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La sombra de un criminal que vuelve a caminar entre nosotros
El Asesino Pablo Goncálvez se encuentra nuevamente en suelo uruguayo, un dato que ha caído como un balde de agua fría en la opinión pública y ha puesto en guardia a las fuerzas de seguridad. Tras cumplir su condena de 30 años en nuestro país y pasar un período de reclusión en Paraguay por delitos relacionados con armas y drogas, el primer asesino serial de la historia uruguaya ha decidido retornar a sus raíces. Según informaciones recientes que han sacudido el ambiente veraniego, el hombre que personificó el terror en la década del 90 reside hoy en el corazón de Punta del Este, moviéndose con una libertad que a muchos les resulta intolerable.
La noticia de que el Homicida Pablo Goncálvez vive a pocas cuadras de la icónica escultura de «Los Dedos» en la Playa Brava no es solo un dato geográfico; es un recordatorio de una de las épocas más oscuras de nuestra sociedad. Goncálvez, hijo de un diplomático y criado en la opulencia de Carrasco, reingresó al país a fines de 2023 a través del puente de Salto Grande. Su perfil, caracterizado por una frialdad técnica que aún hoy es objeto de estudio por parte de psicólogos forenses, obliga a la Jefatura de Policía de Maldonado a mantener una vigilancia discreta pero constante sobre sus movimientos.
El historial macabro del Asesino Pablo Goncálvez
Para entender el peso de su presencia en Maldonado, es necesario recordar que el Autor de los crímenes fue el responsable de quitarle la vida a tres jóvenes mujeres entre 1992 y 1993. Su primera víctima fue Ana Luisa Miller Sichero, asesinada en la madrugada de Año Nuevo de 1992. Aquel crimen, ocurrido en las inmediaciones de la playa de Solymar, marcó el inicio de una cacería humana que demoraría más de un año en dar sus frutos. La saña y la premeditación con la que actuaba Goncálvez rompieron la inocencia de un Uruguay que no estaba acostumbrado a este tipo de depredadores sociales.
El segundo golpe del Responsable de los asesinatos ocurrió en setiembre de 1992, cuando secuestró y asfixió a Andrea Castro, una adolescente de tan solo 15 años. Es paradójico y sumamente crítico que Goncálvez resida hoy en Punta del Este, el mismo lugar donde hace tres décadas abandonó el cuerpo de Andrea en la Playa Mansa. En aquel entonces, el criminal dejó una corbata anudada al cuello de la joven, una firma perversa que eventualmente se convertiría en la prueba reina para su condena, cuando los investigadores hallaron piezas idénticas en su domicilio particular.
El engaño mortal a María Victoria Williams
La tercera víctima que confirmó el perfil del Asesino Pablo Goncálvez fue María Victoria Williams, una vecina de Carrasco de 22 años. Goncálvez utilizó una treta digna de una película de terror: le pidió ayuda fingiendo que su abuela estaba sufriendo un ataque cardíaco y que él no podía reanimarla. Una vez que Williams cruzó el umbral de su casa para socorrer a una anciana que no estaba en peligro, Goncálvez la asfixió con una bolsa de nylon. Este nivel de manipulación y desprecio por la vida humana es lo que hoy genera un clima de paranoia entre quienes conocen su nueva ubicación.
Resulta inadmisible para gran parte de la población que, tras haber sido expulsado de Paraguay luego de cumplir dos años de cárcel por tenencia de armas y cocaína, el Asesino Pablo Goncálvez haya encontrado refugio en una propiedad de su familia en el principal balneario del país. Aunque la justicia uruguaya considera que su deuda está saldada, el estigma de sus crímenes no prescribe. Las autoridades de Maldonado han reconocido que el historial delictivo de este hombre obliga a «prender alertas», especialmente en un lugar de alta densidad turística donde el control de personas con antecedentes de este calibre es vital para la seguridad pública.
Un retorno que desafía la memoria colectiva
La presencia del Asesino Pablo Goncálvez en Punta del Este reabre el debate sobre la rehabilitación de los criminales psicópatas y el derecho a la privacidad de quienes han cumplido su pena. Goncálvez siempre se declaró inocente ante los tribunales, a pesar de las pruebas abrumadoras y las pericias que lo señalaban como un individuo letal y carente de empatía. Hoy, con más de 50 años, el exconvicto intenta pasar desapercibido en una vivienda familiar, rodeado del lujo que siempre marcó su entorno, incluso antes de convertirse en el monstruo que todos recordamos.
El Ministerio del Interior y la Fiscalía de Corte siguen de cerca cualquier reporte que involucre al Asesino Pablo Goncálvez en territorio nacional. No se trata de una persecución injustificada, sino de una gestión de riesgo necesaria ante un sujeto que ya ha demostrado su capacidad para el engaño y el asesinato serial. Mientras los turistas disfrutan de la Playa Brava, a pocos metros, un hombre con tres muertes a sus espaldas contempla el mismo paisaje, recordándonos que el pasado más oscuro de nuestra crónica roja nunca termina de irse del todo.
¿Es posible que la sociedad uruguaya acepte la reinserción silenciosa de un asesino de esta magnitud sin que las alarmas de la seguridad fallen nuevamente?
