Una semana de carnaval bajo la sombra del desabastecimiento
El panorama para la industria láctea uruguaya vuelve a tornarse gris en un momento crítico del calendario nacional. El conflicto en Conaprole ha escalado a niveles de máxima tensión, llevando al directorio de la cooperativa a advertir sobre posibles faltantes de leche y subproductos durante los próximos días. El presidente de la empresa, Gabriel Fernández, fue tajante al señalar que la combinación de paros de 24 horas y medidas de trabajo a reglamento por parte de la Asociación de Trabajadores y Empleados de Conaprole (AOEC) dejará las góndolas vacías en pleno carnaval.
La disputa actual tiene su epicentro en el cierre de la planta 14 de Rivera, que funcionaba como centro logístico para el norte del país. Mientras la empresa sostiene que la operativa en dicha zona es inviable y genera pérdidas por un millón de dólares, el sindicato denuncia que se están desmantelando unidades productivas rentables. Esta disputa laboral en Conaprole amenaza con repetir la amarga experiencia del año pasado, cuando las medidas gremiales se extendieron por nueve meses, provocando un desgaste financiero y social difícil de revertir para los productores.
Los números rojos que deja la parálisis gremial
La magnitud de las pérdidas económicas es uno de los puntos que más preocupa a los tamberos, quienes son, en definitiva, los dueños de la cooperativa. Según datos oficiales, el diferendo sindical ya causó el desperdicio de 10.000 litros de leche chocolatada Lactolate solo en lo que va de febrero. Estas cifras se suman a los antecedentes del 2025, donde se llegaron a tirar 300.000 litros de suero debido a la imposibilidad de procesar la materia prima por los paros imprevistos en las plantas.
Desde el directorio se hace hincapié en que la rigidez sindical está afectando la inserción internacional de Uruguay. Un caso paradigmático fue la pérdida de un importante cliente en China, a quien no se le pudo cumplir con un pedido de manteca debido a las medidas adoptadas en el Complejo Industrial de Montevideo (CIM). La controversia en la empresa no solo golpea el mercado interno, sino que pone en riesgo contratos millonarios que son vitales para mantener el precio que se le paga al productor familiar por cada litro de leche.
Cruces por la gestión y el futuro de Rivera
La tensión entre las partes llegó a un punto de no retorno cuando Fernández lanzó un desafío directo al gremio. Ante la afirmación de la AOEC de que la planta de Rivera generaba ganancias, el presidente de la cooperativa ofreció entregar el edificio en comodato para que el sindicato lo gestione por su cuenta. «Si quieren manejar la planta, se la damos; nosotros no la podemos hacer ganar», sentenció el directivo. Esta declaración subraya la falta de sintonía total que domina el conflicto en Conaprole hoy en día.
Por su parte, el sindicato liderado por Luis Goicochea acusa a la empresa de dilatar las negociaciones y de no tener voluntad para reubicar de forma adecuada a los trabajadores afectados por el cierre. El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, con Juan Castillo a la cabeza, ha intentado mediar en instancias tripartitas, pero la situación parece haber agotado toda instancia de «imaginación» para generar nuevas alternativas. Las tensiones internas se encuentra en un callejón sin salida donde la desconfianza mutua es la única constante.
La asamblea de los 29 y la viabilidad del modelo
La próxima semana será determinante para el devenir de la principal empresa privada del país. Se convocará a la denominada «Asamblea de los 29», donde los productores socios discutirán a fondo el futuro de la cooperativa y las medidas a tomar frente al conflicto en Conaprole. Existe un malestar creciente en el sector primario, que debió enfrentar una reducción del 6% en el precio de la leche al productor en enero, mientras los salarios en las plantas de procesamiento siguen siendo de los más altos de la industria nacional.
La industria láctea nacional se encuentra en una encrucijada tecnológica y comercial que exige flexibilidad, algo que el actual conflicto en Conaprole parece impedir sistemáticamente. La pregunta que queda flotando en el aire de las asambleas tamberas es si el modelo cooperativo actual puede soportar otra pulseada de largo aliento con el gremio sin comprometer su propia existencia.
¿Será capaz la cooperativa de modernizar su gestión o el peso de la conflictividad sindical terminará por abrirle la puerta de par en par a los productos importados en nuestras góndolas?










