempo y terminar con la mitad de la sala vacía.
La jugada del oficialismo frenteamplista no solo irritó a la oposición, sino que desnudó una agenda internacional que parece redactada en una unidad básica de La Habana. Del otro lado, la respuesta no fue más madura; entre ironías y portazos, los legisladores de la Coalición Republicana prefirieron el retiro antes que el debate, dejando un ambiente caldeado donde los gritos de «váyanse a Cuba de una vez» reemplazaron a las propuestas legislativas serias. Un espectáculo bochornoso que, según los propios protagonistas, solo contribuye al deterioro de un sistema político que ya viene bastante cascoteado.
Sebastián Da Silva y el «exilio» sugerido a la izquierda
El momento más álgido de la tarde lo protagonizó el nacionalista Sebastián Da Silva. Con el cuchillo entre los dientes, el senador blanco no anduvo con vueltas y vinculó la moción sobre el bloqueo a Cuba con una burda maniobra de distracción ante la caída del gobierno en las encuestas. Están viviendo en los años 60″, disparó Da Silva, quien cuestionó con dureza que el Senado se detenga horas por un tema extraterritorial mientras hay 15 departamentos que no saben qué va a pasar con la producción agropecuaria.
[Imagen de Sebastián Da Silva gesticulando airadamente en su banca del Senado]
Para Da Silva y gran parte de la bancada opositora, el Frente Amplio está «colgado de los pelos» y desconectado de las gravedades uruguayas. La frase «Váyanse a Cuba de una vez, nadie los va a extrañar» retumbó en las paredes de mármol del Palacio Legislativo, marcando el nivel de una discusión que pasó de lo diplomático a lo personal en cuestión de segundos. La ironía de Sergio Botana —quien dijo no desearle a nadie el «mal» de vivir bajo el régimen castrista— solo sirvió para echarle más nafta al fuego de una sesión que ya estaba condenada al fracaso.
El Frente Amplio y la «obligación moral» de no callarse
Desde la vereda de enfrente, el oficialismo no se quedó atrás. Liliam Kechichian y Óscar Andrade defendieron la moción alegando que Uruguay siempre ha votado contra las medidas coercitivas en las Naciones Unidas. Kechichian, visiblemente asombrada, recordó que en plena pandemia se discutió durante horas la invasión de Rusia a Ucrania «con florcitas y banderitas», y que nadie se quejó por la pérdida de tiempo. Para el Frente Amplio, el rechazo al bloqueo a Cuba es una cuestión de principios y de respeto al derecho internacional que trasciende las fronteras.
Puntos de conflicto: La orden ejecutiva de EE.UU. que limita el combustible hacia la isla.
Argumento oficialista: La medida es un «castigo colectivo» contra el pueblo cubano.
Postura de la oposición: Es una cortina de humo para no hablar de la inseguridad y el fracaso de la gestión local.
Nicolás Viera fue un paso más allá y le preguntó a la oposición «¿qué se siente militar la muerte de niños?», una frase incendiaria que terminó de dinamitar cualquier puente de diálogo. Mientras tanto, Carolina Cosse, desde la presidencia, intentó darle un barniz de institucionalidad al debate citando la tradición uruguaya de no intervención. Pero el daño ya estaba hecho: la imagen de un Senado semivacío, con la oposición retirada en señal de protesta, fue la postal perfecta de una jornada donde la ideología le ganó por goleada al sentido común.
Un país en pausa por una isla desabastecida
Lo que queda claro tras este bochorno es que para nuestra clase política el mundo siempre queda más cerca que el barrio. Mientras en Cuba los precios están disparados y el combustible llega en cuenta gotas tras 67 años de revolución y 33 de embargo, en Uruguay los problemas se acumulan en la puerta del despacho de los senadores. Discutir si Cuba es una «amenaza inusual» para Washington parece ser mucho más entretenido que debatir cómo arreglar el desastre del INAU o la falta de empleo que golpea a miles de familias.
La declaración, que finalmente saldrá con los votos del Frente Amplio, no cambiará ni un ápice la realidad de los cubanos, pero sí confirma la fractura expuesta de un Parlamento que no sabe encontrar puntos de unión. La mención de Pedro Bordaberry sobre la necesidad de plantear temas que nos unan y no que nos separen cayó en saco roto. El sistema político prefiere la tribuna, el titular de diario y el grito de cancha antes que la gestión silenciosa y efectiva que la ciudadanía reclama a gritos.
Conclusión sobre el «vuelo» diplomático del Senado
En definitiva, la sesión por el bloqueo a Cuba fue un recordatorio amargo de las prioridades de quienes nos representan. Unos, aferrados a una épica revolucionaria que ya no convence ni a los propios; los otros, utilizando el portazo como única herramienta de debate. El resultado es el de siempre: una declaración que terminará en un cajón de alguna oficina en Washington o La Habana, mientras los problemas reales de los uruguayos siguen esperando que algún día el Senado se acuerde de que su país queda al sur de la Florida y no en el medio del Caribe.
Dejá tu comentario
Para comentar tenés que estar registrado y con sesión iniciada.
Comentarios (0)
Todavía no hay comentarios.










