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La caja de los favores y el relato de la austeridad
Montevideo parece asistir a un déjà vu administrativo, pero con un ritmo de gasto en personal que ha pisado el acelerador más de lo previsto. El intendente Mario Bergara, quien llegó al Palacio Municipal prometiendo una gestión más eficiente y menos cargada de «cargos de confianza», hoy enfrenta un duro cuestionamiento por los contratos directos en la IMM. En apenas siete meses de gestión, el jerarca ya ha estampado su firma en más de 80 designaciones directas, una cifra que deja pequeña a la de su antecesora, Carolina Cosse, quien en un periodo similar había realizado 56 contrataciones por la misma vía.
La respuesta de la oposición no se hizo esperar. El edil nacionalista Juan Ignacio Abdala, tras un minucioso pedido de informes, puso sobre la mesa datos que incomodan a Torre Ejecutiva departamental. No se trata solo de la cantidad, sino de la velocidad y el costo que estos contratos directos en la IMM suponen para el contribuyente. Mientras Bergara asegura que el número total de cargos de confianza es menor al del cierre de 2024, la realidad muestra que el ingreso de «sangre nueva» con sueldos jerárquicos está a la orden del día, borrando la frontera entre la necesidad técnica y el compromiso partidario.
Contratos directos en la IMM y la brecha salarial del privilegio
Lo que más indigna al funcionario de carrera y al ciudadano de a pie es la abismal diferencia salarial. Según los datos oficiales, el sueldo base promedio de quienes ingresan mediante contratos directos en la IMM ronda los $ 143.150 nominales. Esta cifra es exactamente el doble de lo que percibe un trabajador que entra por concurso en los escalafones administrativo, obrero o cultural, cuyos sueldos de ingreso oscilan entre los $60.000 y$ 76.000. El mensaje es claro: en la intendencia de Bergara, vale más la confianza política que el mérito de la oposición en un examen.
De los 31 asesores específicos que ingresaron en esta tanda de contratos directos en la IMM, la gran mayoría está ubicada en los grados SIR 15 a SIR 18. Esto implica remuneraciones que van desde los $139.797 hasta casi los$ 200.000 por ocho horas de labor. Incluso en áreas sensibles como Desarrollo Social o Cultura, el ingreso de asesores externos parece ser la solución mágica de una administración que, paradójicamente, cuenta con miles de funcionarios capacitados que ven cómo los puestos de relevancia se reparten entre allegados al equipo de gobierno.
La lupa del Tribunal de Cuentas sobre los contratos directos en la IMM
La discrecionalidad no ha pasado desapercibida para los organismos de contralor. De la lista de designaciones, el Tribunal de Cuentas ya puso la lupa y observó 12 casos específicos de contratos directos en la IMM. Aunque para la administración municipal estas observaciones suelen ser tomadas como meros trámites burocráticos que se reiteran, el fondo del asunto es la legalidad y la justificación de estas tareas. ¿Realmente necesita Montevideo un batallón de asesores en «Desarrollo Sostenible e Inteligente» mientras las bocas de tormenta siguen tapadas?
La oposición cuestiona dónde termina la necesidad de gestión y dónde empieza el uso del presupuesto municipal para sostener estructuras políticas. El argumento de Bergara sobre el «núcleo de confianza» es una verdad a medias: todo gobierno necesita a su gente, pero el volumen de estos contratos directos en la IMM en tan poco tiempo sugiere que se está pagando el costo de las alianzas internas del Frente Amplio. Es el contribuyente montevideano quien, con el pago de sus tributos, termina financiando una estructura que parece más preocupada por el equilibrio del gabinete que por los servicios básicos.
El incierto futuro de los contratos directos en la IMM
A pesar de las críticas, Bergara insiste en que el número se irá «afinando» y que la promesa de bajar los cargos de confianza se cumplirá a largo plazo. Sin embargo, los hechos son testarudos: entrar con 86 contratos directos en la IMM en solo meses es una señal política de debilidad o de voracidad burocrática. Mientras la Intendencia de Montevideo siga siendo el gran refugio para los técnicos que quedan fuera del gobierno nacional, la eficiencia seguirá siendo una quimera y el presupuesto un botín que se reparte entre los de siempre.
La administración se defiende diciendo que muchos contratos que venían de la era Cosse se extendieron por transición, pero la pregunta sigue flotando en el aire de 18 de Julio. Los contratos directos en la IMM se han vuelto el símbolo de una gestión que habla de «ciudades inteligentes» pero aplica las recetas más viejas de la política clientelar uruguaya. La transparencia, esa bandera que Bergara supo agitar en el pasado, hoy parece haber quedado guardada en un cajón de su nuevo despacho comunal.
¿Es sostenible una intendencia donde la confianza política vale el doble que el esfuerzo de quienes entran por concurso?
