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El desembarco del sicariato charrúa en Buenos Aires
La presencia de las bandas narco uruguayas en Argentina ha dejado de ser un rumor de pasillo en las jefaturas de policía para transformarse en una realidad de expedientes federales. El caso de Rodolfo Nicolás Caraballo Escobar, alias «Sobrino», es la punta del iceberg de una organización que utiliza Buenos Aires como tablero de ajedrez para sus ajustes de cuentas. Todo comenzó con un «mexicaneo»: dos socios uruguayos, Marcelo González Algerini y Javier Sturm Jardón, decidieron robarle una fortuna en droga y efectivo a un pesado del hampa oriental en su casa de Pilar.
El robo no fue sutil. Los delincuentes no solo se llevaron el botín, sino que intentaron asesinar al dueño de casa disparándole 17 veces. Sin embargo, fallaron, y en el código de los grupos narcos, el que falla paga con creces. Lo que las víctimas no midieron es que la mercadería robada no pertenecía al morador de la finca, sino a un «jefe» de mayor jerarquía que reside en las sombras y que rápidamente contrató los servicios de un sicario profesional para limpiar la ofensa.
El brazo ejecutor de las bandas narco uruguayas en Argentina
Caraballo Escobar, un hombre de 32 años con una habilidad asombrosa para el camuflaje, fue el encargado de ejecutar las órdenes. Este individuo se había escapado de una cárcel uruguaya en 2022 y utilizaba la identidad de otro recluso para moverse con total impunidad por territorio argentino. Su accionar refleja el profesionalismo de el crimen organizado de la droga: utilizó una misma pistola Glock de 9 milímetros para asesinar a González Algerini en Pilar y, un mes después, a Sturm Jardón en la puerta de un lujoso edificio de Recoleta.

Los uruguayos Marcelo González Algerini (36) y Fabián Sturm Jardón (42) eran socios. Los mataron con la misma pistola, en Pilar y en Recoleta, con dos meses de diferencia
El crimen de Recoleta fue especialmente crudo. Sturm Jardón, quien ya había recibido audios amenazantes donde le advertían que lo iban a «picar», fue abordado por Caraballo, quien lucía una peluca para despistar a los investigadores. Recibió siete tiros a quemarropa antes de poder entrar a su domicilio. Este nivel de osadía es lo que mantiene en alerta a la Procunar, que ve cómo las mafias del narcotráfico están importando métodos de ejecución que antes eran moneda corriente solo en las zonas más calientes de Montevideo o Maldonado.
La conexión con Marset y el tráfico trasnacional
La investigación sobre los narcos que operan en la zona ha revelado vínculos con cargamentos masivos de cocaína. Una de las víctimas, González Algerini, estaba prófugo en una causa donde se habían secuestrado 785 kilos de droga en Neuquén. En su celular se hallaron fotos de bolsos estancos idénticos a los encontrados con más de 300 kilos en las costas de Ensenada meses atrás. Este dato confirma que no se trata de criminales de poca monta, sino de piezas clave en el engranaje logístico del narcotráfico regional.

La sombra del capo uruguayo tras las bandas narco uruguayas en Argentina
Detrás de este escenario surge inevitablemente el nombre de Sebastián Marset. Aunque no hay una conexión directa probada en este expediente particular, la presencia de sicarios de alta gama y la facilidad para mover toneladas de mercadería por la hidrovía apuntan a la influencia de las grandes bandas narco uruguayas en Argentina. El hecho de que «Sobrino» haya sido capturado en Brasil tras una orden de extradición argentina demuestra que estas redes operan sin fronteras, moviendo capitales y gatilleros por todo el Mercosur con una logística envidiable.
El procesamiento del sicario en Ezeiza
El lunes será un día clave en el Juzgado Federal de Campana. El juez Adrián González Charvay tiene sobre su escritorio el pedido de procesamiento con prisión preventiva para Caraballo Escobar por doble homicidio agravado por precio o promesa remuneratoria. Las pruebas son abrumadoras: cámaras de seguridad, audios de WhatsApp con amenazas directas y la pericia balística que vincula el arma con ambos crímenes. Para las autoridades argentinas, mantener al sicario de las bandas narco uruguayas en Argentina bajo el régimen de Alto Riesgo en Ezeiza es una prioridad nacional.
La preocupación radica en qué tan arraigadas están estas estructuras en el país. El testigo de identidad reservada que declaró en la causa fue claro: el sicario solo hacía «su trabajo». Esto indica que las bandas narco uruguayas en Argentina tienen la capacidad de contratar mano de obra especializada para resolver disputas territoriales o económicas fuera de su jurisdicción original. Argentina ya no es solo un lugar de paso o de lavado de dinero, sino que se ha convertido en el campo de batalla de una guerra interna que se gestó en las calles de Uruguay.
¿Es el procesamiento de Caraballo el inicio del fin para estas células criminales o simplemente la confirmación de que la guerra narco uruguaya ya se instaló definitivamente en las calles de Buenos Aires?
