Fuerzas de seguridad cubanas en Venezuela: la retirada silenciosa que marca el fin de una alianza estratégica
El mapa político de América Latina está sufriendo un sismo cuyas réplicas recién empezamos a dimensionar. Lo que durante décadas fue un bloque monolítico de cooperación militar y de inteligencia hoy muestra fisuras irreversibles. Las fuerzas de seguridad cubanas en Venezuela comenzaron a abandonar el territorio caribeño, en un movimiento que marca un antes y un después para el chavismo tras la estrepitosa captura de Nicolás Maduro a manos de fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero.
Este repliegue no es casualidad. Responde a una combinación de factores que van desde la presión asfixiante de la Casa Blanca hasta un cambio de guardia en el Palacio de Miraflores. Delcy Rodríguez, quien tomó las riendas del poder en este escenario de transición, parece haber entendido que la supervivencia del régimen depende de una renegociación directa con Washington, y para eso, la presencia de los agentes de La Habana es una moneda de cambio que ya está sobre la mesa.
El repliegue de las fuerzas de seguridad cubanas en Venezuela y el nuevo esquema de Delcy Rodríguez
Uno de los datos más reveladores de esta nueva etapa es la decisión de Rodríguez de confiar su integridad física exclusivamente a militares venezolanos. A diferencia de Nicolás Maduro y del propio Hugo Chávez, quienes dormían custodiados por fuerzas de élite de la isla, la actual mandataria decidió «nacionalizar» su seguridad. Según fuentes cercanas al gobierno, esta decisión busca enviar un mensaje de soberanía interna y, al mismo tiempo, calmar las aguas con el gobierno de Donald Trump.
La influencia del contingente armado fue, durante años, el cemento que mantuvo unido al aparato de contrainteligencia. Los agentes de la isla no solo cuidaban espaldas; estaban integrados en la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), siendo piezas clave para detectar conspiraciones y desmantelar a la oposición interna. Hoy, esos asesores están siendo desplazados de sus cargos estratégicos y muchos ya habrían abordado vuelos de regreso a La Habana.
El costo de sangre y la presión de Washington
El quiebre definitivo parece haberse sellado con sangre. El régimen cubano confirmó que 32 de sus ciudadanos murieron durante el operativo militar que terminó con la captura de Maduro. Este golpe no solo desarticuló la cúpula chavista, sino que dejó en evidencia que la protección cubana ya no era infalible. Donald Trump no tardó en capitalizar este fracaso, asegurando que el flujo de petróleo venezolano hacia Cuba —la sangre que alimentaba la economía de la isla— se cortó definitivamente.
La Casa Blanca ha sido tajante: para que exista un diálogo fluido con Caracas, el personal de defensa deben desaparecer del mapa. Washington busca estrangular económicamente a La Habana cortando su principal fuente de energía, mientras que para Venezuela, deshacerse de los «tutores» cubanos es la única vía para levantar las sanciones que tienen al país de rodillas.
Nota editorial: Según analistas de la Universidad de Nueva York, la salida de los cubanos representa el mayor desafío de contrainteligencia para el chavismo en veinte años, ya que pierden el «ojo clínico» que evitaba los golpes de Estado.
¿Retirada total o repliegue estratégico?
A pesar de los vuelos de regreso y las sillas vacías en la DGCIM, sería ingenuo pensar que la influencia de la isla desaparecerá de la noche a la mañana. Expertos en seguridad advierten que, si bien la presencia visible de los efectivos militares disminuye, es muy probable que permanezcan núcleos encubiertos. Estos agentes tendrían la misión de monitorear la lealtad de los mandos militares venezolanos hacia Delcy Rodríguez y vigilar los movimientos de las agencias estadounidenses en la zona.
Médicos y colaboradores: Muchos siguen en el país, pero bajo un régimen de incertidumbre total.
Asesores militares: Algunos continúan enseñando en la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES).
Inteligencia encubierta: Se cree que el G2 cubano mantiene células dormidas en puntos clave de Caracas.
El dilema de Delcy: entre la hermandad y la supervivencia
Delcy Rodríguez camina por una cuerda floja. Por un lado, mantiene una relación personal y afectiva muy fuerte con la cúpula cubana; por otro, sabe que si no cumple con las exigencias de Trump, su destino podría ser el mismo que el de su predecesor. Las fuerzas de seguridad cubanas en Venezuela funcionaron como un «seguro contra todo riesgo» durante décadas, pero hoy ese seguro parece haber vencido y la prima para renovarlo es demasiado cara.
La imagen de Rodríguez dándose la mano con el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, es la foto de este nuevo tiempo. Es una diplomacia de necesidad. Mientras tanto, los soldados cubanos que alguna vez se sintieron dueños de los pasillos de Miraflores hoy despiden con honores a sus caídos y preparan el bolso para un regreso a una isla que, sin petróleo venezolano, se enfrenta a un apagón histórico.
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