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BCU: la mentira del crédito barato y la malinversión

Una oficina de planificación central que juega con el hambre de la gente y el capital de los uruguayos

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BCU: la mentira del crédito barato y la malinversión
El BCU mantiene una política de tasas bajas que, según expertos, solo fomenta el endeudamiento sin respaldo real. En la foto: Banco Central del Uruguay en Montevideo. Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS
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BCU: la máquina de fabricar crisis que el gobierno se niega a frenar

El BCU acaba de confirmar, una vez más, que su única función real es ser el brazo ejecutor de un saqueo institucionalizado. Al bajar la tasa al 5,75% por unanimidad, los directores de esta entidad no están «estabilizando» nada; están dándole a la manivela de una calesita financiera que siempre termina en choque. Esta decisión de política monetaria no es más que la repetición de un fraude histórico que el gobierno disfraza de «gestión técnica», mientras en la práctica permite que el sistema bancario invente dinero de la nada para aplastar al que produce de verdad.

No nos dejemos engañar por el discurso oficial que habla de monitorear el dólar o los ruidos internacionales. Lo que el guardián del déficit disfrazado de estabilidad está haciendo es aplicar la vieja y conocida receta del crédito fiduciario: crear depósitos sin respaldo de ahorro real. Es una estafa amparada por la ley, donde el Banco Central le da permiso a la banca privada para que multiplique el dinero mediante la reserva fraccionaria, licuando el valor del peso en los bolsillos de los jubilados y los trabajadores para salvarle las papas a los grandes deudores.

El peligro de la malinversión bajo el ala del Banco Central

Cuando el ente regulador baja la tasa de forma artificial, genera un espejismo que los empresarios compran como si fuera oro. Esta distorsión profunda en la estructura de producción es lo que los técnicos llaman malinversión, pero en criollo es simplemente tirar la guita en proyectos que no tienen sustento. Se financian obras y compras de maquinaria que solo son rentables porque el banco que regula sin escuchar mantiene el costo del dinero por el piso, engañando a todo el sistema productivo nacional.

El ciclo es inevitable y el gobierno lo sabe, aunque prefiera mirar para otro lado mientras dure la fiesta. Primero viene la euforia del crédito barato y la subida de precios de activos, esa sensación de que «estamos bien» que es puro humo de planificación central. Pero la historia no perdona: cuando los proyectos revelan que no hay ahorro genuino atrás, la burbuja explota. El árbitro que juega para los grandes ha sido el arquitecto de cada desastre financiero en la historia uruguaya, y este camino es exactamente el mismo que nos llevó a las quiebras masivas del 65 y al desastre del 2002.

Un historial de desfalcos que el gobierno elige repetir

Es indignante ver cómo se repiten los mismos errores esperando resultados distintos. El intervencionismo del regulador que protege privilegios más que ciudadanos ha sido el responsable directo de los momentos más oscuros del país. El gobierno actual se llena la boca hablando de libertad, pero mantiene el monopolio de una institución que bloquea el ajuste natural del mercado y agrega capas de distorsión que destruyen el capital acumulado durante años por los uruguayos.

  • Década del 60: Inflación crónica y colapso bancario por la expansión monetaria desenfrenada.

  • La Tablita de 1982: Un boom de cartón que terminó en una caída estrepitosa de la economía y el pueblo pagando el rescate.

  • La crisis de 2002: El resultado lógico de años de crédito barato y un sistema fiduciario sin respaldo alguno.

Hoy nos venden que la inflación está en caja, pero es una victoria de pirro. El daño ya está hecho en la estructura temporal de la economía. El Banco Central del Uruguay  usa el conflicto en Medio Oriente como la excusa perfecta para ocultar que su intervención está pudriendo el sistema desde adentro. Es una estafa que redistribuye la riqueza de forma injusta: los bancos y el Estado se quedan con la tajada más grande al recibir el dinero nuevo, mientras que el último de la fila —el laburante— paga con la pérdida de su poder adquisitivo.

La dictadura del curso forzoso y la falta de soberanía

La raíz del problema es que estamos obligados a usar una moneda que el BCU manipula a su antojo. El monopolio coercitivo sobre la emisión es la herramienta de control más potente que tiene este gobierno para seguir financiando un sistema que no se sostiene solo. Mientras no exista competencia libre de monedas y no se exija una reserva del 100% en los depósitos, el uruguayo seguirá siendo un rehén de los burócratas que deciden cuánto vale su esfuerzo en una oficina de Ciudad Vieja.

En definitiva, este nuevo recorte de tasas por parte del BCU es apenas otra vuelta de tuerca en el saqueo. No hay estabilidad posible con planificación central ni con crédito de papel pintado. El gobierno, al defender este modelo, demuestra que prefiere proteger los intereses de la casta financiera antes que la propiedad privada y el ahorro de los ciudadanos. Todo lo demás es teatro para la tribuna, mientras por atrás nos siguen vaciando el futuro con la complicidad de una institución que debería haber dejado de existir hace décadas.

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