El desplome del evento que oxigenaba las arcas estatales
La crisis en Cuba ha llegado a un punto de no retorno que ya ni siquiera las vidrieras internacionales del régimen pueden disimular. Este sábado, el comité organizador del Festival del Habano anunció la cancelación de su edición 2026, prevista para finales de febrero, sin fijar una nueva fecha de realización. La decisión, comunicada vía correo electrónico a los participantes, es la confirmación más cruda de que la crisis en Cuba ha alcanzado niveles de parálisis que afectan incluso a sus sectores más estratégicos y rentables.
El festival no es solo una reunión de aficionados; es un motor económico que le reporta anualmente varios millones de euros a la dictadura a través de su famosa subasta de humidores de lujo. En 2025, esta instancia recaudó más de 16 millones de euros, fondos que el gobierno asegura destinar a la salud pública, aunque la realidad hospitalaria cuenta otra historia. Con la situación crítica en Cubagolpeando el suministro eléctrico y de combustible, los organizadores prefirieron postergar la cita antes que exponer ante la prensa internacional el colapso de los servicios básicos en la capital.
Un sistema energético que se cae a pedazos
La justificación oficial habla de «preservar los altos estándares de calidad», pero el trasfondo es puramente energético. La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) informó que los apagones afectarán este fin de semana a más del 56% del país de manera simultánea durante las horas de mayor demanda. Esta faceta de la emergencia nacional se ha vuelto crónica debido al estado obsoleto de las centrales termoeléctricas, muchas de las cuales tienen décadas de explotación sin el mantenimiento adecuado por falta de divisas.

A este panorama interno se suma un golpe externo demoledor: el corte de los envíos de crudo venezolano tras la caída de Nicolás Maduro en el país sudamericano. Sin el petróleo subsidiado que mantuvo a flote al régimen durante años, el contexto socioeconómico complejo se ha profundizado hasta obligar al cierre de una treintena de hoteles. La falta de combustible es tal que incluso aerolíneas internacionales de Canadá y Rusia debieron suspender vuelos por la imposibilidad de reabastecer sus aeronaves en los aeropuertos cubanos, dejando al turismo en una situación de coma inducido.
El impacto en el sector tabacalero y el turismo
El tabaco es, junto con el turismo y la exportación de servicios médicos, uno de los tres pilares que sostiene lo poco que queda de la economía isleña. Durante 2024, las ventas de puros totalizaron 827 millones de dólares, una cifra que el régimen esperaba superar este año. Sin embargo, la coyuntura adversa ha forzado la implementación de restricciones severas al consumo de electricidad para intentar salvaguardar los sectores productivos, una medida que claramente ha resultado insuficiente para sostener la logística que demanda un evento internacional de la magnitud del festival.

La suspensión del encuentro no solo implica la pérdida de las divisas de la subasta, sino también un golpe reputacional incalculable. Aficionados y periodistas de todo el mundo solían viajar a La Habana para esta cita, consumiendo en hoteles y servicios que hoy están apagados o desabastecidos. El escenario de inestabilidad ha transformado a la que fuera la «Perla del Caribe» en un territorio de sombras donde la prioridad absoluta del Estado es evitar un estallido social ante la falta de corriente, dejando de lado cualquier pretensión de normalidad económica.
Entre la asfixia interna y las sanciones externas
Mientras el gobierno de Miguel Díaz-Canel culpa al «bloqueo» estadounidense de la «asfixia energética», analistas independientes señalan que el problema es estructural. La crisis en Cuba responde a décadas de infrafinanciación en la red eléctrica, totalmente controlada por el Estado desde 1959. Se estima que se necesitarían entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para sanear el sistema, una cifra astronómica para un país que no tiene acceso a crédito internacional y cuyas exportaciones se desploman día tras día.
Actualmente, seis de las dieciséis unidades de producción termoeléctrica están fuera de servicio por averías, incluyendo las más grandes del país. Este déficit persistente hace que la vida cotidiana de los cubanos sea una lucha constante por la supervivencia en la oscuridad. Con el Festival del Habano en el limbo y la zafra azucarera también en peligro, la crisis en Cuba entra en una fase de incertidumbre total donde el control social a través del apagón parece ser la única política de estado que el régimen logra ejecutar con éxito.
¿Es la cancelación del Festival del Habano el preludio de un colapso total de la infraestructura productiva que aún sostiene al régimen cubano?
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