Escándalo en la Cárcel de Las Rosas: amenazó a una menor antes de salir y seguirá guardado
No hay caso, hay gente que no aprende más. El sistema judicial uruguayo vuelve a estar en el ojo de la tormenta tras conocerse un episodio de una violencia psicológica aberrante ocurrido en la Cárcel de Las Rosas. Un hombre que estaba a punto de recuperar su libertad tras cumplir una medida cautelar, decidió usar sus últimos días «adentro» para sembrar el terror afuera, ensañándose con una menor de edad y su propia expareja. Lo que era un trámite de salida se transformó en una nueva imputación que lo dejará a la sombra por un buen tiempo más.
El cinismo detrás de las rejas de Las Rosas
El sujeto en cuestión no es ningún nene de pecho. Con un frondoso prontuario y varios antecedentes penales sobre el lomo, cumplía prisión preventiva desde abril del año pasado. Sus delitos no son menores: estaba guardado por causas vinculadas a la violencia doméstica y delitos sexuales. Sin embargo, parece que los muros del centro penitenciario no fueron impedimento para que siguiera ejerciendo su poder y manipulación hacia sus víctimas, utilizando las redes sociales como arma arrojadiza.
Según informó el Ministerio del Interior, la denuncia fue radicada por su expareja. La mujer, que ya vivía un calvario, se encontró con que el hombre, a días de ser liberado, comenzó a enviarle mensajes cargados de odio y represalias. Lo más bajo de todo fue que las amenazas no solo iban dirigidas a ella, sino también a una menor de su círculo familiar. Es esa sensación de que, aunque estén presos, los delincuentes siguen teniendo el control lo que genera una indignación total en la sociedad.
Una nueva formalización para un delincuente reincidente
La Justicia no anduvo con vueltas. Ante la gravedad de los hechos y el riesgo inminente para las víctimas si este individuo pisaba la calle, se resolvió volver a formalizar la investigación. Ahora, el imputado deberá aguardar otros 180 días en la Cárcel de Las Rosas, pero con una mochila de cargos mucho más pesada. Se le imputaron delitos de abuso sexual agravados, reiterados abusos sexuales especialmente agravados, desacato y amenazas, todo en su modalidad agravada.
Este caso reaviva el debate sobre el uso de dispositivos móviles y el acceso a redes sociales dentro de las cárceles. ¿Cómo puede ser que un tipo con este perfil tenga la facilidad de amedrentar a una menor desde su celda? Es una falla de control que deja a las víctimas en una vulnerabilidad absoluta. El Ministerio del Interior aseguró que se están revisando los protocolos, pero para la familia afectada, el miedo no se va con una simple revisión de papeles.
El calvario de las víctimas de violencia doméstica
Para entender la gravedad del asunto, hay que mirar el historial. El hombre ya había demostrado un desprecio total por las órdenes judiciales anteriores, sumando un delito de desacato a su larga lista. La prisión preventiva en la Cárcel de Las Rosas era, en teoría, la garantía de paz para su expareja, pero la realidad demostró ser otra. La tecnología, que debería ser una herramienta de progreso, terminó siendo el vehículo para que el violento extendiera sus garras fuera del penal.
Violencia psicológica: El uso de redes para amenazar desde el encierro.
Vulneración de menores: El foco en los más indefensos para generar daño.
Falla de controles: El acceso a la comunicación externa de delincuentes peligrosos.
La situación de la menor de edad es la que más preocupa a las organizaciones que trabajan con víctimas de abuso. El hecho de que el agresor sepa que va a ser liberado y use ese dato para amedrentar es una táctica clásica de los violentos para silenciar cualquier intento de justicia. Por suerte, la denuncia rápida y el accionar de la fiscalía permitieron que este «monstruo» no cruzara la puerta de salida este mes.
¿Qué futuro le espera al imputado en Las Rosas?
Ahora, con 180 días más de preventiva asegurados, la fiscalía tiene el tiempo necesario para armar un juicio que busque la pena máxima. Los delitos de abuso sexual especialmente agravados suelen tener condenas ejemplares en nuestro código penal, y más cuando se suma la reincidencia y la amenaza a menores. Mientras tanto, en la Cárcel de Las Rosas se espera que se ajusten las clavijas para que este tipo no pueda ni mandar un saludo por internet.
En conclusión, este episodio es una victoria agridulce para la justicia uruguaya. Por un lado, se evitó que un agresor peligroso volviera a la comunidad, pero por otro, se dejó en evidencia que estar tras las rejas no significa necesariamente estar incomunicado o inofensivo. La seguridad de las mujeres y menores de nuestro país no puede depender de que un delincuente se equivoque y mande un mensaje de más; el sistema tiene que ser el que ponga el candado definitivo a la violencia. Hoy, la Cárcel de Las Rosas sigue siendo el hogar de quien nunca debió pensar que podía salir a dañar de nuevo.
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