Gasto en Cancillería: Uruguay vende tres residencias oficiales en el exterior
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El Gobierno uruguayo vende tres residencias oficiales para reducir el Gasto en Cancillería

El Gobierno busca reducir el Gasto en Cancillería con la venta de inmuebles en Madrid, Washington y Lima. Embajadores pasarán a casas alquiladas.

por Federica Conti
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Inmuebles y Gasto en Cancillería

El Palacio Santos ajusta el cinturón fuera de fronteras

En un movimiento que busca dar señales de austeridad en un año de restricciones, el Ministerio de Relaciones Exteriores ha decidido poner el cartel de venta a parte de su patrimonio inmobiliario más exclusivo. La medida, que apunta directamente a reducir el Gasto en Cancillería, afecta a las residencias oficiales de los embajadores en Madrid, Washington DC y Lima. Esta decisión no es un hecho aislado, sino que forma parte de una reestructura profunda que busca optimizar cada peso que el Uruguay invierte en sus misiones diplomáticas alrededor del mundo.

La confirmación de este proceso de enajenación de bienes llega en un momento donde la lupa sobre el Dinero en Relaciones Exteriores es más potente que nunca. El Poder Ejecutivo, mediante decretos aprobados recientemente, ha fusionado partidas presupuestales que antes funcionaban de manera estanca, como los fondos para mantenimiento, arrendamientos y contrataciones. El objetivo es claro: centralizar el control y evitar que las misiones diplomáticas operen como islas presupuestales ajenas a la realidad económica que se vive en Montevideo.

El fin de las mansiones propias para bajar el Gasto en Cancillería

La instrucción enviada por la Cancillería uruguaya a sus representantes en España, Estados Unidos y Perú es tajante. Deben iniciar los trámites para desprenderse de inmuebles que, en muchos casos, acarrean costos de mantenimiento prohibitivos debido a su antigüedad y ubicación en barrios de alta alcurnia. Al vender estas propiedades, se espera que el Erario diplomático se transforme: de ser un propietario con costos fijos altísimos, el Estado pasará a ser un arrendatario, siguiendo una modalidad que ya se aplica con éxito en la mayoría de nuestras delegaciones internacionales.

Este cambio de paradigma busca eliminar la pesada carga que supone la gestión de activos fijos en el exterior. Mantener una residencia oficial en Washington, por ejemplo, implica impuestos, seguros y reparaciones que muchas veces superan ampliamente lo que costaría un alquiler de primer nivel. Al reducir esta Asignación presupuestaria, el Ministerio espera liberar fondos para áreas más estratégicas, como la promoción comercial o la mejora de los servicios consulares para los uruguayos que residen fuera del país y que a menudo reclaman mayor atención.

Ajustes en el personal y las partidas de funcionamiento

Pero el plan de recorte no termina en la venta de las casas. El ajuste en el Gasto en Cancillería también incluye un límite estricto a la cantidad de personal de servicio y administrativo que puede contratarse en las residencias. Se acabaron los tiempos de plantillas sobredimensionadas; ahora, cada misión diplomática deberá justificar hasta el último auxiliar contratado. Esta medida responde a una necesidad de profesionalizar la gestión y asegurar que los recursos se destinen a la labor diplomática sustantiva y no a la logística doméstica de los embajadores.

Resulta sumamente crítico analizar que estas disposiciones varían según la situación de cada sede, reconociendo que no es lo mismo operar en un mercado como el de Lima que en la competitiva Madrid. El Gasto en Cancillería se está analizando «caso por caso», buscando que el ajuste no comprometa la calidad de la representación uruguaya ni la capacidad de negociación de nuestros diplomáticos. Sin embargo, el mensaje político es unívoco: no hay espacio para el despilfarro en un servicio exterior que debe ser el reflejo de un país que cuida sus cuentas.

La nueva diplomacia del alquiler y la eficiencia presupuestal

La transición hacia residencias alquiladas permitirá una flexibilidad que el Estado uruguayo no tenía hasta ahora. Si una misión pierde relevancia estratégica, el Gasto en Cancillería puede ajustarse rápidamente rescindiendo un contrato, algo imposible cuando se es dueño de un edificio histórico difícil de vender. Esta agilidad es la que busca la administración actual para adaptar nuestra red diplomática a un mundo que cambia a una velocidad que los tiempos burocráticos del pasado no permitían.

A medida que se concreten las ventas en Madrid, Washington y Lima, el gobierno deberá informar sobre el destino de esos capitales. La transparencia en este proceso será fundamental para que el ahorro en el Gasto en Cancillería sea percibido por la ciudadanía como una mejora real en la gestión pública. Por ahora, los embajadores en estas tres capitales ya saben que sus días en las históricas mansiones oficiales están contados, marcando el fin de una era de opulencia patrimonial para dar paso a una gestión basada en la austeridad y la eficiencia.

¿Será este recorte en el patrimonio inmobiliario suficiente para modernizar la diplomacia uruguaya, o se corre el riesgo de perder presencia institucional en las capitales más influyentes del mundo?

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