Jorge Díaz tiene que renunciar: el Prosecretario que nos convirtió en una republiqueta bananera
Da vergüenza ajena. Da vergüenza propia. Da ganas de bajar la cabeza y pedir disculpas al mundo entero cada vez que entramos a las redes y vemos a Jorge Díaz, el segundo de a bordo de Yamandú Orsi, usando información reservada del Estado uruguayo como si fuera un meme de grupo de WhatsApp. Porque lo que pasó con el Caso Cardama Jorge Díaz no es una «metida de pata» de un principiante; es un escándalo institucional de manual que nos deja desnudos ante la justicia internacional. Es lo que pasa cuando un funcionario se cree el dueño del boliche y piensa que el país entero es su patio trasero para jugar a la política barata.
Al decir que Jorge Díaz tiene que renunciar, lo hacemos con la bronca de quien ve cómo se rifa la seriedad de un país por un berrinche digital. El Ministerio de Defensa le puso el sello de «reservado» a esa información el pasado 9 de febrero. Siete llaves, secreto de Estado, porque Uruguay se está jugando millones de dólares en un litigio contra un astillero español. ¿Y qué hizo el Prosecretario de la Presidencia? Publicó fragmentos de un informe estratégico como si estuviera tirando chistes en un asado. Es de una irresponsabilidad tan obscena que duele en el alma de cualquier ciudadano que todavía crea en las instituciones.
El Caso Cardama Jorge Díaz: la filtración que nos deja en pelotas
¿Dimensionan la gravedad del asunto? Mientras el país se juega la plata de todos nosotros, este señor decide regalarle munición gruesa al enemigo solo para ganar una discusión de cuarta en Twitter. Los senadores Javier García y Andrés Ojeda le enviaron una carta que debería haber hecho temblar las paredes de la Torre Ejecutiva. Le negaron esa misma información al Parlamento por ser «sensible» y «estratégica», pero para el amigo del poder, parece que todo vale. Todo se puede manosear si sirve para tapar un error del gobierno de Orsi.
Esta traición desde adentro es inadmisible. Jorge Díaz tiene que renunciar porque no es un militante cualquiera: es el Prosecretario de la Presidencia. Es el tipo que firma al lado del Presidente, el que tiene acceso a los secretos que protegen nuestra soberanía. Decidir que su cuenta personal era más importante que la defensa nacional es una violación ética y legal sin precedentes. ¿Saben qué dice la Ley 18.381 y el artículo 302 del Código Penal? Hablan de delitos, de violación de secretos y de sanciones graves. Pero en este Uruguay «bananizado», parece que los intocables tienen coronita.
¿Hasta cuándo Yamandú Orsi va a bancar esta payasada?
Lo que más indigna es el silencio de arriba. Yamandú Orsi tiene la pelota en los pies y sigue callado, un silencio que a esta altura ya huele a complicidad pura y dura. Si no le pide la renuncia inmediata al Prosecretario, el mensaje que le manda al pueblo es clarito: «Acá el que tiene poder hace lo que quiere y la ley es para los giles». No hay sanción administrativa ni tironcito de orejas que alcance para tapar este desastre. La permanencia de Jorge Díaz en su despacho es un insulto diario a la investidura presidencial y a la seriedad que alguna vez tuvimos como nación.
Doble vara institucional: Lo que es secreto para los legisladores, es público para el tuit de Díaz.
Regalo al astillero español: Le acabamos de dar la prueba de que la rescisión del contrato fue un capricho político.
Impunidad a la vista: El riesgo país no puede depender de la incontinencia digital de un jerarca.
Oposición tibia: Ya no alcanzan las cartas; hay que exigir la salida del Prosecretario hoy mismo.
La crisis institucional en Uruguay que desató este hombre nos pone en el mapa de las republiquetas donde el capricho manda sobre la ley. ¿Somos una República seria o el patio de recreo de Jorge Díaz? Uruguay se merece jerarcas que entiendan que la reserva estatal no es un juguete para inflar egos. Cada minuto que este señor pasa en la Torre Ejecutiva es un clavo más en el ataúd de nuestra credibilidad internacional.
Conclusión editorial
Señor Presidente: si no lo echa usted, la historia lo va a recordar como el mandatario que permitió que un tuitero con cargo de jerarca arrastrara por el barro la dignidad del Estado. Al insistir en que Jorge Díaz tiene que renunciar, estamos defendiendo el derecho de todos a tener un gobierno que respete sus propios secretos. No mañana, no cuando pase la tormenta. Tiene que irse hoy. Si no hay renuncia, que nos quede claro a todos: este gobierno eligió la impunidad por sobre la decencia. Nos da vergüenza ajena, pero lo más triste es que ya ni siquiera les da vergüenza a ellos.
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