Un grito de auxilio desde el litoral norte
La paciencia de los usuarios de la salud pública en el departamento de Salto parece haber llegado a su límite biológico. En una movida que promete sacudir los despachos del Ministerio de Salud Pública (MSP) en Montevideo, un grupo organizado de pacientes y familiares ha elaborado un documento lapidario sobre la realidad que atraviesa el Hospital Regional Salto. La misiva, que será entregada la semana próxima a la ministra, no anda con vueltas: exigen la renuncia inmediata de la actual directora, la Dra. Gabriela González, a quien señalan como la principal responsable de un deterioro que consideran «insostenible».
El Hospital departamental, un centro de referencia fundamental para el litoral uruguayo, se encuentra hoy en el ojo de la tormenta por una sumatoria de carencias que van desde lo administrativo hasta lo asistencial. Lo que denuncian los firmantes no son episodios aislados, sino un patrón de fallas sistémicas que incluyen demoras interminables en la emergencia, una escasez crónica de personal médico y no médico, y la imposibilidad de conseguir turnos con especialistas en plazos razonables. Para muchos salteños, obtener una consulta hoy es una carrera de obstáculos que dura meses, dejando a cientos de personas en un limbo sanitario peligroso.
La falta de diálogo en el Hospital Regional Salto
Uno de los puntos que más ampolla levanta en la denuncia es el trato recibido por parte de las autoridades locales. Según expresa la carta dirigida a la Ministra de Salud, la gestión de González se ha caracterizado por una «soberbia» constante y una falta de comunicación total con los usuarios y sus representantes. En un hospital de la magnitud del Hospital Regional Salto, el diálogo con la comunidad es una herramienta de gestión básica, pero los denunciantes aseguran que los mensajes no se contestan, los llamados se ignoran y las puertas de la dirección permanecen cerradas para el ciudadano de a pie.
Resulta sumamente crítico observar cómo la brecha entre la gestión oficial y la experiencia del usuario se ha ensanchado en el último año. Mientras desde las oficinas centrales se suelen manejar cifras de inversión, en las salas de espera del Servicio de salud público la realidad es otra: gente durmiendo en los pasillos para conseguir un número y una angustia creciente por la falta de insumos básicos. Estamos peor que antes», reza uno de los pasajes más duros del documento, donde se subraya que se ha perdido un año entero bajo una conducción que no ha sabido —o no ha querido— escuchar los reclamos diarios que inundan las redes sociales y los medios locales.
Carencias estructurales y falta de especialistas
La crisis en la Institución sanitaria de Salto no solo pasa por la atención en puerta, sino que afecta profundamente el seguimiento de patologías complejas. La falta de especialistas es, quizás, la herida más abierta de la institución; hay áreas donde simplemente no hay profesionales asignados o los que están no dan abasto para la demanda de un departamento que no para de crecer. Esta situación obliga a muchos pacientes a derivarse hacia la capital, con el costo y el desarraigo que eso implica, o peor aún, a abandonar sus tratamientos por falta de recursos económicos para viajar.
El documento que llegará al MSP detalla que la falta de personal médico y no médico ha sobrecargado a los funcionarios que aún permanecen en el Complejo médico regional, generando un clima laboral tenso que repercute directamente en la calidad de la atención. El personal de enfermería y los administrativos se encuentran muchas veces en la «primera línea de fuego» recibiendo las quejas justificadas de los usuarios, mientras la dirección brilla por su ausencia en los momentos de mayor conflicto. Esta desconexión jerárquica es la que ha llevado a los usuarios a pedir un cambio de timón antes de que la situación se vuelva irreversible.
El camino hacia el Ministerio de Salud Pública
La presentación de esta carta la semana próxima marca un hito en la movilización social de Salto. No es común que un grupo de usuarios logre articular una denuncia de este calibre con un pedido de renuncia explícito, lo que habla de la gravedad de la situación en el Centro de salud de Salto. La Dra. Gabriela González se encuentra ahora en una posición delicada, ya que la presión no solo viene de la oposición política o de los gremios, sino de los propios destinatarios del servicio de salud que ella debe gestionar.
Desde ASSE se mantiene un silencio cauteloso, esperando a recibir formalmente el reclamo, pero en los pasillos del Palacio Santos ya se sabe que el litoral es hoy un foco de conflicto que requiere atención urgente. El Hospital Regional Salto necesita una inyección no solo de recursos económicos, sino de gestión humana y sensibilidad social, algo que —a juzgar por el malestar masivo— hoy brilla por su ausencia. La respuesta de la Ministra de Salud será clave para determinar si se apuesta por la continuidad o si se atiende el pedido de una comunidad que siente que su derecho a la salud está siendo vulnerado.
¿Será la remoción de la jerarca suficiente para solucionar los problemas estructurales del Hospital Regional Salto, o se necesita una intervención mucho más profunda desde Montevideo para normalizar la atención?









